• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

Al instante

Diez minutos y basta

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Les impusieron diez minutos… y chito. Están allí puntuales y cabizbajos, porque el mandador no pierde tiempo. Ojalá estuviesen por esos estrados parlamentarios donde se debaten los grandes asuntos del país, un grupo de vendedoras del mercado de Porlamar, para que vieran cómo se defienden los derechos de los venezolanos. Cómo se bate el cobre cuando la valentía se asume y los derechos se defienden con coraje y firmeza.

Un país con todos los recursos naturales que otros desean tener, quizás no tanto en la misma proporción, porque en el caso venezolano la sabia natura se inclinó a nuestro favor. Recursos que asombran por la diversidad que representan como minerales de gran valía para el desarrollo industrial. Pero no obstante, estamos consumidos por el afán conquistador de riqueza contante y sonante que dejan en el esterero lo que representaba posibilidad para el bienestar de los venezolanos.     

Pero estos son tiempos de los oradores para la estufa… y ni un minuto más. Se dijo y lo impusieron sin chistar. Son diez minutos y basta. La mal llamada oposición en la Asamblea Nacional es un cuadro de mala muerte. Pero es que ni siquiera abandonan las sesiones en señal de protesta cuando lo que está en el orden del día, de una u otra manera, amerita hacerlo en correspondencia con la representación que se tiene. Calientan sillas y cobran puntualmente. El régimen –entonces– goza y celebra. No es para menos. 

Por todos los pueblos de este país sumido en graves padecimientos, los que están en abierta y valiente oposición son incómodos para la conveniencia del estatus. Ni siquiera hacen coro de voces sutiles en llamados de angustia frente a lo que a diario sucede en todos los lugares de Venezuela, donde pernocta la población a ver si logran encontrar un paquete de harina precocida al amanecer. Mundo de Dios, es el venezolano con santos de punta a punta y fiestas patronales a granel.

Este es el país que parece acostumbrarse a la escasez con petróleo que alimenta la gran oportunidad de los vivos de la gallina de los huevos de oro negro. Qué cosas tiene la vida… y mientras tanto, con gorrita ocho estrellas, los manganzones de la “MUD”. 

Se vive en Venezuela en pie tempranero la cola. La cola para la harina de maíz, el pan (dos canillas por familia). Mantequilla (no hay), aceite de comer (entre veces), plátano amarillo (sesenta bolívares por unidad), carne (artículo de lujo), pescado (por las nubes). Otros rubros, cuando el barco llegue que viene de Argentina.

Escasez en Venezuela sí hay y hambre también. Carencias hay en los cuatro puntos cardinales. Así las cosas, las calles no cesan del trajinar incesante de la escasez.

La impaciencia frente a lo impensable en Venezuela sigue su curso. Todo lo que golpea más y más está en todos los stand del hambre. Empero, hay seres humanos pensantes y corajudos en este país que todavía exporta petróleo a cincuenta y pico dólares el barril, que no pierden la fe. Pero que además, cuentan con quienes no viven ausentes de esta desgracia devastadora que, más temprano que tarde, llegará a su fin.


E-mail: bello.rafael@yahoo.es