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La maquinaria roja abusó de los recursos públicos

Vehículos de rutas comunales con logos de la corporación estatal ofrecían traslados gratuitos a votantes / Manuel Sardá

Vehículos de rutas comunales con logos de la corporación estatal ofrecían traslados gratuitos a votantes / Manuel Sardá

La historia pudo pasar inadvertida para los medios de comunicación que ayer se desbordaron con el flujo de informaciones sobre los comicios presidenciales

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El hombre llevaba puesta una gorra con las siglas de Petróleos de Venezuela. En sus manos tenía una hoja en la que apuntaba los nombres, apellidos y teléfonos de los choferes de las camionetas blancas que cubren las llamadas "rutas comunales" en zonas populares de Caracas.

Decenas de esos vehículos ­donados por la corporación estatal­ se encontraban estacionados ayer, desde muy temprano, en los alrededores de la sede de la empresa en La Campiña.

Una quinta cercana funcionó como un centro logístico para despacho de unidades y el pago de los conductores. Al "coordinador" ­así identificaban al responsable de la operación­ se le preguntó si los rústicos eran utilizados para trasladar votantes de Nicolás Maduro, candidato del Gobierno en la elección presidencial de ayer, y guardó silencio. Otro que estaba en la esquina, que no reveló su nombre aunque se identificó como parte de una cooperativa de Carapita, sí admitió que transportaban electores. "Prestamos ese servicio como una contribución social a la comunidad", dijo. Pero se quedó callado cuando se le interrogó si la industria petrolera le pagaba por la actividad.

La historia pudo pasar inadvertida para los medios de comunicación que ayer se desbordaron con el flujo de informaciones sobre los comicios presidenciales. No fue así para los vecinos de La Campiña que esta vez decidieron denunciar lo que consideraron un nuevo abuso por parte de funcionarios para inclinar a su favor la balanza de unos comicios presidenciales que enfrentaban a Maduro con el opositor Henrique Capriles Radonski, quien insistió durante la campaña en describir el proceso de ayer como una lucha de la ciudadanía contra el poder, de David contra Goliat, según la nomenclatura del pasaje bíblico que refleja como un pequeño derrotó a un gigante con una pedrada.

Un residente de la zona se quejó con estas palabras: "Esos señores invadieron la quinta hace unos meses y ahora trabajan para Pdvsa. Están allí desde la madrugada con el toque de diana". Es el sonido de una trompeta en clave militar que constituye la señal de partida para la movilización que impuso el presidente fallecido Hugo Chávez a sus seguidores de todo el país.

Quejas ciudadanas. El episodio representa sólo una de las denuncias públicas que fueron presentadas por varios actores, de acuerdo con las cuales ayer, tal como se había reflejado en la inédita campaña electoral de 10 días, las instituciones del Estado trabajaron por la causa del madurismo o permitieron excesos a quienes lo apoyaban.

A la operación establecida para el acarreo de militantes del Gobierno ­la cual, según pudo constatarse, se aplicó en distintos sectores de la ciudad como Catia, El Valle, La Yaguara, Mamera, Antímano y Ruiz Pineda con vehículos con carteles que indicaban los centros de votación­ se sumaron los reclamos por el uso de VTV para difundir etiquetas de Twitter con lemas de la campaña de Maduro; por la existencia de personas que asistían en el voto a ciudadanos sin discapacidad; por la impunidad con la que motorizados con camisas rojas y emblemas conmemorativos del 4 de febrero de 1992 hacían campaña con libertad; por el desempeño de milicianos uniformados que también trasladaban a personas a votar en motos; por el libre tránsito de camiones con afiches del candidato oficial desde los cuales se llamaba a votar por él; y por la existencia de los denominados "puntos rojos" ­toldos del Partido Socialista Unido de Venezuela­ cerca de los centros de votación, entre otros casos.

Sedes gubernamentales sirvieron ayer como plataformas logísticas, de acuerdo con fuentes consultadas y con lo que pudo verificarse en las calles.

Camiones salieron temprano del complejo que reúne los edificios sede de Pdvsa y el Ministerio de Petróleo y Minería en La Campiña cargados con agua mineral o alimentos para apoyar el despliegue oficialista. Un transportista consultado al final de la tarde indicó que abasteció de refrigerios los centros de votación de El Valle: "Trabajamos con una cooperativa que es contratada por Pdvsa. Nos pagan 1.000 por viaje".

Decenas de unidades de transporte, autobuses y motocicletas pudieron ser observadas alrededor de los edificios de Corpoelec en la avenida Vollmer y de los ministerios de Industrias, Agricultura y Tierras y Comunas, entre otros, desde las 6:00 de la mañana hasta el mediodía. En un momento, se contaron 22 autobuses en la acera sur de Pdvsa, en la avenida Libertador.

Teatros de operaciones. Las zonas populares de la gran Caracas fueron escenario del despliegue gubernamental que, a pesar de su escala, para muchos no fue lo mismo que el pasado 7 de octubre cuando Chávez se jugaba su liderazgo y la continuidad de lo que llamó la revolución bolivariana.

Catia (municipio Libertador) y José Félix Ribas (municipio Sucre) fueron dos de las áreas donde la contienda pudo palparse en el día.

