• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

Al instante

Pura pérdida

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El conteo se pierde porque son miles de millones de dólares los que han sido sustraídos del erario nacional para satisfacer las apetencias insaciables del bandalaje que consume en ruinas la economía del país. Cuenten. Saquen cuentas y miren las ruinas que deja el sombrío proceder totalitario.

Saquen la cuenta desde 1999 hasta el presente de ese dineral en billones sobre billones de dólares que han ido a parar a los fines inconfesables. Esa inmensa fortuna que ha dejado en penurias densos sectores en extensos cordones de miseria, que no solamente circundan el área metropolitana de la gran Caracas, en tanto más en la onda expansiva de la miseria Venezuela adentro.

Allí está el portento petrolero del continente americano postrado en miseria pero superabundante en corrupción. Es la ventana franca y tétrica de la capacidad del cálculo ominoso. De la manera que brinda el momento para salir de la vida honrada, a la otra que no deja de representar, el trance de la oportunidad del enriquecimiento prevalido del poder abyecto. Además de ello, poseído del sobresalto ante las acciones contundes de la vindicta pública que no cesarán ante el señalamiento de la apropiación indebida día tras día.    

Y es lamentable que estemos frente a una Venezuela que apenas puede mantener en funcionamiento el sistema eléctrico nacional que fluye desde el bravío Caroní. Apagones tanto de día como de noche dejan en penumbroso estado una nación con el potencial envidiable de la generación hídrica de Guayana. 

Ya no es ni la sombra de lo que era. Las extensas redes eléctricas que abrían horizontes luminosos en la Venezuela democrática, dejan en agónicos llamados la atención para la renovación de los tendidos que se mecen entre las ventiscas y resisten los embates del tiempo. Están a la buena de Dios y en fe con la Venezuela que habrá de venir con nuevos impulsos, sabiduría y experiencia, así como la consistencia moral del hombre y la mujer para los nuevos tiempos. Toda esa riqueza humana notable y constante del que se echará mano para la reconstrucción del país con la estructura del conocimiento harán posible con ese potencial de saber y experiencias aprovechables, lo que urge en el país en función de las perentorias necesidades.

La impaciencia deja huellas en el descontento. La violencia conmueve en los lugares donde un número de la identidad personal no es admisible ante circunstancias ajenas a situaciones extremas. Toda esta dramática situación que tiene lugar en todos los estados de la República es producto de la capacidad destructiva de la mentalidad del atraso. Está en declive el aparato productivo de la nación. Pero no así el proceder delictual con los ingresos petroleros que alimentan el poder nefasto de corruptelas que se dicen gobierno. 

Alarmante entonces este cuadro de calamidades que crecen, crean desajustes sociales y llenan de conflictos violentos lugares donde antes la armonía constituía la manera expedita de la convivencia en el comportamiento del venezolano.

Qué pasa en Venezuela: pura pérdida. Pura pérdida con un régimen defenestrado de hecho por los resultados que exhibe. Por el empobrecimiento que genera y por el atraso en sus ejecutorias. Qué pasa entonces en Venezuela. La necesidad imperativa de avanzar en el cambio para ponerle término a la destrucción es lo que está presente en todos los lugares. Y ese cambio, por lo demás, es perentorio.