• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

Al instante

Es el momento del cambio

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Transcurre el tiempo y se agudiza la crisis. Venezuela está en el límite de un estallido social, por lo que cobra preeminencia la unidad nacional en la calle para el cambio democrático. Premura del cambio para un gobierno democrático es lo conducente. La misma oposición está jugando con candela si no actúa con determinación y le pone punto final a lo que nunca debió ser en Venezuela. La oposición decisiva en la Asamblea Nacional para el relevo presidencial tiene que hacer lo conducente como lo demanda el pueblo venezolano. La población vive una aguda situación de empobrecimiento que es viva muestra de lo indeseable para una nación en la que el torrente de petrodólares desbordaron pasiones de impronta riqueza. De eso da cuenta la prensa internacional por la forma desaforada de lujos y gastos exorbitantes de quienes dilapidan a manos llenas el dinero de todos los venezolanos.

Es de afirmar la actitud perversa cuando todavía exhiben fastuosas pretensiones de lo inaudito frente a las grandes carencias económicas que tienen lugar en el país. Ante toda esta situación de destrucción del patrimonio económico de los venezolanos, la unión tiene que ser activa y perseverante en la defensa de la vida de millones de seres humanos.     

Los días se cuentan en noches interminables con el escalofrío de la violencia que no cesa en lugares humildes y que, en su tenaza de violencia toma ya otros espacios ante una población que no encuentra una orientación decidida al cambio y al orden para la convivencia y la paz de los ciudadanos. Hay que actuar y pronto ante la gravedad de la crisis.

Venezuela está sumida en un estado de carencias diversas que conducen a la supervivencia del propio riesgo. A eso se ha llegado en una nación donde la convivencia social era envidiable en América Latina y se veía con admiración en otras latitudes.

Hambre y violencia hay ahora en un país petrolero con un alto ingreso nacional que bien podría significar la manera concluyente de justa distribución de sus ingresos en el bienestar económico social de la población. Pero en el corto plazo desde el último año del siglo pasado hasta nuestros días, el ingreso nacional en dólares provenientes del petróleo, que se cancela en dinero contante y sonante es solo un espejismo para el pueblo venezolano puesto que cae en el saco sin fondo de la corrupción. De la degeneración con el saqueo de los fondos públicos que arrasa y deja inerme una población con necesidades perentorias. El precio del barril de petróleo venezolano apenas está por encima de los veinte dólares.   

Nada es producto de inventos o convencionalismo políticos. Allí está el país en el penoso cuadro de lamentaciones en procura de financiamiento externo que se evaporan como agua hirviente. Una situación que convoca al sentimiento de unidad nacional para las soluciones imperativas de la emergencia y las soluciones pertinentes con un gobierno serio, honrado e inteligente. Este régimen ignorante y perverso no puede continuar. El pueblo democrático de Venezuela tiene que asumir su propia conducción política para abrir camino de recuperación económica, honradez administrativa y paz.   

Petróleo y corrupción en Venezuela es lo que corre por todos los medios que abren noticias de lo que pasa día a día en el mundo. Es ese diario movimiento del acontecer en que corren las horas y las colas de hambre en todos los estados de Venezuela. Es todo un cuadro de preocupaciones y hasta de violencia con muertos y heridos. Es lo que con alarmante preocupación reseñan los medios. “Venezuela en graves problemas de escasez de alimentos”. 

Duele mucho saber que es cierto: “Niños mueran de hambre en Venezuela”. Y además, porque ante sus padecimientos, el medicamento para atender los problemas de salud escasean en el país. Esta es la realidad venezolana que nos llama al compromiso de la lucha por la libertad y la vida.