• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

Al instante

Rumbo al revocatorio

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Los cambios en el campo de la política tienen su momento. Así como también corresponden a situaciones diversas en el que los intereses de los actores tienen particular interés. No obstante, siempre los buenos oficios dejan su cuota en los propósitos edificantes que siempre privan para evitar situaciones indeseables.

Venezuela transita desde finales del siglo XX situaciones que desdibujan el panorama asertivo de la actividad política en función del servicio colectivo y los propósitos del bien común en el marco de la eficiencia administrativa y la honestidad. Desde ese momento la vida política venezolana torció el rumbo democrático y la perversidad politiquera tomó para su propio peculio el dinero de la nación.

La política tiene que cumplir el cometido inequívoco del bien y la armonía social, por lo que la paz constituye elemento fundamental de sus requerimientos. Entonces tenemos que ser conscientes de ese cometido y hacia allá debemos dirigir nuestras miradas y la actitud persistente de nuestro pensamiento. En el caso venezolano tiene plena justificación ese requerimiento porque está en juego nada más y nada menos que la paz de la República.

Hay momentos que cobran dimensiones estelares en la vida de los pueblos. Venezuela vive uno de esos momentos en los que, tanto la actitud de sus dirigentes democráticos, como el pueblo en general, tienen un compromiso insoslayable de cambio. De cambio para la superación de una lamentable situación que ya lleva largo tiempo en el afán de destrucción general de todo cuanto es útil y necesario para el diario hacer de la colectividad.

Está entonces ya en el ambiente venezolano la decisión tomada de la reinserción democrática. El pueblo fue extremadamente tolerante ante el abuso persistente del daño causado durante largos años al patrimonio nacional. Durante todos estos años se cumplió la funesta manera de la apropiación de los bienes nacionales, así como el daño patrimonial a la República. Y créase que no es una simpleza lo que esta horda de miserables cometió contra millones de seres humanos, quienes ahora sufren las consecuencias frente a las penalidades que se viven.  

Ya estamos frente a la actitud soberana de la reconstrucción nacional. Esta actitud nos convoca en la decidida determinación de la renovación del régimen. Y es por lo que, indudablemente, hay circunstancias ya en el ambiente de una fuerte oleada de nuevos bríos que impulsan iniciativas tendentes a la reconstrucción nacional. Porque el estado ruinoso, después de largos años de atentados sucesivos contra los bienes nacionales, es la muestra patente de la capacidad destructiva de la más perversa manera del aprovechamiento de los bienes de millones de habitantes de esta nación. El asalto contra los bienes nacionales ha tenido durante estos años connotaciones espeluznantes.  

La decisión para ponerle término al presente régimen está tomada. El pueblo venezolano asume con valiente actitud soberana la defensa de su patrimonio nacional. De su compromiso histórico trascendente en el tiempo. Así como la razón de condición de república soberana. Es por lo que el llamado nacional tiene la fuerza de la nacionalidad y los valores intrínsecos de afirmación democrática.

El referendo revocatorio presidencial está en camino. Y renovará los poderes, ejercerá la autoridad y dirá al mundo que la civilidad venezolana tiene la fuerza de la legalidad, la libertad y la democracia.