• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

Al instante

Corrupción y miseria

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Crece en la población venezolana el repudio al régimen que en corto tiempo ha dispuesto de recursos económicos sin precedentes en la historia de la República. Es un régimen contrario a la manera idónea de la acción de gobierno democrático.

Cada día hay una actitud sólida de la colectividad para ponerle término a la irracionalidad que lastima el sentimiento de convivencia social y esfuerzo productivo de los venezolanos. Esa actitud miserable del aprovechamiento del presupuesto de la nación para fines contrarios al interés nacional, deja un país atosigado de problemas y una pesada carga de endeudamiento externo. Lo que empobrece y consume la población en penoso estado de miseria.

En consistencia con la fe democrática y en el compromiso de ponerle término a todo este desastre, surge entonces la imperativa necesidad de un gobierno que gobierne. Afirmativo del saber y la decencia administrativa. Digno y perseverante en la honradez. Inteligente, sabio y pertinente para la Venezuela democrática moderna. Las acciones pervertidas con los recursos del estado venezolano muestran la patética condición del abuso del poder que se manifiesta, dolosamente, en el accionar delictivo. Esa es la práctica antidemocrática.

Entonces en su momento, cuando las acciones de la civilidad hagan causa común con el estado de legalidad que la sociedad venezolana hará posible para su general saneamiento, Venezuela hablará con propiedad ante el concierto de las naciones. Porque esta situación de altisonancia con la apropiación de los fondos de la nación tiene que pasar por el ámbito de la vindicta pública para las acciones pertinentes de la moralidad administrativa.

Sobre los venezolanos descansa ahora, más que nunca, la reconducción de la administración pública. Ahora hay la muestra palpable de la aversión por el imperio de la ley por todo cuanto tiene incumbencia con el patrimonio nacional. Acaso no cuenta para nada el cuadro de destrucción en que está sumido el país con una población en el sufrimiento por carencias diversas. 

 Hay una actitud despreciable por la moralidad de la que hace honor la ignorancia alzada, con el uso y abuso de los bienes nacionales. La actitud de la colectividad en defensa del derecho  a la vida está en consonancia, con el reclamo insistente de cambio que ya no es un rechazo pacífico a la destrucción, sino que responde a una realidad social muy grave que cobra cada día vidas del venezolano, sobre todo de inocentes criaturas.

La situación económica priva al venezolano de sus posibilidades de alimentación. Crece de manera peligrosa el delito. Lo que ya pinta un cuadro triste que enluta familias en todos los estados de la república. Las acciones delictivas son de grueso tenor en la sociedad venezolana. Y es que sería iluso pensar que la corrupción galopante que muestra la cara adversa de la moralidad administrativa, no produjera sus efectos devastadores en el ámbito social con hechos condenables desde cualquier punto que se mire con la preocupación que el manifiesto cuadro de descomposición conlleva.

El cambio ya une a los venezolanos. Son pertinentes en lo inmediato las acciones contundentes de los medios representativos de la sociedad en su legítima defensa. Con la afirmación valiente de una actitud efectiva de renovación para una inmediata conducción democrática que evite en la población venezolana el desbordamiento violento indeseable.

 Cada día avanza el rechazo del pueblo venezolano contra un régimen condenado al desprecio nacional por toda su ejecutoria dictatorial. Hay un país ávido de nuevo gobierno. Es lo que reclama el venezolano.                  

 La lucha está en procurar por todos los sectores del país reencontrarnos con la decencia y eficiencia administrativa. Tenemos un país con millones de seres humanos que luchan por un destino de cambio democrático. Hacía allá vamos con la fuerza de la razón en la unidad activa y perseverante.

E-mail: bello.rafael@yahoo.es