• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

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Rafael Bello

No es un show es hambre

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Afanoso el ciudadano que deja constancia con su vigor del hombre libre por sobre las intenciones de perpetuidad del poder omnímodo. Al venezolano que la dignidad prodiga en su razón de ser no lo vence la vileza del desprecio al trabajo, ni la negación de los valores que ennoblecen a los pueblos. Hace suyo el hijo de esta patria querida y buena, la persistencia de su esfuerzo noble y constructivo que dignifica, crea riqueza y una mentalidad para la grandeza capaz de superar estadios de miseria.

Entonces el día no desmaya en la fe de este pueblo venezolano que sortea dificultades y lucha por la supervivencia en su afán de libertad para vivir sin carencias ni vejaciones. A este ciudadano del pensamiento libre no lo vence el abuso de poder. De quienes se regodean con la impronta riqueza que deja en la orfandad las arcas del tesoro nacional. El tesoro nacional que es en estos tiempos el apremio de quienes no se percatan todavía de que los actos contra la cosa pública no prescriben, por eso están marcados en ese cuadro de figuras diversas donde la acción de la vindicta pública señala, resalta y sentencia.   

Pero las miradas insistentes de la mentalidad libre, fijas en las grandes decisiones que se asumen, cuando está en juego tanto el presente como el porvenir de millones de seres humanos que, por la ambición desquiciada del poder en el uso y abuso de los fondos públicos, no da lugar a la resignación. Y tanto es así porque un pueblo como el venezolano desde hace ya tiempo dejó de ser contemplativo ante lo incomprensible de su propia desgracia. Por eso sus grandes reservas en lo más hermoso de su condición existencial da el ejemplo de la significación profunda de la libertad y la democracia. Es la juventud estudiantil la que no cesa en sus luchas heroicas. 

Lo que vive el pueblo venezolano en lo que va del presente siglo es la más elocuente manifestación de la perturbación politiquera con los bienes de la república. Es el desmantelamiento de una economía próspera y con ello el empobrecimiento de una población que miraba el porvenir con el optimismo del bienestar posible. Ya tenemos un país que sufre las consecuencias del saqueo de sus fuentes de ingresos. De una nación estremecida por el crimen, la escasez y la tortura de la inseguridad que cobra víctimas en todo el territorio nacional. Es una Venezuela que necesita ahora más que nunca recobrar la fortaleza de sus hombres y mujeres para abrirles caminos a la paz y al sentido común en la actitud de sobreponernos al desorden que sume en miseria a una nación encaminada al desarrollo.

Entonces estamos ganados los venezolanos para fortalecer el espíritu nacional de la libertad. Esa es la razón fundamental que aviva esperanzas cuando hay una juventud que levanta el tricolor nacional siete estrellas y reclama unidad y espíritu de lucha para cambiar lo malo que condena a la destrucción y la miseria. No es una de las tantas acciones de protesta de calle donde el vocerío deja mensajes de rebeldía.

No es ahora tiempo para las acciones románticas con banderolas en las calles y petitorios de un presupuesto justo para las universidades. Ahora no. Lo que se vierte en las calles de diferentes ciudades del país es lucha por Venezuela. Es lucha por la liberación del país de lo que condena al dolor infinito por la opresión. Entonces no es un show lo que tiene lugar en todos los pueblos de Venezuela, es la necesidad imperativa de cambio. De cambio para la legalidad y la dignidad en la conducción de los destinos de Venezuela.