• Caracas (Venezuela)

Rafael García Peña

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Rafael García Peña

Ecosocialismo y parques nacionales

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La noción de lo qué es y lo que representa el ecosocialismo para la realidad venezolana es un tema que debe mantener despierta nuestra atención, más allá de los discursos oficiales. Razones sobran, ya que desde hace algunas semanas Venezuela cuenta con un Viceministerio para el Ecosocialismo, y más recientemente, y por medio del Decreto Presidencial 1.489, también con un Órgano Superior para el Manejo Integral del Sistema de Parques Nacionales y Monumentos Naturales (Gaceta Oficial n° 40.548, del 25.11.2014). Ambos eventos han generado un dramático escenario que nos motiva a asociarlos con hechos relacionados con los parques nacionales, y que consideramos marcan reales hitos en la política ambiental gubernamental de los últimos años. La importancia de unir acontecimientos es obtener una visión de lo que sería en nuestro caso el ecosocialismo en la praxis, porque hasta ahora tal idea o pensamiento consiste sólo de conceptos, discursos, prédicas, y su trasfondo no nos habla de experiencias que le proporcionen la tan necesaria sustancia. 

En un documento titulado Socialismo ecológico o barbarie[1], elaborado por Saral Sakar y Bruno Kern, promotores del ecosocialismo en Alemania, ambos autores aducen en sus fundamentos que este pensamiento encuentra justificaciones en "la destrucción de la naturaleza unida a procesos sociales de empobrecimiento y la exclusión económico-social". En su confección destacan un contundente rechazo al desarrollo sostenible, argumentando que en este último existen tres ilusiones: 1) negación de un problema de recursos, 2) confianza ingenua en la ciencia y la tecnología para resolver problemas del medio ambiente y, 3) creer lograr sus metas dentro del sistema de economía de mercado capitalista. En su lugar recurren al "espacio ambiental", concepto que toman de un documento perteneciente a dos prestigiosas instituciones alemanas: BUND y Misereor. La primera de ellas es una respetable ONG ecologísta, mientras que la segunda, no menos conspicua, pertenece a la iglesia católica germana. Y ese pilar llamado espacio ambiental queda enmarcado por a) la capacidad ecológica, b) la capacidad regenerativa, c) la disponibilidad de recursos y, d) la igualdad de oportunidades.

Ahora, viremos hacia los acontecimientos de nuestra realidad nacional y consideremos las prácticas ambientales de un gobierno que se autodefine ecosocialista y listemos una hilera de hechos sobre los parques nacionales, entre ellos un intento en 2005, afortunadamente fatuo, de desafectar una porción del Parque Nacional el Ávila (Waraira Repano), para crear áreas urbanas, tentativa que pudo ser frenada gracias a la abrumadora reacción de la montaña de caraqueños que se hizo presente en las faldas del Ávila. Otro intento ocurrió en el Henri Pittier en 2011. El resto de los sucesos no tuvo la misma suerte: la destrucción de una porción de bosque primario en el parque nacional Yacambú en 2005, tras la arenga presidencial de "aplicar la Ley de Tierras en todos los escalones y en todos los niveles" (Aló, Presidente 234, de fecha 25.09.2005), que diera el impulso a la agricultura en diversos parques nacionales bajo la perpetua coartada de considerarlos como "tierras ociosas"[2]. Y la destrucción de una franja de mangle en el parque nacional Morrocoy en 2009[3], sin que los órganos competentes reaccionaran de manera contundente. No menos terrible fue la construcción de viviendas en el parque nacional Médanos de Coro entre septiembre y diciembre de 2011, que realizara la Misión Vivienda, con el beneplácito de la presidencia del Instituto Nacional de Parques. Y cerramos 2014 con la ya conocida tala de un manglar para la construcción de un puente en el parque nacional Laguna de La Restinga, sin los estudios de impactos socio-ambiental previos que exigen las leyes venezolanas. Y ninguno de estos actos, aunque punibles y repudiables podría ser calificado como furtivo, puesto que fueron realizados de manera abierta y su autoría pertenece al Estado venezolano.

