• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

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Rafael Palacios

Detrás de un Premio Nobel

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El mundo se ha revolucionado con los 567 premios Nobel otorgados y también con todo el conocimiento difundido por los 889 galardonados y los cientos de candidatos nominados. No por casualidad los grandes aportes científicos se han desarrollado en países que han recibido más premios Nobel como: Estados Unidos (257), Gran Bretaña (94), Alemania (81), Francia (53), Suecia (28), Rusia (27) y Polonia (26). No menos importante son los logrados por Italia y Japón (19 cada uno), Austria, Canadá y Holanda (17 cada uno), Suiza (16), China y Noruega  (11 cada uno), Dinamarca y Australia (10 cada uno).

Comprender por ejemplo, la explosión de las tecnologías de información y comunicación sólo es posible conociendo los premios Nobel de Física relacionados: la invención del transistor (1956), el descubrimiento del  máser y la invención del láser (1964), el efecto Hall cuántico (1985), los circuitos integrados y los semiconductores (1998), el descubrimiento de las heteroestructuras de semiconductores (2000) y la transmisión de la luz a través de la fibra óptica y la invención del semiconductor de imágenes de circuito CCD (2009).

Otro ejemplo son los 75 premios Nobel que Europa ha acumulado en física y que hoy les hace posible tener un protagonismo en los proyectos más importantes en ese campo como lo son: el Acelerador y Colisionador de Partículas o Gran Colisionador de Hadrones y la construcción del Reactor Termonuclear Experimental para la energía de fusión.

Lo cierto es, que detrás de todos estos aportes hay todo un sistema de investigación operando. Y lo que los hace posible son los incentivos para la investigación, los grandes proyectos de colaboración internacional, el financiamiento a largo plazo y el aprovechamiento del potencial científico y tecnológico acumulado. También coexiste una política de Estado coherente y una institucionalidad que opera con flexibilidad y valora la investigación de riesgo.

Hoy, cuando el estudio del cerebro se ha convertido en una de las áreas más importante de los descubrimientos científicos, obligando a muchos países del mundo a asignar cuantiosas inversiones para la neurociencia, en Venezuela, la investigación en ese campo luce abandonada.

Se ha venido deteriorando de forma alarmante las capacidades científicas nacionales; destinando pocos recursos a proyectos de investigación básica, descuidando la infraestructura científica, defragmentando los grupos de investigación y desestimando grandes proyectos como por ejemplo el de alzheimer, el cual fue propuesto en 2011 en colaboración con los mejores científicos venezolanos en esa área, nunca se le dio respuesta.

Otra causa ha sido el desconocimiento sobre cómo saber aprovechar las capacidades científicas acumuladas a lo largo del tiempo, las cuales llegaron a ser en el pasado una importante referencia internacional (no sólo en América Latina). Estas capacidades se generaron con la creación del IVIC en 1959 y el IDEA en 1979, así como los laboratorios y departamentos científicos en la UCV, LUZ y ULA. Se lograron allí avances significativos orientados a descifrar la estructura y funcionamiento del sistema nervioso.

Es inimaginable que un país en condiciones adversas para aprovechar el potencial científico acumulado, tenga aspiraciones de alcanzar el más alto nivel de desarrollo científico en cualquier área de las ciencias, cuando además carece de una institucionalidad y de políticos que garanticen el desarrollo de proyectos de investigación básica a largo plazo.

Para que hoy existan 105 premios Nobel en Medicina y 207 galardonados, tuvo que ocurrir exactamente lo contrario a lo que países como Venezuela aún practican.

El Premio Nobel de Medicina que responde a uno de los problemas que ha ocupado a los científicos por más de 100 años, fue el entregado recientemente al estadounidense-británico John O´Keefe y a los noruegos Edward Moser y May-Britt Moser por sus descubrimientos de células que constituyen un sistema de posicionamiento en el cerebro, y con lo cual es posible orientarnos. Estos aportes demuestran que existe una base celular superior para la función cognitiva.

Pero detrás de este Nobel lo que existen son redes de cooperación científica que comenzaron en 1971 con John O`Keefe quien descubrió el primer componente de aquel sistema, “las células place”, en el hipocampo. Más tarde en 2005 May-Britt y Edvard Moser en colaboración con John O´Keefe y otros investigadores estadounidenses y europeos descubrieron otro componente clave del sistema de posicionamiento, logrando identificar otro tipo de célula nerviosa, las "células grid".

Tampoco habría Nobel de Medicina sin el respaldo del prestigioso Centro de Computación Neural del Instituto de Neurociencias Kavli de Noruega, el cual es uno de los pocos en el mundo especializado en el surgimiento de las funciones cerebrales en cualquier sistema y especie. También, los aportes de este Premio Nobel contó con el financiamiento del Consejo de Investigación de Noruega, el Programa Marco de Investigación de la Unión Europea y el Consejo Europeo de Investigación.

No menos importante es resaltar que O`Keefe habita en una ciudad que está en la cima de las ciudades del mundo con más universidades, como lo es Londres. Allí se encuentra el Instituto Francis Crick, catalogado como el mayor centro de investigación biomédica de Europa, con más de 1.200 científicos. O`Keefe fue además el Director del Centro Sainsbury-Wellcome, una de las instituciones más importantes para las ciencias del cerebro.

Con parecido prestigio al de O`Keefe, la pareja Moser que comenzaron teniendo apenas un grupo de investigación de no más de 5 estudiantes de postgrado y unos pocos técnicos, hoy son los investigadores principales del Centro de Computación Neural, el cual ya tiene recursos aprobados para la investigación  hasta 2022.

Muchos Premios Nobel habrán comenzado con consideraciones sobre el azar, pero como decía Pierre-Simon Laplace: “Es notable que una ciencia que comenzó con consideraciones sobre juegos de azar haya llegado a ser el objeto más importante del conocimiento humano”.

Ha habido gobiernos que apostaron a este tipo de ciencia y les ha ido muy bien.