• Caracas (Venezuela)

Rafael García Peña

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Diversidad

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"O, wonder!

How many goodly creatures are there here!

How beauteous mankind is! O brave new world.

That has such people in it"

 

W. Shakespeare

 

El 22 de mayo se celebró a escala mundial el día de la diversidad biológica. La fecha nos hizo recordar que existen animales y plantas que se encuentran al borde de su desaparición total de la faz del planeta. Para llamar la atención a esta conmemoración se colocaron muy diversos motivos en las redes sociales, uno entre ellos estuvo dedicado a la extinción del rinoceronte negro (Diceros bicorni). Este portentoso animal ha sido declarado como desaparecido en Camerún, mientras que en otros países de África centro-occidental su población se ha visto drásticamente reducida. Sólo durante el pasado 2014 fueron asesinados 1.200 ejemplares en Suráfrica, y ello representa un llamado de alerta porque la extinción sistemática de especies es una amenaza para el equilibrio de la vida en la Tierra. Y la extinción está precisamente muy vinculada a la diversidad. Extinción y diversidad representan una dualidad de opuestos, teniendo la extinción en jaque a un muy amplio espectro de las especies en el mundo natural.

Variedad, complejidad, heterogeneidad y pluralidad son otras maneras de expresar a la diversidad, por lo que en sí misma, en sus maneras de mencionarla ella refleja multiplicidad. Hacer un click para enterarse sobre sus significados, informarse cómo la definen en un laboratorio del conocimiento, cómo la interpretan en una universidad, nos dejará ver que no se alejará de lo que sigue: “Diversidad define la multiplicidad de personas en una sociedad que se pueden describir en función de diferentes categorías por medio de diferentes métodos” [1]. Y en este cuadro nos preguntamos: dónde cabe el rinoceronte, y todavía más allá, que tiene que ver el rinoceronte con nosotros.

Lo que hemos descubierto en el concepto arriba mencionado es que allí la diversidad tiene una connotación social, por lo que no en vano se le ha utilizado como una gran herramienta en el campo político. En el año 2001, el para entonces primer ministro británico Tony Blair declaraba: “Celebremos la diversidad de nuestro país, consigamos la fuerza de las culturas y las razas que forman la Gran Bretaña de hoy” [2]. ¡Y es cierto!, los seres humanos somos muy variados, y se puede evidenciar al utilizar datos de instituciones especializadas como las Naciones Unidas o el Grupo Internacional para asuntos indígenas. En un artículo del semanario alemán Die Zeit (n° 7 del 9.02.2012) se planteó que, si se diera el caso y fuera posible reunir a todos los pueblos ancestrales registrados a la fecha en un único país, sería el tercero más grande del mundo. En otros términos, la humanidad le debe a sus 7.102 etnias e idiomas aun vivos su diversidad cultural (E. López-Zent, IVIC).

En nuestro caso, Venezuela se enorgullece de su mixtura racial, pero también por ser un país megadiverso en la dimensión natural. Uno entre los primeros en el mundo con mayor variedad de vida, ocupando el sexto lugar en América Latina y el décimo a escala mundial [3]. Pero ahora el enfoque sobre la diversidad va dirigido hacia la naturaleza.

Sobre la diversidad (Mannigfaltigkeit) ya nos hablaba Kant en su obra Crítica de la razón pura en 1781, colocando una relación entre ésta con la razón. Expresaba que existe una necesidad de conciencia en los seres  humanos de una percepción interior sobre la variedad y las formas como ella se manifiesta. “La síntesis de una variedad...trae ante todo un reconocimiento que al comienzo puede parecer crudo y confuso, por lo que necesita del análisis. Su síntesis recogerá los elementos para su comprensión e incorporará  un determinado contenido; es por tanto lo primero que debemos atender cuando queremos juzgar el origen de nuestra primera cognición” [4].

Precisamente es la necesidad del análisis de la variedad de seres vivos lo que nos lleva a recurrir a valores numéricos. Y la medida más común para tasarla es mediante el “número de especies” en un espacio dado. Imaginemos nada más la proporción de distintos seres vivos en un trozo de selva amazónica en comparación con un campo del mismo tamaño dedicado a la agricultura. 

Ahora, cuando hablamos sobre diversidad en las ciencias naturales nos referimos a la diversidad biológica, mejor conocida bajo el neologismo “biodiversidad”. El acuñe del término se le debe a Walter G. Rosen quien lo formulara en 1985 y que fuera inmediatamente popularizado por Edward O. Wilson. A Wilson, entomólogo y sociobiólogo, también se le debe una hipótesis llamada biofilia, definida como la tendencia innata en los seres inteligentes para enfocar la vida y los procesos naturales como producto evolutivo de la selección natural, y cuya supervivencia depende de su conexión con el mundo natural. Por este planteamiento Wilson ha recibido fuertes críticas por considerársele como un puro reduccionismo de los juicios morales a meras emociones y sentimientos. En el fondo de los planteamientos de Wilson reposa el principio de que el ser humano ha iniciado una nueva era de extinción masiva en el planeta.

