• Caracas (Venezuela)

Rafael García Marvez

Al instante

Entre la renuncia y el referendo revocatorio

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El tiempo según algunas de sus acepciones es una magnitud física con la que medimos la duración de acontecimientos sujetos a cambios. Este es un concepto que encuadra de manera casi perfecta si lo trasladamos al hecho político venezolano. De allí las tesis o atrevidas conjeturas, de que Maduro está tratando de ganar tiempo para evitar su derrumbe en los centros electorales, o que la oposición por el contrario hace todo el esfuerzo por adelantar el “reloj” del referéndum revocatorio.

El caso cierto es que el transcurrir de las horas es una desventaja mortífera para el Presidente. Tanto, que en la última semana se habla con mayor insistencia sobre su renuncia, sus acuerdos y negociaciones, que de la elección revocatoria.

Un nuevo ingrediente se ha sumado a la cadena sinfín de su agonía, cuando este lunes el general Alcalá Cordones entregó ante el Consejo Nacional Electoral un documento para exigir la realización del referéndum revocatorio; además, de Marea Socialista, Héctor Navarro y otros ex ministros del presidente fallecido.

Todo parece indicar que la ratificación en el cargo del general en jefe Vladimir Padrino López, al frente del Ministerio de la Defensa y las nuevas responsabilidades en materia económica, forman parte de los movimientos en procuras de salir del atolladero donde se encuentra inmerso el gobierno, aunque “suene” extraño.

Si de algo podemos estar seguros es que en el país no habrá paz, ni estabilidad posible ni haciendo ejercicios de colosal optimismo.

Tampoco se resolverá el problema de la escasez por un acto de tejemaneje y los anaqueles de los supermercados seguirán “ociosos”. Asimismo, las estanterías de las farmacias. Los hospitales seguirán siendo centros de distribución de partidas de defunción, y andar por nuestras calles  un acto suicida.

En fin, la herida que se abrió en el “corazón” de nuestros compatriotas: profunda,  larga y ancha se metió en los entresijos del encono. Por el contrario, la pasión sibarita  de los “socialistas” se enamora con irreflexiva pasión de la “dolce vita”: yates, mansiones, aviones, 18 años…

Sus hijos estudian en las más prestigiosas universidades europeas y norteamericanas; se arrellanan en los mismos pupitres de los Trump, o de los Grimaldi monegasco.

En suma: por el hambre, por la indignidad, por la vida mísera que sobrellevan, el pueblo los maldice desde lo más profundo de su ser.

Les embarga una irritación  que no les deja en paz. Estas personas tienen una razón de base. De una u otra forma se han sentido abandonadas, engañadas; esto ha despertado ese sentimiento escandaloso capaz de cualquier oscura aventura.

El venezolano: rico, pobre, blanco o negro, aquellos que una vez fueron chavistas, no se quedarán en paz  hasta tanto Maduro y su clan no sean echados del poder, o que voluntariamente hagan sus maletas y se marchen a otra parte.

El venezolano quiere un cambio absoluto, total, sin vestigios, sin siquiera huellas. Quiere borrar para siempre los crueles recuerdos de un régimen perverso; los rostros sádicos que se placen en destruir; tachar la sevicia contra los que se oponen a su brutal crueldad.

Finalmente, lo que se persigue es que la violencia no se fortalezca. Que el gobierno no persista en su ruin intento de cerrarle el paso a la voluntad del pueblo que se trocará en sangre y muerte inútil.

garciamarvez@gmail.com