En las calles aledañas a La Planicie, en Catia, muy cerca del cuartel donde reposan los restos de Chávez, se vieron milicianos ­en uniforme verde oliva y con un pañuelo rojo en el cuello­ haciendo labores de transporte de electores en motocicletas. También se usaron otros recursos del Estado. En Propatria circulaban los autobuses rojos del Sistema Integral de Transporte Superficial, un servicio público que administra el Ministerio de Transporte. Un cartelito pegado en el vidrio frontal, con la silueta de los ojos de Chávez y el dibujo de un autobús, anunciaba que el servicio era gratuito para los votantes de Maduro. "Diego de Lozada", decía el de uno de los vehículos que trasladaba a los electores de la zona a la casa de atención comunitaria que lleva ese nombre, donde funciona un centro de votación.

En Gramovén, Pdvsa se encargó de las movilizaciones para los votantes del oficialismo.

Su centro logístico fue el Núcleo Endógeno Fabricio Ojeda, donde funciona un preescolar que es centro electoral, una biblioteca, una clínica popular, una fábrica y unas canchas deportivas. La instalación fue construida y se mantiene gracias a Pdvsa La Estancia, señalan los carteles en el lugar. En el estacionamiento se veían entrar y salir jeeps blancos con el logo de la empresa pública que llevaban afiches de Maduro sobre el parachoques y la maleta.

Llevaban electores de los sectores Plaza Catia, Los Molinos, Tamanaquito, Nueva Esparta y La Cumaná; los vecinos de cuatro refugios que quedan alrededor también votan allí. "Agua y naranjita para después de votar", ofrecía con un altavoz un patrullero del PSUV para los electores.

Euglis Palma, coordinadora electoral de la MUD en el liceo Luis Ezpelosín, cercano a Los Frailes de Catia, señaló que en la mañana llegaron al centro votantes transportados por camionetas de instituciones como Corpoelec, Hidrocapital y el Distrito Sanitario 2 de Caracas. "El 7 de octubre vi más vehículos de instituciones públicas, ese día eran más autobuses que camionetas", recordó. En el liceo Agustín Aveledo, unas cuadras más arriba, Arabia Torrealba vio los jeeps de Fontur, con la inscripción del Ministerio de Transporte, que traían a vecinos de los sectores Cuatro Vientos y la parte alta de Los Frailes. Por la tarde, se vieron camionetas de Corpoelec que hacían la misma actividad.

En Catia, los ciudadanos fueron expuestos a actos de proselitismo prohibidos ayer. En las entradas de algunas escuelas, como la José Enrique Rodó o el Instituto Jesús Obrero, en el 23 de Enero, se instalaron puntos rojos del PSUV. Las caravanas de motorizados ­algunos con franelas alusivas a los colectivos de la zona­ serpenteaban tocando las bocinas para instar a los vecinos a votar. Desde la mañana, un camión con altavoces ­con la inscripción "Vota por Maduro"­ circulaba con un hombre que invitaba "al pueblo heroico del 23 de Enero" a sufragar por el candidato oficialista. Lo hacía también carros con afiches de Maduro en los que chillaban a todo volumen las canciones de campaña. En versión changa las escucharon
los vecinos que votaban cerca de la calle El Carmen de El Manicomio, donde muchos sacaron sus cornetas y, con camisas alusivas al partido de Gobierno, y celebraban la jornada cuando empezaba a caer la tarde.

Hastío petareño. En José Félix Ribas despertaron a las 3:00 de la madrugada convocados por toques de diana que anunciaron una jornada estridente. Desde la calle Fe y Alegría de la Zona 10, Amparo Cuéllar aseguró que las cornetas instaladas hasta en las calles más estrechas del barrio, desde la que se escuchaba la voz de Hugo Chávez cantar e invocar el compromiso con la revolución, no sirvieron para motivar a todos los vecinos oficialistas a sufragar.

"Nadie aquí está contento con Maduro, así que todo ese zaperoco que han armado no ha servido para nada. Mucha gente no salió a votar y por eso los centros han estado vacíos durante todo el día".

Identificados con brazaletes tricolores y camisetas rojas con eslóganes a favor de Maduro estampados en pecho y espalda, ríos de motorizados recorrieron la avenida principal del barrio de arriba abajo, en busca de votantes que expresaran dificultades para trasladarse hasta su centro de votación o que se mostraran dudosos de participar en los comicios. "Los motorizados han pasado todo el día buscando pleito. Provocan, tocan corneta, se atraviesan y se llevan a la gente por delante para amedrentar, pero nada de eso ha servido. No hubo colas frente a los centros de votación durante todo el día", afirmó Yajaira Pereira, movilizadora del Comando Simón Bolívar en la parte baja de José Félix Ribas, quien consideró que la estrategia opositora de distribuir la afluencia de electores a lo largo del día impidió que fueran intimidados por los motorizados que hicieron campaña por Maduro.

Pereira afirmó que recibieron denuncias de máquinas captahuellas que presentaron fallas. "En algunos centros, los miembros de mesa pretendían impedir el sufragio de las personas a las que la máquina no les leía la huella dactilar. En todos los casos, los comandos de la oposición intervenimos y logramos que los electores cumplieran su proceso de votación con normalidad".

Fabián Cuéllar dijo haber recibido llamadas a su celular para verificar si había sufragado y por quién. "El voto es secreto, no entiendo por qué Maduro y Capriles no terminan de entender eso". El año pasado, Cuéllar trabajó como patrullero del PSUV. Este año decidió no participar en la maquinaria de movilización oficialista. "Yo soy 100% chavista y por eso me enerva que el legado del Presidente se utilice para cometer abusos y errores que el comandante jamás hubiese aprobado.

Por eso no estoy seguro de si ir a votar o no. Corremos el riesgo de que Maduro destruya el legado de nuestro líder".