• Caracas (Venezuela)

Política

Al instante

El turno del buen oyente

Nicolás Maduro inició su carrera política al militar en la Liga Socialista. Cuando era joven, llegó a dirigir el sindicato del Metro de Caracas | Foto: Archivo

Nicolás Maduro inició su carrera política al militar en la Liga Socialista. Cuando era joven, llegó a dirigir el sindicato del Metro de Caracas | Foto: Archivo

Cuando está en un acto oficial, casi siempre un par de pasos detrás de Hugo Chávez, Nicolás Maduro suele tener las manos agarradas detrás de la espalda, en ese gesto precavido que hacen las personas muy altas para no perder el equilibrio después de varios minutos de pie

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cuando está en un acto oficial, casi siempre un par de pasos detrás de Hugo Chávez, Nicolás Maduro suele tener las manos agarradas detrás de la espalda, en ese gesto precavido que hacen las personas muy altas para no perder el equilibrio después de varios minutos de pie. Otras veces deja caer los brazos, sin tensión, a los lados del cuerpo.

Así, con un rictus de compostura, puede estar durante horas, las que sean necesarias, sin distraer al Presidente ni a los que los miran. A pesar de su complexión maciza, Maduro no eclipsa a los que lo rodean; es un buen oyente y sabe administrar sus sonrisas. Si le toca hablar, tomará el micrófono con suavidad y rozará –con frecuencia de tic– su negro y abundante bigote con el labio inferior. A veces subirá el tono, disparará frases en contra del imperialismo y de la burguesía, pero no arriesgará demasiado. Y siempre retomará la seña del bigote.

Pero, en abril de este año, en un acto frente a la Embajada de Cuba, en Chuao, en el que conmemoraban el ataque a esa sede durante el golpe de 2002, se arriesgó. “Así será la calaña de estos sifrinitos, mariconsones, fascistas, que pretenden darle lecciones al pueblo de Venezuela. Pero no han podido con el estirpe libertador de nuestro pueblo y no podrán jamás”, dijo, sujetando una flor roja. Rápido, sin embargo, se retractó: “Le pido disculpas, si alguien se sintió agredido por una expresión que tenía otra connotación, me disculpo”. Apeló “al calor de los recuerdos” para justificar el uso del término “mariconsones”, muy común en Cuba, adonde el canciller ha acompañado, fielmente, a Chávez en sus terapias contra el cáncer.

“Seis años y tres meses”, respondió con precisión Nicolás Maduro cuando Hugo Chávez le preguntó el sábado en la noche cuánto tiempo llevaba ejerciendo el cargo de canciller de la República. Nacido el 23 de noviembre de 1962, pareja de Cilia Flores –procuradora general de la República–, conductor de Metrobús, fundador del sindicato del Metro de Caracas, militante de la Liga Socialista, del MBR-200, del MVR, constituyente, diputado, presidente de la Asamblea Nacional, canciller y vicepresidente, se convirtió a partir del sábado en el delfín de Chávez.

“Era un luchador social de Coche y eso mismo trató de llevarlo como sindicalista al Metro de Caracas. No figuró mucho un grupo que formó al comienzo llamado Asociación Unida de Trabajadores del Metro, a la que no se afiliaron más de 60 personas. El Metrobús se inició en 1987 y él llegó después, no fue de la cohorte de choferes fundadores. Empezó su carrera como operador de Metrobús y así la terminó; no fue promovido en la empresa porque, entre otras cosas, su actividad política le tomaba tiempo”, recuerda un ex empleado del Metro de Caracas que trabajó allí 30 años.

Los intereses políticos de Maduro lo acercaron a la figura de Chávez después del golpe de 1992. Su pareja, Cilia Flores, frecuentaba a los militares como abogada defensora y allí nació el vínculo que, hoy, lo convierte en el hombre fuerte del Gobierno. No sólo el poder ha unido a Nicolás y a Cilia. La web radiosai.org publica en sus páginas que en 2005 la pareja visitó en India a Swami, un gurú del hinduismo, que los recibió en una audiencia privada. Una fotografía en la página –Maduro de blanco y Flores de beige con el tradicional lunar rojo en la frente– deja constancia del encuentro.

La dupla Maduro-Flores ha estado en la presidencia de la Asamblea Nacional la mayor parte de los 14 años de gobierno chavista: él desde 2000 hasta 2005 y ella desde 2006 hasta 2011. “Maduro es un venezolano típico, echador de broma, inteligente. En el año 2000 no tenía mucha fuerza dentro del partido, pero se veía que era muy movido. Después de la salida de Luis Miquilena tomó una posición más beligerante y llegó a ser presidente de la Asamblea. Era una persona con quien se podía conversar, de los pocos con los que se podía hablar. Tuvimos muchas diferencias políticas y personales, pero tenías acceso a conversar con él, que ya en esa época era un hecho excepcional”, recuerda Ramón José Medina, diputado.

A pesar de su moderado perfil y temperamento, la polémica ha rodeado a Maduro: en 2002, Paciano Padrón y Manuel Carpio introdujeron una denuncia por enriquecimiento ilícito contra Maduro, basándose en unos presuntos depósitos en cuentas en el extranjero. En 2007, después de cinco años, la causa fue sobreseída.

A Maduro se le recordará por impulsar la desinstitucionalización del Ministerio de Relaciones Exteriores al desmontar la carrera diplomática, dejar vacantes en embajadas y consulados, y elegir a personal no calificado para cargos de relevancia.
En junio de este año, la ministra de la Defensa de Paraguay, María Liz García, mostró un video en el que –al parecer– Maduro se reunía en el despacho del entonces presidente Fernando Lugo con altos mandos militares paraguayos antes de la destitución del ex sacerdote por parte del Congreso. Eso fue visto como una injerencia del venezolano en asuntos internos de Paraguay.

El acercamiento del Gobierno de Venezuela con Irán, China y Rusia ha estado capitaneado por Maduro. Siempre que puede no se ahorra críticas contra Estados Unidos. En la Cumbre de las Américas, realizada este año en Cartagena, fue enfático: “Ayer Bush y hoy Obama sigue en su política de desprecio. Ellos realmente, en el fondo, nos desprecian. Nos desprecian a toda América Latina y el Caribe”.Una tarea clave que recientemente el presidente Chávez le encomendó a Maduro fue gestionar el caso de los presos políticos y exiliados tras conversaciones con factores de la oposición. El vicepresidente actualmente está oyendo las peticiones de ese grupo.