• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

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Rafael Bello

Es ahora la unidad de 1958

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Lugares de encuentros y compromisos. Están en las calles de Venezuela que tienen historia de libertad. Son los espacios que bordean montañas y el inmenso azul Caribe. Es la Venezuela de la rebeldía de siempre donde el tiempo y el acontecer de todo cuanto se autentica con hechos irrebatibles dejan sus huellas sin olvidos. Son los espacios eternos por donde transita ahora, otra vez, la canción nacional “Gloria al bravo pueblo”. La canción de 1810. De La Victoria y Carabobo.

Es la presencia de un pueblo que hace suyo el derecho supremo de la conciencia soberana. Es ahora otra vez el llamado de la libertad de 1958. Y por eso el himno de la patria no cesa en las voces de la juventud venezolana. Es este pueblo con tradición de libertad que, con su juventud al frente, lucha por sus valores y principios democráticos y que no se rinde ante la opresión, la prepotencia del odio y la apropiación inaudita de los bienes de la República de Venezuela.

Estamos los venezolanos ante un compromiso sin límites que nos convoca. Es el momento que llama a la acción contundente del cambio democrático. El cambio que se hace sentir de la unidad nacional que no puede ser, de ninguna manera, ni electorero convencional ni oportunista sumido en el cálculo miserable y artero. Esta actitud venezolana del momento ha de ser para lo que representa lo fundamental en la preservación de los derechos a los que nunca se renuncian. Es a todo evento, la actitud de lucha democrática en la calle lo que hace posible la vigencia de la libertad en la nación ahora y para siempre.

Porque Venezuela es historia de libertad que ya, en estos momentos el espíritu libre de la sociedad venezolana, deja sus huelas en las calles donde la juventud asume su compromiso de lucha para la eternidad en la gloria con su ejemplo. Por eso el llamado de la juventud es a defender la libertad y lo representa: la valentía que se hace sentir en todas las regiones de la nación.   

Eso es lo que tiene trascendencia en la historia contemporánea de Venezuela con la actitud desprendida de la juventud en la defensa de la libertad, en la unión de los ciudadanos que se manifiesta en la lucha de la soberanía nacional.

Estamos ante hechos que no tienen vuelta atrás. Estos hechos los protagoniza el pueblo con su liderazgo auténtico, inteligente y activo en las calles. No está dado en la medida de los encuentros tras tienda, entreguista y miserable.

Estas líneas maestras de la conducción soberana de Venezuela frente a un régimen opresor, tiene la orientación de la unidad nacional y el sentimiento de la venezolanidad. Del derecho que envuelve la condición de ser libres y vivir bajo el amparo de la dignidad humana con principios y derechos democráticos. Esta es la lucha que abre senderos de libertad en la Venezuela del presente y para el porvenir.  

Y es en esa actitud consecuente, activa y ejemplar, que la presencia de la nación está en la fuerza formidable de sus legítimos defensores que no permite el vasallaje. Que irrumpe contra los regímenes totalitarios que son contrarios al espíritu nacional de dignidad, convivencia y paz de los venezolanos y de los seres humanos en general. Esos regímenes dictatoriales sojuzgan la voluntad de los ciudadanos en el derecho existencial de ser libres y hacer posible una sociedad cimentada en valores y principios democráticos.

Contra ello se lucha. Este pueblo venezolano no permite el autoritarismo lacerante que se cree con el derecho de convertir a Venezuela en un campo de atraso y miseria generalizada. Contra ese estado enfermizo del aventurerismo autoritario es que los venezolanos asumen el compromiso de la unidad nacional para una Venezuela en su capacidad creadora y sostenida de lo que es posible: desarrollo y paz en libertad y democracia.