• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

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Culpables

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Vemos cómo los reclamos por parte de la comunidad académica y científica son parte de la cotidianidad mundial del momento. Gobierno y partidos políticos lucen activos ante las demandas que plantea la sociedad del conocimiento.

Buena parte de la tensión política en Europa ha sido causada por las presiones de la comunidad académica reclamando los recortes hechos al presupuesto de investigación por casi 500 millones de euros, lo cual afecta el Programa Horizonte 2020. En Irlanda cientos de académicos han exigido a su ministro de innovación un cambio radical en la política nacional de investigación. Los académicos irlandeses claman por un nuevo auge económico a partir de la investigación básica y la innovación. En Gran Bretaña, la agenda electoral del reestablecido gobierno estuvo centrada por las demandas de la comunidad científica ante la pérdida de posición en el campo de la innovación frente a países europeos como Francia y Alemania. Hasta simulacros fúnebres han podido verse como señal de protesta por parte de británicos reconocidos, exigiendo mayor presupuesto y más eficiencia en el campo de la investigación científica. De igual forma, las agendas legislativas de los parlamentos en Europa han sufrido cambios exponenciales, y han tenido que orientarse a atender de forma prioritaria este conjunto de demandas. No menos importante han sido las acciones por parte de movimientos estudiantiles en el mundo, reclamando a los gobiernos mayor transparencia en el campo de las finanzas públicas en la educación superior y también acciones contra la corrupción en el seno de las propias universidades.

Mientras esto ocurre, en Venezuela, el intervencionismo estatal amenaza con destruir los principios de excelencia y desarrollo de una masa critica, asuntos estos que se conforman en el alma y la razón de la universidad.

En tres quinquenios, tiempo en que la economía del conocimiento en el mundo ha puesto de manifiesto el fracaso de los planes económicos tanto de heterodoxos como neoclásicos y ha dado nacimiento a nuevos paradigmas económicos, el actual gobierno no logró innovar en lo absoluto su visión de mundo sobre el papel de las universidades para superar los problemas de pobreza y de subdesarrollo. No pudo crear un conjunto mínimo esperado de capacidades científicas nacionales aptas para estos tiempos y, como si fuera poco, deterioró el sistema de producción de conocimiento antes alcanzado. El Estado no logró avanzar hacia un nuevo ensamblaje de los académicos a los engranajes de la economía del conocimiento.

Hoy, el país presenta niveles alarmantes de dependencia tecnológica peores que en el pasado.

Por su parte, las universidades, no han actuado lo suficiente para transitar hacia el mundo de la ciencia moderna. Sus reclamos son similares a los del siglo pasado. Las universidades continúan comportándose como federaciones de escuelas profesionales y no han podido escapar del hambre presupuestario. No se han transformado a sí mismas; no les gusta conciliar con la industria; han sido reacias a convivir con los códigos de la economía de la innovación y no comulgan del todo con una política agresiva de internacionalización del conocimiento.

La universidad de hoy, es una universidad sola y es también corresponsable de su soledad.

Los partidos políticos tanto de gobierno como de oposición conviven en la “ignorancia”; carecen de argumentación política suficiente relacionada con el valor de la universidad para superar la crisis. Han sido los partidos renuentes a colocar este tema en una agenda electoral atractiva, y mucho menos han podido promoverlo al debate público. Por su parte, el Parlamento ha demostrado impedimento para legislar de forma coherente en el campo de la educación superior. En ausencia de nuevas reformas legislativas en la base del triángulo de la producción de conocimiento, es imposible una reforma universitaria adecuada. 

Culpables son todos, porque no han comprendido que a la sociedad y a la economía le irán bien si le va bien a la universidad.