• Caracas (Venezuela)

Rafael Bello

Al instante

Ahora el referéndum revocatorio

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Es una decisión trascendente que se perfila en lo que va del presente siglo, los venezolanos firmaron en soberana decisión nacional, las planillas para el revocatorio presidencial. Fue un acto soberano, valiente y decisivo para la democracia. El régimen en actitud antidemocrática, apegado a lo que es y representa, busca desconocer esa decisión soberana de los millones de venezolanos que tenemos la firme disposición de reconducir la vida de la nación hacia el marco de la legalidad institucional.

La firmeza y perseverancia de los diversos sectores de la sociedad en la defensa de los valores democráticos no cesa, por lo que mantiene persistentemente una actitud de apego a la legalidad. Y es lo que responde a ese espíritu nacional de hacer causa inequívoca, consecuente e idónea con los derechos fundamentales de los venezolanos. El derecho de elegir constituye un acto de plena soberanía. Así las cosas, hay un pueblo que defiende a todo evento ese derecho de la libre determinación de sus actos, a lo que se enfrenta un régimen que, a todas luces, está en contravención con lo que al efecto pauta la Constitución de la República de Venezuela.  

Entonces, todo está perfectamente claro cuando el régimen brinca, amenaza y maromea, en su desesperación de supervivencia al tratar de distraer la opinión nacional y darle largas al mandato obligante de la Ley Electoral venezolana. Todo ese juego perverso que envuelve hechos que, indudablemente, habrán de conocerse en toda las implicaciones del poder abyecto, lo que evidencia ante muestras irrebatibles tratar con artimañas lo que haga posible retardar la convocatoria del referéndum revocatorio presidencial.  

El régimen está en su juego de ganar tiempo. Ello será posible si los diputados opositores mayoritarios se regodean en la ausencia de la lucha que no tiene después. Porque la sociedad venezolana espera la determinación de la lucha en la causa que no ha de tener tardanza. Esta es una lucha que ya no puede distraerse en el tiempo ni caer en la estrategia autoritaria.

La crisis no es un festín para regodearse con el sufrimiento colectivo por cuanto tiene implicaciones que no pueden pernoctar en el accionar alucinante destructivo que está activo en la intolerable actitud antidemocrática. La crisis económica con fuertes presiones en el ámbito social colma ya la paciencia del pueblo venezolano, por lo que amerita atención pronta y eficiente. Lo que se vive es un problema social muy grave que ya es decisivo en el accionar colectivo que no cesa en las protestas, por cuanto tiene todas las razones para el reclamo insistente con el relevo del régimen en las calles de todo el país.

Venimos los venezolanos de un largo período de libertad que está presente en la conciencia democrática, ahora más que nunca, en activa determinación de los ciudadanos que no rehúsan el compromiso histórico de las libertades públicas.

Allí están las planillas firmadas con el coraje de la libertad estampadas por los venezolanos, mayores de edad e inscritos en el Registro Electoral. Todos, hombres y mujeres que son perfectamente hábiles para ejercer su derecho al sufragio. Y con ello preservar la paz de millones de venezolanos al destituir lo que desde hace tiempo es violatorio del Estado de Derecho de la alta representación de la nación.

Este hecho, significativamente, es lo que en el presente altera el marco institucional y, con ello, la legalidad democrática en el ejercicio de la Presidencia de la República de Venezuela.