• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

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Rafael Bello

Cambio Virgen del Valle

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Navegaba la “perlalópez” con seres margariteños de acendrada condición de fe, espíritu emprendedor y formidable sentimiento de identidad nacional. La Virgen del Valle, marinera también, estaba allí en el corazón de todos quienes miraban al cielo y elevaban una oración en la valoración de cuanto es noble, llena y brota del sentimiento humano.

Nuestra Señora del Valle era también compañera de viaje rumbo a Maracaibo, desde Juangriego, en la isla de las perlas, donde la fe en la libertad es sacrosanta desde los mismos instantes que la divisó el navegante del descubrimiento. Ya en los aciagos momentos de la independencia, la Virgen tramontaba caminos y abría senderos eternos de gloria en el pensamiento libre de los venezolanos. Viva la libertad en la fortaleza que nos prodiga la patrona de oriente.

A la tripulación no le era extraño el silbido del viento entre las jarcias, por lo que no se dejaba para después las medidas de precaución ante el mal tiempo que se avecinaba mar afuera del cabo San Román. Pasajeros y marinos elevaron al cielo una oración en la solicitud de la protección divina. La Virgen del Valle estaba allí y fortalecía el espíritu.

La balandra margariteña al abrigo de la fe abría caminos azules pese a las acechanzas del tiempo y los marinos, hombres de mar que saben hasta dónde la intrepidez se funde con el coraje ante los peligros que acechan, no permitieron que la balandra se hundiera mar adentro con las vidas de hombres, mujeres y niños que la balandra margariteña llevaba en sus entrañas. La balandra encalló en Adícora y los hijos de la Santísima Virgen, todos, pernoctaron en la playa con la gloria de Dios sanos y salvos. Con el tiempo, en el Santuario del Valle, la patrona margariteña los recibió después con el regocijo de la gratitud eterna. Zozobró la embarcación, pero la vida se llenó de amor y esperanza.  

Y se proyecta en el alma venezolana la fuerza de las convicciones en la condición relevante del ser humano que es el espíritu libre. El ciudadano que vence todos los obstáculos habidos y por haber, porque la libertad es el derecho supremo del ser humano. El hombre libre, que se fortalece ante los peligros y hace suya la tenacidad para que resplandezca la dignidad en la conciencia libre de los ciudadanos, no cesa en su constante lucha contra la tiranía que conculca derechos y envilece la vida de los pueblos. Por eso los venezolanos en identidad de sentimientos de fe, vocación en los principios y sus valores espirituales, es capaz de elevarse por sobre las iniquidades para sembrar el alma venezolana de gloria democrática republicana. Y es así la evidencia notable de la presencia de hombres y mujeres que llevan la libertad en el alma. Unos y otros asumimos el compromiso histórico en la condición relevante de sobreponernos a todo cuanto condicione al ser humano a vivir con ataduras. A ser esclavos del predominio lacerante de la opresión.  

Los peligros no envilecen el espíritu democrático de los venezolanos. Los hombres que se llenaron de fe fueron capaces de salvar muchas vidas en esa noche cuando la “perlalópez”, naufragó en las costas de Falcón cuando ya se divisaba el relámpago del Catatumbo. Hubo determinación y la fe abrió horizontes en la fortaleza de quienes jamás dejan de tener esperanzas.  Esa esperanza está en las calles donde la libertad vibra en el alma venezolana.

Ahora más que nunca Venezuela encuentra en sus hombres y mujeres de lucha, constancia y fe la fortaleza para redimirla. Para que la grandeza abra todos los espacios de la geografía nacional y la libertad en plenitud de conciencia democrática, tome el rumbo y conduzca a Venezuela a la unión en el sagrado compromiso de dignidad humana en una nación que nació para ser libre en el tiempo.

bello.rafael@yahoo.es