• Caracas (Venezuela)

PRINT

Al instante

David Bowie no está aquí

David Bowie

David Bowie

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Caminas un día por la Calle Crosby de Nueva York y buscas el número 49. Ves el Starbucks de la esquina, el restaurante turístico de la otra acera, la tienda de utensilios de cocina y piensas “aquí estuvo David Bowie”. Llevaban años sacándole fotos furtivas por este barrio. Las conocías todas: la de la bufanda a cuadros y su esposa Iman y su hija Alexandria, la de la boina negra y la cartera de cuero terciado, la de los zapatos de goma amarillos y la bolsa de insumos de pintura. Qué humano te ves, Bowie –decías– ojalá el cáncer no se coma a Ziggy.

Pero te habías despedido de él; todos lo hicimos. El de las fotos era un abuelo elegante tan ajeno al del Reality Tour que cuando en las Olimpiadas de Londres corrió el rumor de que cantaría dijiste “no, ese carajo se fue”. Y ahí está el problema de las despedidas imaginarias, ya lo sabes: la gente sólo se va cuando la olvidan y tú, que trotabas más duro cuando Bowie grita “¡Gasoliiiine!” en “Cat People”, que citabas “Little Wonder” para defender sus años noventa, que cerrabas los ojos y movías la cabeza en lo de “Ch-ch-ch-ch-changes”, nunca le dijiste adiós.

Bowie no volvió el 8 de enero de 2013, sólo se demoró un poco más en llegar al siguiente día.

Escuchaste tantas veces “Where Are We Now?” desde entonces que hasta te dieron ganas de conocer Berlín. No la de ahora, con sus galerías y sus hipsters, sino la de aquellos tardíos setenta en los que Bowie dejó el hábito de guardar su orina en la nevera para que no cayera en manos de hechiceros ni de extraterrestres. Cuatro minutos dedicados a la Berlín de Potsdamer Platz antes de su cúpula iluminada, a la Berlín Este y Oeste con 20.00 personas que cruzan Bösebrücke por primera vez para dejar atrás un muro. “Los dedos cruzados por si acaso”, dice Bowie volviendo la vista no como quien extraña una época mejor, sino como alguien que se pregunta en qué lugar nos dejó el tiempo. “¿Dónde estamos ahora? ¿Dónde estamos ahora?”, no importa “mientras estés tú”, se responde. Qué bueno sigues siendo.

La espera se hizo larga hasta el 8 de marzo y las 17 canciones de The Next Day. ¿Qué tanto de este lamento distante habrá en todo lo demás? Berlín era la respuesta, una ciudad donde todo dejó de ser y sigue siendo.

Has aprendido a querer The Next Day porque entendiste que no es un disco del tipo “este es un punto y seguido en la carrera del autor”, sino un animal más extraño, una especie de centrífuga que acelera para llegar al pasado, un artefacto para inventar la nostalgia otra vez. Es Bowie diciéndole adiós al Bowie del futuro y es raro eso, ¿no? El hombre del espacio exterior le da paso al hombre del espacio anterior.

Nunca invertiste mucho tiempo en discutir si su voz es mejor que la de Freddie Mercury o la de Otis Redding o la de Robert Plant. Sí, todos son muy buenos pero Bowie es el narrador más versátil, decías con voz pausada cuando todos se callaban –alguna vez fuiste tan sifrino que usaste el término storyteller– y ahora que te detienes en estas nuevas canciones lo recuerdas: Bowie actúa las canciones como nadie.

El barítono de Brixton igual te lleva por un delirio rabioso en “The Next Day” como por la seducción comedida de “Dirty Boys”; igual años setenta en “So She” como años noventa y trip hop en “If You Can See Me”. Veinticuatro discos después Bowie insiste en ser relevante y, sin tener una canción que pueda mirar de frente a las mejores de su carrera, la sensación final es mejor que la de Heathen, Hours... o Never Let Me Down. Quizás como nunca en los últimos quince años aquí Bowie supo a qué quería sonar; o mejor dicho, a qué no quería sonar: a rockero joven y vanguardista. El otro día leíste que en la India algún líder espiritual, de esos que se mueren con lingotes de oro bajo el colchón de paja, le decía a sus discípulos que sólo debemos recordar lo desconocido. No sabes con qué se come eso, pero The Next Day suena así.

Te has visto contaminado por la furia de “Love Is Lost”: la monotonía rítmica, la guitarra de Jerry Leonard, la batería de Sterling Campbell, el coro maldito, el desprecio en el énfasis de Bowie, las frases otra vez con pasado: “La hora más oscura / y tu voz es nueva”. Creías que en “The Stars (Are Out Tonight)” habría algo de Ziggy. Y lo hay, pero hecho polvo cósmico: “Las estrellas nunca duermen/ ni las muertas ni las vivas”, lo mismo que en la esquizoide “If you Can See Me”, donde le canta al miedo a las ventanas traseras. Ver el cielo oscuro desde un carro que avanza a la velocidad de la luz; verlo desde la ventana posterior con la inquietud de lo que queda atrás.

Hay una preocupación por la idea del hogar en casi todas las letras y el agua es un motivo reincidente, quizás por aquello de que si metes la mano en un río el agua siempre es otra aunque el río siga siendo el mismo.

Has pensado en dedicar “Boss Of Me”, porque aparece el portentoso registro vocal de Bowie, sólo que temes ser malinterpretado: “Quién lo habría soñado / que una chica de pueblo como tú / sería mi jefa”, así que tu segunda opción es la edulcorada “Dancing Out in Space”, con sus coros de cuando el rock aprendía a ser rock.

Y es tan grande Bowie –dices– que le dedica “Heat” a Yukio Mishima y “(You Will) Set The World On Fire” a una época de gigantes: a Phil Ochs, a Joan Baez, a Bob Dylan, al East Village, a los años en que la música sabía protestar. “Tú estas en el bote, nena/ nosotros estamos en el agua”, cantas y sabes que envejeces porque en los tiempos de Lady Gaga te ves defendiendo a Madonna en voz alta. Con orgullo.

Las armonías rotas de “How Does The Grass Grow?” te hacen desafinar y como estás convencido de ser un viejo haces tuya la pregunta de Bowie: “¿Me amarías todavía/ si el reloj pudiera ir hacia atrás?” y cuando llegas al momento crooner en “You Feel So Lonely” y escuchas eso de que “El olvido se adueñará de ti”, te haces la pregunta: ¿cuánta nostalgia cabe en el rock?

Ahora que estás frente al número 49 de la Calle Crosby y ves la puerta del estudio donde se grabó The Next Day en medio de un silencio improbable piensas que Bowie no volverá a aparecer por estas calles porque se mudó a un universo paralelo donde es todos los Bowie del pasado, simultáneamente. The Next Day es un agujero negro, lo entiendes, por eso tocas la puerta del estudio con la esperanza de encontrártelo hoy hace año y medio, grabando una canción.

—Buenas tardes, ¿se encuentra el señor Bowie?

—No, David Bowie no está aquí.

Es el problema de estar en todas partes.