• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

Al instante

La crisis no espera tanto

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Millones de venezolanos no pierden la fe en el cambio que se ve venir en la Venezuela de condición existencial soberana. La sociedad venezolana no se arrodilla ante lo que configura un cuadro lamentable que golpea a diversos sectores de la nación y les produce carencias diversas. Simple y llanamente, este pueblo, abrigado en la historia de libertad, frente a lo que vive actúa con la firmeza de valores y principios que afirman su condición ejemplarmente democrática. Ello se corresponde con la actitud de los ciudadanos que no se arredran frente a las violaciones sistemáticas al orden de la legalidad institucional. Venezuela desde hace más de tres lustros ha sufrido las iniquidades de la perversidad política que ha sumido en empobrecimiento a densos sectores de la población. La crisis en que está sumida Venezuela no espera tanto. Está en el límite de la paciencia.

El aventurerismo politiquero instaurado en el país desvalijó las arcas de la República. Eso que sin eufemismo se traduce en enriquecimiento ilícito, lo que conlleva en su momento acciones ejemplares de la defensa del patrimonio de todos los venezolanos. Eso ha representado la perversión sistemática producto de la ambición y apropiación de los fondos públicos de la República de Venezuela. La apropiación indebida con el ingreso nacional, deja ya un panorama de pobreza en la Venezuela que era bandera en logros determinantes de sostenido crecimiento económico y social.

 Un país con recursos envidiables. Con la disposición y, en ello, el afán del impulso sostenido que emergía sólidamente hacia niveles envidiables de su economía. El campo productivo se hacía sentir y el compre venezolano representado en una iniciativa de logros del sector privado, daba pie para la prosperidad en el campo. Una nación que se esforzaba en la producción nacional. Una lucha democrática hacia la prosperidad del país.

Pero la mala hierba deja sus efectos. Destrucción, empobrecimiento, corrupción y violencia inaudita con una larga cadena de muertos cada semana. Es el resultado de todo este tiempo de vagancias dolarizadas que no dejan dudas de la mentalidad del atraso desde 1999.

No obstante, las conquistas en el tiempo democrático no se han perdido en su totalidad. Hay una mentalidad democrática que en manos de la juventud y los sectores de fe y gratitud no lo vence nadie. Sino que la hacen suya con una actitud valiente, presente y dispuesta en la lucha democrática. El pueblo venezolano no cree en posturas electoreras fuera de lugar. Asume ahora más que nunca una posición histórica de libertad.

Una juventud que estudia  y no la vence la oscuridad. Una juventud que se abre paso y… “su espíritu rebelde de lucidez y fortaleza espiritual, con sus actitudes y voces de viva Venezuela libre, democrática, de derechos y civilidad, se abraza en los más apartados lugares de nuestra geografía y asume con valentía su responsabilidad histórica y lucha con afirmación de fe en el porvenir democrático”.

Todo este largo tiempo que va desde el final del siglo XX, concretamente, desde 1999, hasta nuestros días, ha representado la más absoluta muestra de la ambición desquiciada del personalismo, es lo que deja como experiencia en esta nación de la lucidez intelectual, de la proverbial manera de la construcción de la modernidad. Esa ambición nefasta de la degradación y del atraso representa la condición perversa de la apropiación indebida sustentada en la depravación a todos los niveles de la administración pública.

El país está consumido en carencias de diversa naturaleza. Pero con la fuerza de su condición libre y soberana que son capaces de vencer la oscuridad y abrirle paso a las luces del saber. Así con la honradez y la soberanía de su condición existencial, podemos romper las cadenas del odio y el atraso. Unidos… vamos a hacerlo.