• Caracas (Venezuela)

Rafael García Peña

Al instante

Pequeñas historias sobre el cambio climático

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La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Calentamiento Climático (CMNUCC). Con los actuales niveles de desinformación, mala información y distorsiones de la realidad, sería una forma de suerte si en Venezuela el ciudadano común estuviera medianamente enterado sobre las calurosas discusiones que se desarrollan a nivel mundial para frenar el cambio climático que nos agobia. Antes que nada, desde 1992 se le ha dado forma a una Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático [1], que fuera adoptada en Río de Janeiro y que ha pasado a  ser el más resaltante tratado internacional relacionado con la salud del planeta. Bien, desde 1995 los representantes de 195 países que han ratificado la mencionada Convención, entre ellos Venezuela, se reúnen una vez por año para examinar sus avances y continuar con las negociaciones de nuevos compromisos relacionados con el clima mundial. A la fecha se han llevado a cabo 20 reuniones denominadas Conferencia de las Partes (COP, por sus siglas en inglés), en distintos puntos de la Tierra. La COP es el órgano supremo de la CMNUCC. Desde allí giran las discusiones en torno a cómo medir las contribuciones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), y en cómo financiar, implementar y evaluar los resultados. La próxima COP será la número 21 y tendrá lugar en París, entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre. Se espera que esta vez los representantes venezolanos no jueguen un papel simplón y populista.

Protocolo de Kyoto. El instrumento para poner en práctica a la CMNUCC surgió durante la COP 3 celebrada en Kyoto (Japón) en 1997, por lo que es conocido como el Protocolo de Kyoto. Se trata de un acuerdo entre 173 países firmantes, que no llegó a ser ratificado sino hasta el 2005, convirtiéndose así en el aporte más difundido y controversialmente ignorado, porque puso a prueba el cumplimiento de los compromisos de los países adheridos a él para reducir sus propias emisiones de gases que producen el calentamiento del planeta. Esos gases son llamados gases de efecto invernadero (GEI). El Protocolo de Kyoto compromete sobre todo a 37 países industrializados y a la Unión Europea a estabilizar las emisiones de GEI, que se centran en dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxidos nitrosos (NO x),  pero también incluye gases industriales como los hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6). Todos ellos catapultan el cambio climático. Un ejemplo claro del fracaso del Protocolo de Kyoto lo dio Canadá, uno entre los países más industrializados del mundo, al retirar su apoyo al Protocolo en diciembre de 2011 debido a los costos de asumir sus medidas. Por su parte China y Estados Unidos, los mayores emisores de GEI, no se unieron a Kyoto. En el 2012, durante la COP 12 celebrada en Qatar se prolongó la existencia del Protocolo de Kyoto hasta el año 2020, por lo que ahora se le denomina Kyoto II. A pesar de las controversias nos deberían importar mucho los resultados que surjan de la COP 21 en París.

Brasil sumergido en la sequía. Ya se había previsto la sequía que aun azota a Brasil, pero ha resultado ser más desastrosa de lo calculado. Según informaciones aportados por un sistema de satélites de la agencia estadounidense NASA, se  conoce que sólo en el sureste brasileño, una de las regiones más extensas y menos pobladas de aquel país, se han perdido 49 billones de litros de agua en cada uno de los tres últimos años. No es fácil imaginar cifras astronómicas, y para dar una idea pudiéramos comparativamente sugerir que equivaldría a 1 cuerpo de agua de las dimensiones del embalse Guri. De modo que no hay que hacer grandes esfuerzos para convencernos que tal situación sobresale de los parámetros normales. Y no se trata acá de ciencia ficción. Los brasileños sufren de rigurosos racionamientos de agua y apagones. Tras años de investigaciones la NASA documenta cuánta agua ha disminuido en los acuíferos y embalses en Brasil. Solo en Sao Paulo, por mencionar uno entre ellos, el sistema de embalse de Serra de Canteira, que proporciona agua para un poco menos de la mitad de sus 20 millones de habitantes, contenía apenas 11% de su capacidad para finales del 2014. Y Brasil posee una importante cantidad de agua en su gigantesca porción amazónica, pero los costos de transportarla son igualmente inimaginables, por ello las regiones densamente pobladas dependen de embalses locales y acuíferos a los que les cuesta reponerse por causa de la extrema sequía. Las informaciones suministradas por la NASA son un serio mensaje para los políticos, porque hay que adecuar la gestión sobre los recursos hídricos y el combate contra el cambio climático. Los datos no permiten hacer predicciones, pero la realidad nos habla sobre niveles de agua que continúan disminuyendo en Brasil mes a mes. Para los venezolanos esta historia resulta muy familiar.

