• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

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Rafael Bello

Cambio y fuera dice el pueblo

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Se ilumina el firmamento y se mece la luna llena entre los luceros y en la distancia, donde la impaciencia no atina en el sosiego frente a la locura de la ambición desmedida, las culpas dejan su estela de odio y trágicas consecuencias.

Hay que llenar los espacios del cielo venezolano de la grandeza de la libertad y de la solidaridad que el momento impulsa para un destino edificante de la democracia como sistema de gobierno. El pueblo venezolano tiene conciencia de lo que está viviendo cuando sus recursos energéticos son desviados del camino de la eficiencia y la rectitud. No hay olvidos porque la responsabilidad es una condición que se expresa en el compromiso relevante de la dignidad del ser humano frente a las dolencias profundas del venezolano que mira el porvenir en lucha persistente de principios y valores democráticos. Veo ese porvenir en libertad porque Venezuela la lleva en el alma y es lucha franca y valiente en todos los lugares.

Lucha que no desmaya porque existen elementos a los que no se renuncia jamás. Hay lucha de la juventud en unidad edificante y ejemplar de los jóvenes quienes no se olvidan de su propia condición de hombres y mujeres libres. Hay empeño de unidad porque es el requisito insustituible para las grandes victorias de los pueblos cuando el autoritarismo irrumpe con el maleficio de la barbarie. Ese empeño colectivo de unidad no está sujeto a las condiciones de grupos que no atinan con los fundamentos esenciales de la lucha para la plenitud de los derechos exigentes y determinantes del venezolano.

Hay dolencias en el pueblo venezolano cuando vive la escasez de lo esencial para la vida. Hay rechazo del venezolano a una situación insostenible cuando se busca afanosamente el medicamento para aliviar las dolencias de quien espera la salvación a tiempo. Hay entendimiento de lo que pasa porque se sabe hasta dónde la miseria humana trata de aniquilar la capacidad de respuesta de la protesta de los ciudadanos. Esa protesta colectiva se aviva ante lo que siega vidas humanas cuando lo esencial para el ser que requiere con urgencia el medicamento para la cura de sus dolencias ya no se encuentra.

Ante el sufrimiento colectivo se proyecta lo que recorre todos los espacios: cambio y fuera dice el pueblo venezolano. No es una conseja, es una actitud ciudadana ante el dolor que abate. Y se vive entre la fortaleza del amor filial y las dolencias ante lo esencial que escasea para la salvación de los que esperan la medicina de la curación a sus dolencias. Una situación que no puede continuar porque todavía, y en mucho, hay hombres y mujeres que no renunciamos a vivir en libertad y democracia en Venezuela.