• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

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Rafael Bello

La salud urgencia nacional

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Deprimente el cuadro que a diario se vive en los centros hospitalarios de toda Venezuela. Hay cientos de hombres y mujeres que asumen su responsabilidad entre carencias sucesivas el trabajo de la vida y por la vida. Pero ese diario hacer noble y trascendente lo cumplen pese a las amenazas de la barbarie. La barbarie instaurada que solo deja destrucción y ruina en esta Venezuela donde la irracionalidad se cree con el poder del dominio absoluto del ser humano.

El trabajo de la vida que cumplen en esos centros asistenciales con dedicación y grandeza, servidores profesionales con la admiración que tan solo la gratitud alimenta y reconforta, es parte de esta Venezuela que no cesa en ser útil al franquear grandes dificultades. Se sobrepone entonces el venezolano a la desgracia de las carencias que hoy padece. Todo como consecuencia de quince años ya de lo inaudito que se patentiza en el dolor que se experimenta en los hospitales, otrora envidiables por la calidad de atención y medicina sobresaliente. Una situación que sucede en una nación  con un potencial económico envidiable y fuentes de ingresos en miles de millones de dólares americanos, contantes y sonantes con la puntualidad gringa. Cuantiosa fortuna que lo evapora el poder absoluto de la ambición desmedida de la riqueza impronta.

La salud del venezolano está en detrimento. Lo evidencia el sufrimiento entre sala y sala de los hospitales con la mirada que no miente de médicos y enfermeras que diario se enfrentan a una realidad que estremece a una nación, donde las epidemias cobran actualidad en decesos y profundas dolencias. Unos y otros en constantes esfuerzos, nada pueden hacer ante las carencias de los medios indispensables que la salud requiere, más que llevar a cuestas también el dolor que los invade. Deprimente es ese cuadro en esta nación víctima del derroche de los fondos públicos que dejan en miserable estado los centros asistenciales, donde la población acude en procura de atención a sus problemas de salud y, tan solo, miradas de tristeza constituyen la evidencia de los padecimientos que la asistencia social experimenta.  

Pero el galeno mira a su alrededor y hace de tripas corazón con la consistencia en su formación profesional. Es parte de la realidad que lo estremece pero  también lo compromete y convoca a luchar entre las dolencias y carencias. No desmaya ese profesional y busca lo elemental para el alivio del paciente que lo mira incesante en ayuda para atenuar la dolencia que padece. Mientras tanto la impotencia que desnuda la realidad de la salud en Venezuela se muestra por las carencias incomprensibles que se viven ante lo esencial que no se encuentra. Ese medicamento que necesita el niño para su curación y así  devolverle también la tranquilidad y el sosiego a la madre que tan solo una oración le da fuerzas para no desmayar. Pero además, deja en el médico la tranquilidad para enfrentar lo que a diario vive en el cumplimiento del juramento hipocrático. Esos médicos no se resignan a la desgracia de un país que la mentalidad del atraso y la ambición de la riqueza impronta, mal habida de grueso tenor, mantiene en graves carencias y dolencias infinitas a la población venezolana.

Tenemos una sociedad que evidencia la fortaleza del venezolano en la lucha para vencer las dificultades. Son muchas esas dificultades a diario por cuanto estamos frente al desbordamiento de la ambición de poder que busca el sometimiento generalizado al zarpazo del estado sombrío donde nada es posible más que la condena al suplicio. Esa es la norma de los regímenes absolutos que están  fuera de toda razón de causa social. Constituyen por tanto lo contrario a lo que la convivencia social demanda en la sociedad civilizada.   

En propósito común, es precisamente la fuerza de la lucha de todos los sectores de la nación por lo que Venezuela se levanta con fe republicana  y afán democrático. Ahora más que nunca hay un pueblo que hace suya la razón de la paz y la convivencia en plenitud de la salud y seguridad. Es lo deseable.