• Caracas (Venezuela)

Rafael Palacios

Al instante

¡Cambiemos de modelo económico!: del más viejo al viejo

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Ha sido reiterativo por parte de la oposición venezolana que las medidas económicas de carácter “correctivo” que ha intentado implementar el gobierno desde 2015 son insuficientes o son “más de lo mismo”, y que el problema de la economía está en el modelo económico heterodoxo que se intenta aplicar; mayor centralización y mayor control estatal.

Ahora bien ¿cuál es la alternativa? ¿Es la alternativa hacer pensar que la economía del mercado es una maravilla?; ¿que respetar el derecho de propiedad es garantía de un mejor desempeño económico?, ¿que proveer de divisas al sector privado para adquirir materia prima e insumos impulsaría la productividad de los sectores de la economía?, ¿que redirigir la renta petrolera a través de fondos de participación beneficiaría más a los venezolanos?, ¿que diseñando nuevas políticas para impulsar el desarrollo productivo identificando sectores donde haya ventajas comparativas daría lugar a la diversificación productiva? ¿Es la alternativa eliminar de forma gradual y sostenida el financiamiento monetario del déficit fiscal para disminuir la inflación y mejorar el ingreso de la población?, ¿convertir el ahorro en inversión productiva sin interferencia por parte del Estado?, ¿abrir las inversiones extranjera para impulsar la productividad y así cambiar el escenario de estancamiento económico?, ¿crear nuevos incentivos para el trabajo y disminuir la pobreza? ¿Preparar más al talento humano para el manejo de las nuevas tecnologías y así impulsar la eficiencia productiva?

¡Malas noticias! Dice la sabiduría convencional de estos tiempos que esas no son las alternativas.

Dejemos a un lado por un momento el dinamismo que en 1967 se generó en la economía mundial con los aportes de Herman Kahn y Anthony Wiener, quienes avisaban ya la lista sistemática de innovaciones tecnológicas que vendrían. Dejemos por un momento las dislocaciones que ya comienzan a observarse en la economía mundial producto de la cuarta revolución industrial y que, además, tal y como el historiador Niall Ferguson lo ha descrito, está siendo el distintivo de la forma como se produce. Dejemos por un momento el colapso de los precios del petróleo y no hagamos caso por ahora a la aparición de la economía circular, la cual está dictando los nuevos modos de producción y el crecimiento económico sustentable a largo plazo. En su lugar, centrémonos en lo menos irreal. Sabemos que la economía venezolana no está exenta de la dinámica estructural de la globalización; y que con ella los frecuentes cambios tecnológicos han transformado los modelos económicos. 

Es frecuente escuchar que la economía del país debe cambiar, pero el cambio no puede ocurrir con la dinámica con que se están generado las propuestas; que a todas luces son rescatadas de las ruinas del pensamiento económico neoclásico “viejo” de los últimos diez años antes de 1999, caracterizada fundamentalmente por el sesgo de las políticas monetaristas. Pero, además, se trata de propuestas que, como antes, salen de los economistas y sin interferencia interdisciplinaria, por eso no extraña que se confunda políticas de crecimiento económico y estrategias de ciencia y tecnología con políticas de innovación.

Resulta también contradictorio que siendo el cambio tecnológico la causa fundamental de la baja de los precios del petróleo y el fundamento de la transformación económica mundial en los últimos 35 años, no sea justamente la tecnología el imperativo que rija un nuevo modelo económico en el país. El cambio tecnológico está transformando hasta la forma como funciona el Estado y está creando una nueva infraestructura institucional. Ahora el Estado gravita en el sistema nacional de innovación que dinamiza el desarrollo económico y la función de los actores que en él participan. Se subordinan a este sistema la forma como los gobiernos administran y distribuyen los fondos públicos para disminuir la desigualdad, el cómo se distribuye los bienes que genera el mercado, el cómo se generan las capacidades endógenas para la producción de bienes y servicios y el cómo se organizan e impactan en la actividad económica el sector productor de conocimiento científico junto al sector empresarial. Están subordinadas las formas como participan el sector privado y el sector público en el crecimiento económico, y cómo las inversiones de capital de riesgo se orientan en sectores estratégicos de la economía. Está subordinado el sistema financiero nacional; la actuación de los bancos no solamente para canalizar el ahorro hacia las inversiones más productivas (en el mejor de los casos), también para que ellos cumplan una función elemental en la inversión de capital de riesgo en sectores altamente tecnológicos. Adicionalmente, la política fiscal ha dejado de ser una política anticíclica y se ha transformado en una política de Estado para fomentar la cultura y la economía de la innovación.

Uno ve con preocupación que aparecen leyes en camino, que salen propuestas económicas y que se anuncian medidas para salir de la crisis. Uno se pregunta: ¿El PIB podrá medir todo lo que importa?