• Caracas (Venezuela)

Rafael García Peña

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El Niño y el Guri

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El Niño es un fenómeno climático asociado con la aparición de corrientes excepcionales en las aguas del océano Pacífico equatorial. Del mismo resulta un calentamiento de las aguas marinas y la consecuente disminución de la pesca. Como se trata de un hecho que ocurre en víspera de la Navidad, los pescadores de las costas peruanas lo asociaron con advenimiento de Jesús. El Niño es por lo demás un fenómeno meteorológico y no el producto del cambio climático, o al menos no ha podido ser demostrado que sea consecuencia del mismo. Recordemos que ya ha sido establecido (por las Naciones Unidas) que el cambio climático es originado por la acción del ser humano, y no por fenómenos naturales de manera directa. ENSO es otro de los nombres aplicados a El Niño en la jerga meteorológica, y deriva de sus siglas en inglés (El Niño-Southern Oscillation).

La explicación de El Niño tiene su fundamento en los vientos alisios, que se dirigen desde las altas presiones subtropicales (30-35 grados de latitud norte) hacia la línea ecuatorial. Los alisios llegan removiendo las masas de aguas marinas, elevando las porciones frías desde las profundidades oceánicas (upwelling). Eso contribuye a formar corrientes marinas de baja temperatura que corren paralelas a la costa pacífica de América del Sur. Es la conocida “corriente de Humboldt” que se desplaza desde el Antártico hacia el norte. Bajo tales condiciones ocurre una depresión en las masas de aire, creando con ello una zona de alta presión y sequías (lo que puede ser una explicación para la existencia del desierto de Atacama). Y la ocurrencia de este fenómeno ha sido reportada entre cada tres a siete años, pero sucede que en las últimas décadas han ocurrido con mayor frecuencia los tiempos de El Niño. Entonces ocurre que los alisios soplan con menor fuerza causando que la “corriente de Humboldt” gradualmente alcance un punto muerto y, con ello, altas temperaturas de las aguas en la costa pacífica sudamericana –cercana a entre los 24° C y 28° C–. El efecto será una acumulación de aguas cálidas que provoca el ascenso de masas de aire, que a su vez produce depresiones y precipitaciones en una amplia zona que abarca las costas de Ecuador, Perú y Chile. Mientras que en los Andes de esos países se manifestará una dramática sequía que afecta drásticamente los glaciares. Por ello se trata de un escenario que debe llamar la atención, puesto que además para los pescadores de la costa pacífica de Sudamérica significa que, al elevarse la temperatura de las aguas superficiales se impide que estas se mezclen con las de las profundidades, que son ricas en nutrientes, ocurriendo la muerte del plancton marino y el derrumbe de las cadenas alimenticias (tróficas), cuyo efecto final es la disminución de la pesca.

A Venezuela El Niño le trae déficits de precipitación en todo el territorio nacional, con efectos que pueden ser muy drásticos como el que en la actualidad se sufre. Pero este tema no es nuevo, porque desde más de una década se ha venido alertando a los gobiernos sobre su complejidad e informando sobre la necesidad de desarrollar medidas de adaptación a los cambios producidos en el clima. Incluso organizaciones internacionales se han ocupado de realizar eventos, foros a través de plataformas digitales donde han expuesto el significado de El Niño y del cambio climático, utilizando los conocimientos de expertos de Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, y Venezuela, así como de similares europeos, sobre el caso. Para cualquier interesado en esto, puede acercarse al sitio registrado en la plataforma digital bajo: http://www.copandes.org/#!forovidisccomp/c20x6 .

Si ahora nos referimos a nuestro caso particular y tomamos como referencia el embalse Guri, debemos recordar acá que los cálculos realizados por lo expertos que proyectaron la construcción del referido embalse permitieron concluir que este debería tener las dimensiones para almacenar un promedio anual de 4.866 metros cúbicos. Ahora, resulta que durante las dos últimas décadas los gobernantes de turno han hecho un único plan de contingencia para prepararse frente a las consecuentes mayores frecuencias en ocurrencias de El Niño, y que se ha basado en esperar los aguaceros que caen de mayo a octubre y que deberían aportar el volumen calculado: los 4.688 metros cúbicos. Pero resulta que la naturaleza no se deja someter a la camisa de fuerza de proyecciones matemáticas. Para el año 2001 se registró apenas un volumen de 3.337 metros cúbicos, lo que en la mente de un buen planificador (y el de un buen futurista) hubiese encendido la luz de alarma. Porque los registros estadísticos demuestran que las fluctuaciones pluviométricas durante los últimos años tienden a presentar disminuciones dramáticas y ciclos alarmantes hacia sequías. En el mundo real ha ocurrido una trilogía seca que abarcó desde 2001 hasta 2003, y de ella la reacción gubernamental venezolana fue echarle la culpa a El Niño. Cosa obvia, ya que el fenómeno climático causó que hubiese menos aportes de agua por la ausencia de precipitaciones. Pero El Niño, tratándose de un fenómeno natural,  ha estado ocurriendo durante milenios, y en su evolución actual este muestra intervalos cada vez más cortos de ocurrencia, es decir, que debemos tener a la mano soluciones inmediatas e inteligentes que permitan superar las crisis hídricas que produce y que nos está afectando a todos. Y no se trata de una guerra ideológica, sino de un conflicto que nos presenta la naturaleza como respuesta al crecimiento industrial y malos tratos hacia el mundo natural, y peores en el uso espacial. Es un problema mundial que ocupa mucha inteligencia en distintos países. Pero regresando a la dramática desaparición del país, no es que antes del chavismo no se influyera en el clima por medio de la destrucción de la naturaleza. Imaginar nada más que el área que ocupa el embalse Guri tiene un aproximado de unos 4.250 kilómetros cuadrados. Pero en la actualidad no existe una política ambiental que vaya en interés de una nación entera, de la totalidad de sus habitantes, del futuro de todos los venezolanos. Imaginar nada más el Plan de la Patria presentado por el gobierno actual en 2013, donde se exponen motivos para salvar al planeta y de la especie humana (objetivo V), que paradójicamente a la vez expone la intensión de explotar las riquezas subterráneas en Bolívar (objetivo III), que indefectiblemente destruirá el futuro de Venezuela en interés de muy pocos venezolanos y de las empresas chinas y rusas aliadas a las políticas gubernamentales.

El Niño es un fenómeno climático asociado con la aparición de corrientes cálidas cada vez menos excepcionales en las aguas del océano Pacífico equatorial, y que produce sequías extremas en Venezuela. Es que vivimos en un mismo planeta, por lo que todo lo que ocurre está y permanecerá interconectado. Existe un enlace en el que ya hablamos de un problema similar ocurrido en Brasil [1]. Por lo que la relación que debe existir con la crisis que aporta el descenso de las aguas en las represas de Brasil con la de Guri es intensa.

No está de más opinar que los sucesos actuales que ocurren en Brasil parecen ser un reflejo de lo que pasa (o pasará) en Venezuela. Cosa curiosa, ¿será mera casualidad que en el idioma portugués guri se traduzca como niño?

 

Fuentes online consultadas:

 

[1] http://www.el-nacional.com/rafael_garcia_pena/Pequenas-historias-cambio-climatico_0_745125726.html

http://www.lossinluzenlaprensa.com/?page_id=21247

http://www.el-nacional.com/economia/Instan-gobierno-medidas-posible-Nino_0_404359715.html