• Caracas (Venezuela)

Rafael García Peña

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Rafael García Peña

Venezuela y la COP 20

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Realizar eventos sobre cambio climático, como la PreCOP Social, organizada en días pasados por el Ministerio de Relaciones Exteriores en Margarita, invita a traer a escena al concepto "antropoceno", que nos ubica en el más reciente tiempo geológico de la Tierra. Aún no es claro para los especialistas si el antropoceno emerge con la revolución industrial a mediados del siglo XVIII, o surge del repunte acelerado de la actividad económica a mediados del siglo XX. En todo caso, su importancia radica en considerar una nueva fase en la historia del planeta bajo la influencia de una sola especie, de carácter único y dominante, que ha ido ocupando exponencialmente casi que todos sus rincones, siendo hoy día habitado por unos 7 millardos de personas en continua demanda de bienes y servicios a la naturaleza. Porque hay que resaltar que la especie humana se ha convertido en un factor determinante por su influencia sobre los procesos biológicos, geológicos y atmosféricos sobre la Tierra. En palabras de Jan Zalasiewicz, director del Grupo de Trabajo de la Subcomisión sobre Estratigrafía Cuaternaria, "en el antropoceno ocurren cosas que en absoluto ocurrieron en anteriores intervalos interglaciares o en el transcurso de la historia de la Tierra" [1].

La acelerada desaparición de los glaciares en los Andes, e inundaciones de áreas planas por el aumento del nivel del mar, entre ellas el delta del Orinoco, y todavía más: la consecuente pérdida de 124 Km. de tierra firme [2], son efectos que el cambio climático tendrá sobre Venezuela. Y estas son algunas de las proyecciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que nos advierte que estamos frente un serio problema, de cara a un turbulento drama ambiental, social y geopolítico. El IPCC es una organización que sale del seno de las Naciones Unidas (ONU), es decir, con el correspondiente respaldo y consenso de los gobiernos participantes, y cuyos esfuerzos han sido reconocidos y laureados con el Nobel de la Paz en 2007. Su método de trabajo es la evaluación integral del estado de conocimientos científicos, técnicos y socioeconómicos que produce el cambio climático, fundamentándose en resultados de investigadores locales, y entre ellos, por ejemplo, figuran los estudios del geofísico y geoquímico venezolano Carlos Schubert (1938-1994), quien fuera un notable investigador del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Por lo demás, los informes del ICPP están disponibles vía Internet e incluyen temas concretos como los impactos del cambio climático por regiones, transferencia de tecnologías, escenarios de emisiones, cambio de uso de la tierra (deforestación), o la captación y el almacenamiento de CO2.

Cierto es que en el calentamiento global todos los seres humanos tenemos una deuda con el planeta, porque todos utilizamos indefectiblemente los recursos naturales que éste nos ofrece, y todos, y es inevitable mencionarlo, emanamos de una u otra manera gases de efecto invernadero (GEI), mayormente CO2 y metano (CH4). Claro está, ¡unos más que otros!, pero no por ello  debemos eximirnos de pasar por inadvertidos. No es excusa el no ofrecer soluciones para frenar el cambio climático por no pertenecer al grupo de países que emiten las mayores cantidades de estos gases, entre los que por cierto sobresalen de manera brutal China y Estados Unidos. Cierto es que en comparación con ambos gigantes, Venezuela es apenas un pequeño contribuyente en emisiones GEI, que para el caso resalta la producción y quema de combustibles fósiles, y que según informaciones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), para septiembre del 2013 Venezuela arrojaba en promedió un volumen de 2.794 millones de barriles/día, cifra que equivaldría a unos 207 millones de toneladas de CO2. Por lo que es inevitable resaltar nuestra cuota en el concierto mundial de emisores de gases que contribuyen con el calentamiento global. Y en otros campos de su actividad económica, Venezuela aporta más emisiones de CO2, por ejemplo, con su maltrecho (y tan mal adaptado a los tiempos) parque automotor, su cada vez más reducida producción industrial. Que decir sobre las emanaciones NH4 por parte del ganado vacuno, gas 25 veces más agresivo que el CO2. Es oportuno mencionar que en el país contamos con unas 13 millones de cabezas de ganado, que según su peso, edad, sexo y dieta pudiéramos calcular que arrojan al ambiente un equivalente a entre 24 y 41 millones de toneladas de CO2e/año, resultados basados en cálculos aproximados y utilizando fórmulas de la Organización para la Alimentación y Agricultura (FAO) y de otras fuentes reconocidas[3]. Aun más, faltaría mencionar las emisiones de CO2 causadas por la deforestación indiscriminada de bosques vírgenes en Venezuela, que entre 1990 y el 2010 arrasó con 288.000 ha/año [4]. Si esta última actividad se limitara a talar tan sólo los árboles maderables[5] , se habrían liberado unas 16 millones de toneladas de CO2/año. Pero sabido es que, la tala en Venezuela es una franca tabula rasa, lo que permite deducir que las emisiones causadas por la deforestación deben ser definitivamente mucho más elevadas. Por tales argumentos observamos algo inconformes que desde tan alto cargo gubernamental, como lo es la vicepresidencia de Venezuela, se demande solo a países industrializados "soluciones reales" para frenar y reducir el ritmo del problema. Si bien el vicepresidente Jorge Arreaza tiene razón: "se convertirá en un drama terrible [...] si sigue avanzando al ritmo actual"[6], la realidad muestra que es el momento de reconocer, con la conciencia y madurez del caso, el grado de responsabilidad que Venezuela tiene frente al grave problema del cambio climático. 

Es la oportunidad de ofrecer contribuciones significativas ante el mundo. Sabemos que reducir la producción petrolera nacional frente a los compromisos de la deuda externa venezolana es realmente una quimera, que reducir aun más el consumo de carne sería pedir demasiado. Pero sería muy posible dirigir los pasos necesarios para frenar el uso indiscriminado de combustibles. Y qué decir sobre la importancia de llevar un control real y efectivo que reduzca drásticamente tanta destrucción de bosques. Como afirma el Vicepresidente Arreaza, "el mundo está esperando que actuemos". Pero si se trata sólo de trasladar responsabilidades, el discurso venezolano sonará vacío, frívolo y populista durante la próxima Conferencia sobre Cambio Climático (COP20), a celebrarse el próximo diciembre en Lima.

[1]  http://quaternary.stratigraphy.org/

[2] https://www.ipcc.ch/ipccreports/sres/regional/pdf/amla.pdf

 [3] http://www.fao.org/wairdocs/LEAD/X6116E/x6116e02.htm ; http://edepot.wur.nl/38583

 [4] http://www.fao.org/docrep/013/i2000s/i2000s.pdf

[5] https://ediss.uni-goettingen.de/bitstream/handle/11858/00-1735-0000-0006-B255-9/rodriguez_aponte.pdf?sequence=1

[6] http://www.el-nacional.com/ciencia_y_ambiente/Venezuela-demanda-desarrollados-soluciones-climatico_0_515348587.html