• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

Al instante

La agonía del autoritarismo

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Por lo menos un siglo estaremos en el poder, solían decir con el desparpajo arrogante los envalentonados que se creyeron dueños y señores del destino de los venezolanos. No se imaginaron que algunos años después ante el desastre consumado contra las finanzas públicas, estarían cumpliendo condenas en cárceles del imperio y otros en vías de estarlo, por lo que ya son hechos que abarcan centimetraje en los diferentes medios de comunicación del  mundo. Todo cuanto se creía imposible se está viendo, mientras nada puede detener el ímpetu colectivo venezolano del cambio. Eso que llamaron revolución se diluye en la perversión del poder abyecto.

El resultado es la autenticidad de la miseria humana prevalida del ese poder irrefrenable del abuso del poder. Allí está el país en la más lamentable situación en la que campea la desesperación de millones de seres humanos que no encuentran los productos esenciales para la subsistencia.

Un país petrolero con altos ingresos que los devora la corruptela que deja una larga estela de hechos que, más temprano que tarde, estarán en el lugar que la conciencia nacional asume en la defensa de los valores fundamentales de la república. Todo ello ha representado la tragedia que vive el país en estos años sombríos de su existencia que se cuentan en tres lustros. 

Es, desde todos los ángulos que se mire, lo más triste que se ha vivido en esta nación durante todos estos largos años cuando estaban dadas las condiciones excepcionales para el crecimiento sostenido de la economía y, con ello, el impulso del bienestar económico y social. Era la Venezuela que miraba con optimismo su porvenir, pero que la política de la miseria humana del oportunismo, configurada en la ambición sin límites de la apropiación del ingreso petrolero, trastocó hasta dejar al país en estado ruinoso y en la más humillante condición de endeudamiento externo.

Todo fue producto de la perversidad consumada con los ingresos de la nación en miles y miles de millones de dólares que ahora forman parte del expediente del saqueo de los fondos de la república. Venezuela ha sido durante todos estos años de la persistente condición delictual con la apropiación de los bienes de la república, la más insólita manera de la corrupción administrativa en lo que va del presente milenio. 

Se cumple el axioma todo tiene su final, es lo que recorre el sentido ético y moral de la sociedad venezolana. Todo tiene su final es eso que avanza en el alma venezolana que le imprime fortaleza a la lucha sostenida en la calle por la valerosa actitud de sus estudiantes que se manifiesta en la unidad nacional que cobra dimensiones heroicas contra el brutal accionar totalitario. La protesta nacional es cívica con las armas de la razón, mientras la respuesta es el accionar de armas de guerra que dejan muertos y heridos. Todo ello es producto de lo que ya se ve venir en el país: el fin de la barbarie que deja su estela de horror en el pueblo venezolano en tiempos que han debido ser deseables de armonía y paz.

Estado agónico vive el régimen autoritario. No es posible el olvido de tanto daño causado tan solo por la ambición del poder y la pretensión hegemónica autoritaria en el tiempo.  

Somos una nación afincada en la fuerza de la dignidad del trabajo y la fe en su juventud talentosa, valiente y desprendida en función del bienestar económico y social de los venezolanos. Ahora: el ejemplo de la lucha del civilismo venezolano, nos colocan frente a la realidad imperativa del desarrollo nacional en la reconstrucción y la paz. Para hacerlo posible es fundamental el espíritu la grandeza de la unidad nacional.

bello.rafael@yahoo.es