• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

Al instante

El apremio de los días

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Imaginar la sumisión fatídica de la ignorancia en la condición natural del  venezolano es todo lo contrario de su elevada razón de ser. Porque priva el fundamento de dignidad, condición y espíritu libre del venezolano. Venezuela no es pueblo sumiso. Y no lo es porque lleva la libertad en el alma, lo que constituye algo más que el diario vivir en las ausencias de lo esencial para la subsistencia. Jamás representa la sumisión ante la opresión: lucha y hace suya la libertad. 

Está el país ante un cuadro pertinaz de estados emocionales que desencadenan desequilibrios mentales. Ante ese estado de ausencia de la cordura y, naturalmente, de la serenidad, que es proverbial y por lo demás exigente, se aviva la responsabilidad y el equilibrio es relevante en la actitud de los ciudadanos frente a ese estado descompuesto que golpea la vida de millones de venezolanos. El desenfreno totalitario hace aguas y los días son agónicos frente a lo que se ve venir…  lo que es inevitable.

Entonces está ojos visto la realidad que colma la impaciencia colectiva día tras día en un país que, como Venezuela, está sometido al saqueo de sus recursos. Al saqueo durante más de quince largos y penosos años, de sus ingresos económicos, todo lo cual ha sido producto  de la perversión política que deja profundas grietas en la tranquilidad ciudadana y en la organización institucional de la república. El siniestro totalitario destruye, empobrece y convierte en miseria lo que antes representaba emprendimiento y crecimiento sustentable.

Hay una fuerza que desde hace tiempo dejó atrás la pasividad y asume su papel de consistencia en la lucha por la preservación de los valores democráticos. Es la sociedad democrática con el vigor del pensamiento libre y el entusiasmo de una juventud valiente que hace, del porvenir, su determinación de fe republicana. Esta juventud que estudia y lucha no se entrega. Levanta las siete estrellas en su tricolor de gloria y abre caminos de cambio para la reconstrucción de la nación. Hay fe. Hay lucha y hay consistencia en la preservación de la libertad y la  paz.       

En tal sentido el apremio de los días llama la atención de hombres y mujeres para la convivencia y el encuentro formidable de una nueva manera de ser y proceder. La situación venezolana de empobrecimiento generalizado y violencia inaudita, deja un arcoíris de compromiso histórico de libertad: amarillo, azul y rojo con siete estrellas en su corazón.   

De esta manera concluyente se extiende un lastimoso cuadro de destrucción que priva a grandes sectores de la población venezolana de los medios fundamentales para la subsistencia. Escasean los alimentos, las medicinas y, en grado superlativo, todo cuanto tiene que ver con la seguridad de la vida. Los centros asistenciales constituyen el dramático cuadro de la escasez y la impotencia ante las enfermedades que dejan en la orfandad temprana a madres, padres e hijos.

Que Venezuela esté viviendo una situación de tal naturaleza tiene que llamar a la conciencia del deber que obliga al derecho insustituible de la solidaridad humana. De manera expresa y determinante la solidaridad de la lucha. Los apremios de los días hablan de libertad, de derechos humanos y de la defensa del patrimonio de la nación.  Hay ausencia de una conducta dirigente –no toda– que deja entrever una suerte de conformidad en la aceptación de los lineamiento que son práctica común del autoritarismo.

Frente a ello está la consistencia de la lucha unitaria del cambio: sin entreguismos ni componendas.  Es el poder inextinguible de la Venezuela democrática.

 

bello.rafael@yahoo.es