Porque estamos observando sin parpadear cientos de extinciones por millón de especies al año, que se traduce en una tasa de extinción de entre 1.000 a 10.000 veces mayor que en todo su registro histórico. Lo que Wilson parece advertirnos, es que debemos proteger a la biodiversidad de los intereses particulares del ser humano.

Luego, ¿dónde está el rinoceronte en nosotros? Pues sucede que se trata de uno de los tres mamíferos terrestres de mayor porte y cuya población ha disminuido en más de 97% desde 1960. Este coloso ha sido víctima de la cacería furtiva. Por lo que, más allá que encajonar este hecho en un reduccionismo, en un pathos, su condición tan frágil nos demuestra el inmenso dilema frente al que se ha colocado nuestra especie, porque este animal representa el paradigma que nos acerca paso a paso a un abismo. Porque además existen paradigmas teóricos que intentan demostrar que existe un parelismo entre las diversidades biológica y cultural, es decir, que una cosa va con la otra. Empobrecer lo natural va en detrimento de lo cultural, es decir, de nosotros mismos.

Y somos mudos testigos de la desaparición de innumerables especies animales y vegetales durante los últimos años. Por ello existe una larga Lista Roja de las Especies en Peligro [5], donde están registradas las informaciones sobre 832 especies conocidas y catalogadas como extintas a escala mundial, así como más de 4.600 especies en peligro de desaparecer. En el primer grupo, el de las especies desaparecidas, figura una ranita de Aragua llamada “arlequín” (Atelopus vogli),  mientras que en el segundo grupo se incluye una constelación de especies bajo amenaza por pérdida y degradación  de hábitats, entre ellas una bromelia de la Colonia Tovar (Aechmea cymosopaniculata), un sapito de niebla merideño (Aromobates meridensis), un sapo de Trujillo  (Aromobates nocturnus), y el emblemático caimán del orinoco (Crocodylus intermedius).

En las Américas el mayor número de especies al borde de la extinción ocurre en los bosques costeros del Brasil y en la porción norte de los Andes. Para el caso de Venezuela podemos referir la masiva destrucción de hábitats en los llanos occidentales ocurrida desde la década del 60, propiamente en las reservas forestales de Ticoporo, Caparo, San Camilo y Turén, cosa que ha tenido que costar una alta pérdida de biodiversidad. Y esta destrucción se ha multiplicado, cosa que se constata en la actualidad con las políticas habitacionales desarrollada por el estado venezolano en diversos parques nacionales, propiamente en Médanos de Coro y Henri Pittier, o con la minería en Canaima y Yapacana bajo el esforzado beneplácito, cosa conocida a nivel público, del actual ministro de defensa de Venezuela.

Imposible medir lo que no se registró en su debido momento, y la pérdida se hace mayor por cuanto sabemos que cerca de dos tercios de las especies terrestres habitan en selvas tropicales.

Otros agentes que provocan la desaparición de especies son calentamisnto global acelerado y los agentes invasores, es decir, las especies alógenas. En la actualidad se nos presenta el caso de un coral blando asiático (Xeniidae) que está invadiendo las costas del parque nacional Mochima, y que tiene serias repercusiones sobre todos los organismos que habitan los fondos acuáticos de sus costas, que al final redundan negativamente en la economía pesquera de la región [6] (Biol. Pedro Vernet, com. pers.).

Es paradójico que significando la biodiversidad abundancia y multiplicidad de formas, miríada de tamaños, texturas, contexturas y colores, que se entremezclan abriéndose paso y creando existencia, nos haya tocado hablar acá de penurias.

Por ello nuestra justificación en recurrir a Kant, porque más que provocar un enorme salto en el tiempo, se corresponde con un artificio para abrir caminos a los impulsos lúdicos que le brinden libertad a las interpretaciones: “En los seres humanos esa conciencia requiere una percepción interior de la diversidad, que le es dada previamente al sujeto, y la forma como ella le es dada sin espontaneidad al ánimo, esa diferencia debe ser llamada goce”.

Y precisamente porque la diversidad debe sernos deleite y disfrute por ser testigos de la vida en ebullición, dejamos esa libertad lúdica al joven Humboldt, en labores científicas y explorando las costas de Cumaná, hablándonos en forma voluptuosa sobre biodiversidad:

“¡Que árboles!, cocoteros de cincuenta a sesenta pies de altura, una ceiba de la que se puede construir una canoa. ¡Y qué colores en las aves y en los peces, incluso en los cangrejos (azul celeste y amarillo)! Hasta ahora corremos como locos; en los tres primeros días no pudimos determinar nada, ya que soltamos algo acá para coger otra cosa allá.... Puedo sentir que seré muy feliz aquí”.

@rfgartzia

 

[1] https://www.uni-giessen.de/cms/studium/einstieg-mit-erfolg/diversity/definitiondiversitaet

[2] http://resources.woodlands-junior.kent.sch.uk/customs/questions/multiculture.html

[3] http://diversidadbiologica.minamb.gob.ve/

[4] http://izt.ciens.ucv.ve/ecologia/Archivos/Filosofia-II/Kant%20-%20Kritik%20der%20reinen%20Vernunft.pdf

[5] http://www.iucnredlist.org/search?page=1

[6] http://www.costadevenezuela.org/?p=11017