• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

Al instante

A la deriva y estamos en julio

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Cada día el panorama venezolano se torna preocupante. Pasan los días, siguen las semanas y el tiempo no cesa en la espera que deja su estela de desconcierto donde en muchos casos se va la vida, por cuanto la tristeza deja en la familia dolencias infinitas ante las dolencias que a diario tienen lugar. Allí está el cuadro: triste, lamentable y trágico de una población sumida en graves problemas.

La escasez. El país en la escasez de los productos alimenticios y medicinas. No hay: desespera. No hay, se vuelve inquietante afán de las personas frente a una situación que condena a infinitas dolencias frente a las carencias diversas que se viven en Venezuela. Entonces, la vida de los venezolanos cobra dimensiones de inestabilidad social en la que apremian actitudes humanas nobles y decididas a las soluciones para la tranquilidad de millones de seres humanos.

Pasa el tiempo y ya casi a medio mes de julio. Estamos a la deriva los habitantes de esta nación ante circunstancias de impredecibles riesgos que, por su magnitud de efectos imponderables, tanto en el ámbito social, como económico y político, para no entrar en otras consideraciones, en los que sus consecuencias alteran la convivencia y podrían producir situaciones de graves conflictos sociales que ya dejan escalofriantes hechos: en los registros de la morgue de Caracas la realidad semanal sobrecoge y configura un cuadro aterrador inimaginable que solo toma los datos de la zona metropolitana.

Entonces, los ciudadanos de esta Venezuela dolida por sus diarias carencias que requiere de los medios permisibles para atenuar sus imperativas necesidades de alimentación, fundamentalmente, asumen el compromiso de la lucha en la calle en demanda de contundente acción de la dirigencia opositora para que responda frente a la gravedad de una crisis que obliga a las salidas necesarias para la paz de la nación. La acción de movilización de los venezolanos en las calles es para producir efectos contundentes que hagan posible la vida en paz de los venezolanos.

Precisamos de una actitud relevante y valiente para la solución de una crisis generada por el abuso del poder. De una crisis generada por la perversidad en la apropiación de los bienes nacionales. Por el derroche de los dineros públicos que deja en clara dimensión, la perversidad politiquera, afrenta de la significación elevada de la conducta de la lucha social, con lo que desde hace ya largos años representa, producto de la degeneración, que priva a los millones de venezolanos de los medios indispensables para su alimentación y atención a sus  padecimientos.

Estamos en julio del presente año y la dirigencia política opositora, la que suma las dos terceras partes de la Asamblea Nacional, pareciera que le temblara el pulso. Que el temor los consumiera y el sentimiento de la grandeza venezolana que significa la libertad con las siete estrellas del tricolor nacional, fuera inexistente en esta hora donde se precisa del coraje venezolano. De la grandeza nacional y espíritu de la libertad.

Ha llegado el momento de hablar con la verdad y producir los efectos que reclama la sociedad democrática venezolana. Ha llegado la hora de que no le tiemble el pulso de la libertad y la democracia a quienes dicen defenderla. Ha llegado el momento de rendirles honor a los valientes estudiantes venezolanos, a las mujeres y a todos los hombres, quienes en fe de libertad y unión nacional llevaron en su corazón la Independencia de Venezuela. Ha llegado el momento de romper cadenas y entonar con la firmeza de una nación soberana: “Gloria al Bravo Pueblo”.