Pakistán y la ola de calor .- Karachi es una metrópolis de entre 15 millones y 18 millones de habitantes. En realidad su propia administración desconoce exactamente cuántos son los millones que habitan en ella. Cierto es que tiene un gran problema social por las millones de personas que viven y trabajan en la calle. Tal situación crea una clara vulnerabilidad frente a los fenómenos climáticos. Justo el pasado mes de junio murieron cerca de  950 personas por causa de las altas temperaturas que alcanzaron un record de 45° centígrados. La mitad de las víctimas fue recogida en sus calles y según fuentes oficiales se trata de indigentes, consumidores de drogas y jornaleros [2] . La temperatura media de Karachi para junio es de 33,1°, pero el Estado pakistaní parece estar mal preparado para los eventos climáticos. Informaciones oficiales revelan que en su mayoría las víctimas provienen de sectores donde predominan hogares atestados y con restringido o ningún acceso a electricidad, personas que deben trabajar toda la jornada para llevar la comida del día a casa. Para comprender mejor el significado de tal situación nos permitimos colocarnos en uno de los rincones más calurosos en Venezuela. Maracaibo registra una temperatura media histórica que ronda los 33,4° centígrados para ese mismo mes de junio. Sin embargo ha alcanzado registros de hasta 39°, lo que representa un nivel crítico para los seres vivos. Pero los marabinos han contado con mejor infraestructura que los pakistaníes. Si vamos a las cifras del Censo de Población y Vivienda, para 2011 registró 692 personas en “condición de calle” en todo el estado Zulia [3]. Según  la Secretaría de Desarrollo Social del Estado Zulia, se han otorgado beneficios contra la ola de calor a más de 141.000 habitantes en un solo municipio zuliano. Y esas ayudas se basan en equipos de aire acondicionado por medio de un programa denominado Plan de Climatización en el estado Zulia. Acá emerge un claro mensaje: es con políticas ambientales que se combate el cambio climático, no con los prometidos 300.000 equipos de aire acondicionado provenientes de China [4].

Algo más allá de la temperatura. Fue durante la COP 15 celebrada en Copenhague en 2009, donde se fijó como objetivo reducir la temperatura en dos grados centígrados. Para la próxima COP 21 la ONU hizo un llamado a todos gobiernos para presentar sus objetivos de reducción de emisiones hasta el día primero de octubre del presente año, o una intención nacional para realizar determinadas contribuciones hacia el 2025 y 2030. Si ello fuera posible y se aplicara plenamente, según la organización independiente Climate Action Tracker (CAT), se esperaría una mejora en el calentamiento de 0,4 grados centígrados, tomando como referencia la última evaluación de compromisos en las negociaciones llevadas a cabo en la COP 20, realizada en Lima (Perú) en diciembre de 2014. La baja de temperatura implica una “reducción” de las emisiones de GEI, que debe realizarse lo más rápido posible para minimizar la velocidad del cambio climático. Sucede que existe otro factor en juego. Hay gases acumulados por largo tiempo en la atmósfera que provocan el calentamiento del planeta, y es por ello que tenemos que “adaptarnos” a las consecuencias, sea por el aumento del nivel del mar, o por el impacto sobre los cultivos, la sociedad y la salud, y a los eventos climáticos extremos. Lo dramático del caso es que todo ello eleva la vulnerabilidad de los países más afectados, sobre todo los insulares y de aquellos menos preparados, que por lo general son los más pobres, o mal dirigidos y gobernados.

Nivel de las aguas en el Caribe. A manera comparativa recogemos una noticia sobre la costa oriental de Maryland (Estados Unidos). En una entrada natural del mar en la costa, referida como la Bahía Chesapeake, se localiza el Refugio Federal de Vida Silvestre “Martin” conformado por 1.821 hectáreas de marismas. En uno de sus bancos exteriores se pueden avistar relictos de una casa que todavía sobresale en la superficie de las aguas. Paredes y techos golpeados por las olas hacen recordar que allí estuvo la Isla Holland, lugar cuyos 360 residentes abandonaron en 1922 antes de sucumbir ante su evidente perdida total. Otros puntos en ese refugio natural están por desaparecer paso a paso. Entre ellos la isla Smith y un tramo de otras pequeñas islas donde habitan unas 280 personas a apenas 1,5 metros sobre las aguas. La erosión es palpable, las aguas van devorando a zarpazos trozos de tierra. El aumento del nivel de las aguas para la Isla Smith va a un ritmo de unos 0,6 metros por año. Las predicciones anuncian que para el 2100 habrá desaparecido.

