• Caracas (Venezuela)

Rafael García Peña

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Pequeñas historias sobre el cambio climático II

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Las conferencias de las partes (COP).- Sin lugar a dudas las cumbres internacionales sobre cambio climático han logrado permear el tema entre la sociedad civil. En las redes sociales hubo mucha información sobre los sucesos durante la COP 21 celebrada recientemente en París. Ya se acepta que el cambio climático es la mayor amenaza del presente siglo. Y eso se lo debemos a las cumbres organizadas por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). Las más resaltantes entre ellas son la COP 3 (Japón, 1997) donde se adoptó el Protocolo de Kyoto, que es el acuerdo internacional para reducir las emisiones de los principales gases de efecto invernadero (GEI). Igualmente la COP 11 (Montreal, 2005), donde tras largas resistencias de los países con mayores emisiones de GEI, finalmente entra en vigor el Protocolo de Kyoto. También la COP 16 (Cancún, 2010) donde se acordaron los pasos cruciales para la reducción de los GEI por medio de la mitigación, la transparencia de las medidas y la ayuda a personas especialmente vulnerables. Acá merece incluir a la COP 19 (Varsovia, 2013), donde los gobiernos decidieron iniciar o intensificar los preparativos para aportar sus respectivas contribuciones nacionales –llamadas INDC por sus siglas en inglés–. Las INDC son el nodo, el punto en fuga, donde se engranan los principales objetivos de todas las anteriores cumbres con la COP 21, es donde se deberán ensamblar los esfuerzos individuales que ayuden a lograr limitar el calentamiento global por debajo de dos grados Celcius. Ese ha sido el objetivo central en París. Puede apreciarse en retrospectiva que es un largo camino. Como lo refirió el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, son negociaciones que han ido a paso de tortuga.

Las contribuciones previstas determinadas a escala nacional (INDC).- Se trata de que cada país logre sentar sus políticas nacionales para determinar sus propias contribuciones en el contexto de sus prioridades, circunstancias y capacidades, bajo un marco global que impulse a la acción colectiva para un futuro con bajas emisiones de carbono, y resiliente al clima. Se espera que las INDC permitan construir una respuesta para la toma de decisiones en los ámbitos nacional e internacional. Ellas serán el instrumento principal de los gobiernos para comunicarse sobre cómo enfrentar el cambio climático. Además reflejarán la ambición de cada país para reducir sus emisiones, así como para buscar el apoyo necesario para adaptarse a los impactos del cambio climático y construir su resiliencia al clima. La lógica hace que las INDC se articulen a otras prioridades nacionales, como el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza, y para más, dar señales al sector privado para contribuir con estos esfuerzos.

Unas palabras de apertura en París.- “Vengo personalmente como líder de la mayor economía del mundo y segundo mayor emisor de carbono, para decir que Estados Unidos no solo reconoce su papel en el cambio climático, sino que acepta hacer algo al respecto”. Es parte del discurso de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, el pasado 30 de noviembre durante la ceremonia de apertura de la COP 21 [1]. En adelante será interesante ver lo que emprenda el presidente Obama para sortear la oposición de un congreso en su contra.

El mayor emisor de carbono.- China presentó un plan de reducción de GEI y lo hizo astutamente antes de la COP 21. En el mismo manifiesta su compromiso de trabajar duro para reducir sus emisiones máximas y alcanzar las metas pautadas para más allá de 2020. El campeón mundial en “carbonización” plantea frenar sus emisiones de carbono por unidad de producto interno bruto en 60%-65% de los niveles alcanzados en el año 2005. Y las cifras están contenidas en el documento entregado a la Secretaría del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). Plantea así incrementar considerablemente su capacidad instalada de energías eólica y solar por encima de la que ya poseen. Expertos de Greenpeace opinan que China es capaz de lograr tales objetivos ambientales. Considerando el papel que juega China en las emisiones de GEI fue un importante impulso a los esfuerzos mostrados en la COP 21 para reducir las emisiones pautadas. Aunque el compromiso chino para nada menciona que actualmente impulsa proyectos con energías fósiles en 27 países en desarrollo [2].