Estas reflexiones llevan a preguntar, ¿es eso lo que el ecosocialismo llama espacio ambiental?, ¿se consideraron las capacidades ecológicas y regenerativa?, ¿nos hablan los hechos sobre igualdad de oportunidades? o, ¿se ajustan sólo a la disponibilidad de recursos? Por lo demás, al repudiar la práctica del desarrollo sostenible, ¿no significa ello alejarse de los marcos y convenios establecidos por la Organización de las Naciones Unidas?

Y en este punto traemos, a manera de reflexión la opinión del periodista Thomas Friedman (New York Times), quien describe magistralmente en uno de sus artículos[4] , dos escenarios que nos dibujan el significado de los parques nacionales, resultantes de su asistencia en noviembre pasado al último Congreso Mundial de Áreas Protegidas, celebrado en Sydney (Australia). En el primero estos escenarios nos habla de: "Una gran sala repleta de imágenes de parques nacionales y guardaparques de América, África y Rusia, con el despliegue de un arcoiris de pueblos indígenas, científicos, ambientalistas de todo el mundo - unos 6.000 - centrados en un objetivo: proteger y ampliar las áreas protegidas, que son las herramientas más poderosas para frenar los 'elefantes negros' que afectan al medio ambiente". Esos elefantes negros que nos menciona Friedman es un eufemismo que encierra los grandes problemas, visibles pero ignorados, como el calentamiento global, la deforestación, la acidificación de los océanos, la pérdida de líneas costeras, la extinción de especies y la contaminación masiva de agua dulce. ¡Todo ello genera pobreza!

En su segundo escenario Friedman nos deja la opinión de Carlos Manuel Rodríguez, ex ministro de Ambiente y Energía de Costa Rica, quien pasa a explicar la diferencia existente entre países que tienen sus dependencias ambientales, por ejemplo, bajo un ministerio de agricultura, en oposición de aquellos países cuyas dependencias ambientales están bajo un ministerio para el medio ambiente: "Los ministros de agricultura ven en los bosques naturales y los parques nacionales la madera a ser talada para algo productivo como  cultivos de soya,  ganadería o palma africana. Un ministro para el Ambiente ve los espacios protegidos como las reservas de carbono, los reservorios de biodiversidad, fábricas de agua, plantas productoras de alimentos, máquinas de adaptación al cambio climático y sitios turísticos". ¡Y los protegen!  Una sociedad verdaderamente sostenible protege sus recursos naturales y garantiza una vida digna para todos.

Esto último se menciona muy a propósito, puesto que en el antes mencionado decreto 1.489 queda establecido que las políticas, programas, planes, proyectos, normas y procedimientos relacionados con los parques nacionales y monumentos naturales de Venezuela, son en adelante funciones de un grupo de selectos ministros, incluyendo a los responsables de las carteras de ecosocialismo, hábitat y vivienda; agricultura y tierra; petróleo y minería; y transporte terrestre y obras públicas.

Lo acá expuesto se nos permite vislumbrar dos consecuencias del ecosocialismo en la praxis. La primera de ellas es una inminente separación de Venezuela de los marcos-convenios y acuerdos relacionados con el medio ambiente establecidos por la ONU, entre ellos las convenciones para la Diversidad Biológica, los Sitios de Patrimonio, y Humedales de Importancia Mundial. El segundo desenlace es haber colocado al país frente a una fiera estampida de elefantes negros...y rojos.

 

[1] http://www.oekosozialismus.net/ecosocialismoobarbarie.pdf

[2] http://www.aporrea.org/ddhh/n146211.html

[3] http://www.diariolacosta.com/detalles/Talan-manglares-en-cano-Capuchinos/

[4] http://www.nytimes.com/2014/11/23/opinion/sunday/thomas-l-friedman-stampeding-black-elephants.html?emc=eta1&_r=3