Y regresando de nuevo a nuestra geografía, Venezuela posee en el Mar Caribe el muy especial refugio de Fauna Silvestre “Isla de Aves”, que cubre un espacio marino de 1.580 km². Su núcleo es nuestra más remota isla en el Caribe. Ubicada a unos 549 kilómetros del punto más cercano en tierra firme venezolana, digamos desde el Morro de Puerto Santo en el Estado Sucre, la Isla de Aves con escasos 36.000 metros cuadrados de superficie y una elevación que no va más allá de los 3,5 metros, es de mucha importancia nacional por ser una referencia de avanzada geográfica y estratégica. La Isla de Aves le ha generado a Venezuela 75.000 kilómetros cuadrados de espacio marítimo en el Caribe. Además, está científicamente comprobado ser el segundo sitio de mayor importancia nacional para la reproducción de la tortuga verde (Chelonia mydas). Una contribución nada deleznable para la biodiversidad del país. Y todavía más, porque para nuestra suerte la superficie de Isla de Aves no habría registrado cambios aparentes en su superficie desde 1980, entonces por los efectos del huracán “Allen”. No debemos sin embargo pasar por alto que para el 2010 se registró en las vecinas Islas Vírgenes, y en especial la Isla Anegada, un aumento del nivel de las aguas de entre 0,19 y 0,58 metros, lo que es un claro aviso. La combinación de tres ciclones tropicales durante ese año desencadenó grandes aguaceros que fueron causantes de la subida de las aguas y que además provocaron pérdidas materiales de hasta 10 millones de dólares. En Anegada los daños fueron menores porque los excedentes de agua fueron distribuidos y absorbidos a través de los ecosistemas de sus extensos humedales. Y eso precisamente puede interpretarse como ejemplo de la utilidad de los servicios ambientales para amortiguar los eventos climáticos. De nuevo se asoma un mensaje para los políticos: esa función amortiguadora es lo que se conoce en la jerga climática como “reducción”.

Laudatio Si. Era poco imaginable que el Vaticano se colocara tan abiertamente en línea con las Naciones Unidas en sus Objetivos de Desarrollo del Milenio [5]. Referir esto no es cualquier cosa, porque se trata de ocho objetivos vitales para salvar a la humanidad y al planeta. Entre esos objetivos propuestos por la ONU desde 2000 se incluyen la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, el logro de la enseñanza primaria universal, y la garantía de la sostenibilidad del medio ambiente. Y precisamente la más actual Carta Encíclica papal se entreteje por ello en los verdaderos problemas de la humanidad. Justo el mes de junio pasado Jorge Mario Bergoglio, argentino y a la cabeza de una de las iglesias más importantes del planeta, dio a conocer su encíclica de 191 páginas, que coloca al cambio climático y a la pérdida de biodiversidad como pilar en su llamado universal [6]. Su inicio con los “Cánticos de las criaturas” del santo Francisco de Asís no sólo es real, sino además conmovedor. En las propias palabras de Asís: “Ver a la tierra como la madre que nos recibe en su regazo, como la hermana con quien compartimos nuestra existencia”, que asoma el reclamo por olvidar que nosotros mismos somos tierra. Y Bergoglio se apoya en ello y en sus predecesores, entre ellos Paulo VI, quien en 1971 hiciera también un llamado contra “una explotación inconsiderada de la naturaleza”. Cual pensador universal, el papa Francisco incluye a otro actores como el Patriarca Bartolomé, a la cabeza de la iglesia ortodoxa, de quien toma la siguiente  expresión: “Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todos esos son pecados”. El Laudatio Si es un documento que se direcciona con claridad hacia nuestra relación de producción y consumo, de ese obrar entre el bien y el mal de manera individual, pero también colectiva, calificada por el Papa Francisco como una relación “estructuralmente perversa”. En ello destaca las crisis ética, cultural y espiritual en la que está sumergida la modernidad. La encíclica papal es a todas luces una lectura sana, sabia y necesaria para todos. Útil para comprender el por qué debemos cambiar muchos de nuestros modelos de relacionarnos con la vida. Y no se trata de comportarse bien para ir al prometido paraíso celestial y estar cerca del creador. Mirándola desde el punto de vista evolucionista trata de justificar la existencia de todas las especies y de la vida en sí, "porque todas las criaturas están conectadas". Para quienes deseen observarla desde el punto de vista creacionista, es un llamado para permitir la existencia de todos seres concebidos por Dios. 

 

Sitios online consultados:

[1] http://unfccc.int/resource/docs/convkp/convsp.pdf

[2] Agencia de Noticias N24 http://www.welt.de/vermischtes/article143072297/Wir-zaehlen-immer-noch-die-Toten.html

 [3] http://www.quepasa.com.ve/index.php/regionales/87-noticias/32845-aumenta-presencia-de-indigentes-en-zulia)

 [4] http://www.laverdad.com/zulia/37099-aires-no-dan-abasto-ante-la-ola-de-calor.html).

[5] http://www.un.org/es/millenniumgoals/

[6] http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

 

@rfgartzia