Países en rebelión.- Lo de presentar las contribuciones a escala nacional de carbono fue un hecho comprobado. La gran mayoría de los países, desde los más industrializados hasta los más pobres, incluyendo Haití, contra viento y marea presentaron sus programas enmarcados como contribuciones nacionales (INDC). El mundo entero, salvo ocho países hundidos en sus miserias o arrogancias no pudieron o se resistieron a participar con este compromiso pautado y signado en 2013. No le dieron importancia a un insumo necesario para facilitar un acuerdo tácito. Esos países incluyen a Libia, Siria, Sahara Occidental, Uzbekistán, Nepal, Corea del Norte, Panamá y Venezuela.

La pose venezolana.- Luego de los primeros minutos en una conferencia de prensa ofrecida por la delegación de Venezuela en el marco de la COP 21, sus representantes ya se habían apurado a colocar la posición del “socialismo del siglo XXI”. Guillermo Barreto, ministro  del Poder Popular para el Ecosocialismo y Aguas, acompañado de Claudia Salerno, embajadora de Venezuela ante la Unión Europea y Bélgica, en sencillas y lacónicas palabras colocó al país a contracorriente de países con los que debemos ser solidarios, sobre todo con connacionales que sufren las consecuencias del cambio climático. Seamos testigos de las palabras del ministro Barreto, traducidas acá desde el audiovisual correspondiente [3]:

“...Reafirmo nuestra convicción de que necesitamos un buen acuerdo, uno con justicia y equidad, que proteja o responda  a las disposiciones y principios de la Convención, basado en la Convención y no fuera de ella. Hemos declarado con anterioridad que estamos dispuestos a presentar nuestra contribución luego de conocer la legalidad vinculante del nuevo Acuerdo. Estamos trabajando una contribución ambiciosa en Venezuela. Y eso es debido a que hemos aprobado desde 2012, bajo un mandato, un plan de mitigación, un plan para la adaptación, un plan para hacer una estrategia para el cambio climático... Tenemos importantes programas concernientes a electricidad, reforestación, transporte, la protección de áreas naturales, etc... Son programas ambiciosos. Hemos recibido algunas críticas dirigidas hacia nuestra posición y [a lo que entendemos por] ‘carbonización’. Y ahora estamos explicando el porqué hemos dicho lo que hemos dicho [sic]. La carbonización es un término técnico y ambiental incorrecto. De hecho los gases de efecto invernadero no contienen del todo carbón. Nosotros todos, la vida, estamos hechos de carbón. Ahora, ¿vamos a descarbonizarnos nosotros mismos? ¡Eso no lo puedo entender!... Porque la carbonización es un término técnicamente incorrecto y es la razón por la que no aceptamos este término en el Acuerdo que ahora estamos negociando... No estamos saboteando ni bloqueando un Acuerdo. Pero como dije, necesitamos un acuerdo justo para todos si queremos salvar el planeta. Debemos ser coherentes en lo que escribimos en el texto. Las contribuciones nacionales hasta ahora presentadas no pueden asegurar las metas de los dos grados Celcius...”.

Quien tenga la capacidad de ocupar el cargo de ministro del ambiente, en cualquier país, debe ser capaz de entender que la carbonización es un concepto que se fundamenta en procesos de acumulación de carbono. Y estoy seguro de que el ministro Barreto lo intuye. Porque la acumulación de carbono en la corteza terrestre es un hecho que ocurre por la pérdida de otros elementos químicos, como el hidrógeno (H) y el oxígeno (O2). Y este principio es utilizado, por ejemplo, por la paleontología para interpretar la historia del planeta. Es además utilizado en los estudios sobre cambio climático debido a la acumulación de elementos como el dióxido de carbono (CO2), el metano (NH4) y los óxidos nitrosos (N2H), es decir, los gases de efecto invernadero (GEI), porque ellos todos son medidos por sus equivalencias en valores de carbono. Y esa es la razón por la cual se habla de la descarbonización del planeta.

Por otro lado, nos preocupa que el ministro Barreto no haya informado al país sobre esos ambiciosos planes que menciona, relacionados con la electricidad, la reforestación y la protección de las áreas naturales. ¿Sí serán planes para instalar energías renovables? Ojalá que la eficiencia energética no se trate de ahorro por medio de apagones. O si los planes de reforestación serán para crear plantaciones comerciales, porque recordemos que ellas tienen implicaciones negativas sobre la biodiversidad, los ecosistemas, el calentamiento global y las comunidades locales. Todavía más, porque nos debe preocupar en mucho la minería en la cuenca del río Caura que está destruyendo parte importante del patrimonio natural venezolano sin que el Estado venezolano esté haciendo algo al respecto. Y qué decir de la “urbanización” de los parques nacionales el Ávila (Waraira Repano), Médanos de Coro, Morrocoy y Henri Pittier. Y esto es apenas una de entre las varias y reales contribuciones negativas de Venezuela al cambio climático. En fin, se trata de un tema muy serio. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) aportó preocupantes cifras en lo concerniente a la deforestación en el país para la década entre los años 2000 y 2010, que alcanzó una pérdida de cobertura boscosa de 5.000 kilómetros cuadrados. Solo para dejar una idea, se trata de una superficie que supera  la del estado Carabobo. Por ello hay que preguntarse, cuál es la preocupación del Estado venezolano cuando no cumple con compromisos tan obvios, ni siquiera con la entrega periódica de los inventarios nacionales de emisiones antropógenas de carbono. Apenas logró presentar una única Comunicación Nacional sobre Cambio Climático, y eso fue en el año 2005. En estos menesteres es México, con sus 5 entregas, un ejemplo a seguir.

Logros de la COP 21.- El Acuerdo surgido en París es el resultado del uso de una alta diplomacia. Su texto resulta complejo y elaborado bajo una esforzada preocupación por el equilibrio, redactado de manera de evitar lecturas divergentes. En las discusiones se condujo a los países en dirección al logro de un acuerdo fundamentado en una la conciliación de perspectivas individuales. Todo para detener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los 2º C con respecto a los niveles preindustriales. Contiene un fundamento moral que se sustenta en la solidaridad internacional para alcanzar objetivos mundiales que permitan la vida en un mejor planeta, pensado en las futuras generaciones. Anuncia que es un asunto que requiere de un enorme esfuerzo para la “reducción” de las emisiones. Porque las emisiones han resultado ser mucho mayor al expresado en las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional (INDC). En lo que concierne a la “mitigación”, implica transformaciones económicas y sociales para todos los actores, sin tonalidades ideológicas. Es un acuerdo donde los compromisos tienen carácter cuantitativo, y esto último es un verdadero avance frente al Protocolo de Kyoto (1997).  Desde ya cada país dirá cuánto carbono puede mitigar y sus posibilidades de aumentar tales esfuerzos en el tiempo. No se debería hablar más de proyectos nacionales que no estén articulados en las contribuciones nacionales para el año 2020 y hasta 2050. Por lo que cada país deberá contar con su estrategia de desarrollo sostenible a largo plazo. En otras palabras, cada país debe crear una economía nacional rumbo a la descarbonización.

En “adaptación”, de acuerdo con el marco adoptado en la COP 16 (Cancún, 2010), se deberá presentar y actualizar periódicamente una comunicación sobre la “adaptación”. Por lo que será preciso proteger al máximo los sumideros y reservorios de gases GEI. Al hablar de sumideros se trata sobre todo de bosques, lo que implica detener la deforestación. Esto sin dejar de lado otros sumideros tan importantes como lo mares, ríos, lagos y turberas. El Acuerdo solicita a las partes que refuercen la cooperación regional mediante el intercambio de información, de buenas prácticas, experiencias y enseñanzas logradas. Los países desarrollados deberán movilizar recursos por los altos costos para detener el calentamiento global. Finalmente, incluye una revisión de los aportes de recursos, porque la Convención tiene un anclaje en mecanismos financieros. Su fin es obtener un impacto asociado a los compromisos establecidos para evitar que el calentamiento global continúe siendo la gran amenaza para nuestra existencia, y para la vida en el planeta.

 

@rfgartzia

 

Fuentes citadas:

[1] http://www.usatoday.com/story/news/world/2015/11/30/climate-talks-kick-off-france/76551062/

[2] http://www.theguardian.com/environment/2015/jun/30/china-carbon-emissions-2030-premier-li-keqiang-un-paris-climate-change-summit

[3] http://unfccc6.meta-fusion.com/cop21/events/2015-12-08-16-00-venezuela-minister-guillermo-barreto-minister-of-people-power-for-ecosocialism-and-waters-of-the-bolivarian-republic-of-venezuela-and-head-negotiator-to-the-unfccc-ambassador-claudia-salerno