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10 días de intensa confrontación

Nicolás Maduro y Henrique Capriles se enfrentan en las elecciones presidenciales del 14-A / Agencias

Nicolás Maduro y Henrique Capriles se enfrentan en las elecciones presidenciales del 14-A / Agencias

Nicolás Maduro y Henrique Capriles Radonski disputan en una brevísima e intensa campaña el favor de los votantes: el candidato oficialista se presenta como el hijo heredero del Presidente fallecido y el candidato opositor machaca la frase: “Nicolás, tú no eres Chávez”

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Ayer finalizó la campaña electoral más atípica de la historia democrática venezolana. Sólo 10 días tuvieron los candidatos para recorrer el país y ganarse la simpatía, traducida en votos, de los 18.854.935 electores que el domingo 14 de abril acudirán a las urnas para participar en los quintos comicios presidenciales que se realizan en 15 años.
Varios analistas advierten que la contienda, que enfrenta a Henrique Capriles Radonski y Nicolás Maduro, estuvo caracterizada no sólo por su escasa duración, sino por el discurso de confrontación entre los aspirantes y por las circunstancias que la causaron: el fallecimiento del Presidente elegido en octubre.
Desde el comienzo de la campaña el 2 de abril, los candidatos visitaron 44 municipios. Nicolás Maduro estuvo en 26 y Henrique Capriles en 18. La mayoría fueron centros urbanos.
Mientras Maduro recorrió, desde el 16 de marzo, 24 municipalidades donde el gobernante fallecido ganó las elecciones el 7-O (su campaña se centró en zonas chavistas), Capriles concentró su esfuerzo en la capitales del Estado y grandes ciudades, donde obtuvo una importante votación en los comicios pasados; el objetivo es mantener los 6.591.304 de sufragio que conquistó en 2012.
Para Nicolás Maduro –quien ha confesado que nunca había esperado esa candidatura– es una prueba de fuego. Basándose en el último mensaje de Hugo Chávez, del 8 de diciembre, en el que lo designó su sucesor, ha participado en tres y cuatro actos diarios en campaña, con el objetivo de convencer al electorado del 7 de octubre de que él es el auténtico portador de las banderas del “líder supremo”. Se ha ufanado, a lo largo y ancho de sus recorridos, de que tendría que mencionar aún más a su “padre” como respuesta a las críticas de la oposición. A la vez, ha sido despiadado con su adversario, a quien ha llamado “burguesito” y “caprichito”. En las concentraciones, nunca está solo: lo acompañan en la tarima artistas, deportistas y familiares.
Henrique Capriles Radonski luce cada vez más cómodo en el  papel de candidato presidencial. Fortalecido por sus experiencias en las primarias de la oposición de febrero de 2012 y las presidenciales de octubre, ha vencido las resistencias en su propio sector y ha logrado rescatar, en muy pocos días, a su electorado de cierto marasmo y pesimismo derivado de las derrotas electorales del último trimestre del año pasado. Su acto de cierre en Caracas, el domingo 7 de este mes, una inmensa concentración que recordaba las mejores movilizaciones opositoras, significó su graduación como orador contagioso y convincente.

Discursos comparados. Para el politólogo y docente en Teoría Política, Nicmer Evans, claramente identificado con la causa bolivariana, de lo que se trata el 14A es de aprobar la propuesta que Hugo Chávez formuló en su última aparición pública. “Finaliza una era, nace el chavismo”, asegura. Personaje polémico en las filas revolucionarias, Evans advierte un mensaje ambiguo en el candidato Henrique Capriles Radonski. “Es el juego de la confusión, de pescar en río revuelto”, acota.
Por confusión se refiere al intento de apropiarse de símbolos –la gorra tricolor, el nombre del comando, el uso del color rojo– y  expresiones del discurso chavista para hacer creer, a su juicio, que existe un chavismo sin Chávez. “Seguramente su jefe de campaña (Henri Falcón, gobernador del estado Lara) que fue chavista, de los que auspiciaban ese chavismo sin Chávez, haya inducido esa estrategia”, apunta.
En la otra orilla del río revuelto, Ángel Álvarez, profesor de la UCV y ex director de la Escuela de Estudios Políticos, observa dos rasgos en la candidatura de Nicolás Maduro: tratar de sustituir su propia imagen por la de Chávez como si se tratara de la elección de éste y no la suya y maximizar el componente mágico-religioso con la fabricación de una suerte de Trinidad pagana: “Chávez es Dios, Maduro es su hijo y el pajarito es el Espíritu Santo”.
Álvarez intuye que la estrategia de Capriles Radonski, de mayor agresividad en el discurso, utiliza la polarización para movilizar a sus seguidores y, a la vez, suscitar dudas en el segmento moderado del chavismo, en el que pudiera verificarse algún grado de abstención de importancia. Sin embargo, no observa elementos para aventurar una participación significativamente menor a la registrada en octubre.
Capriles ha insistido en dos frases: “Nicolás, tú no eres Chávez”, con lo que lo tutea y lo baja de nivel, y “Yo no soy la oposición, soy la solución”, para capitalizar las críticas del entorno chavista, que el propio Presidente formulaba como reclamo de la gente ante la ineficiencia de las políticas oficiales, analiza Álvarez.
El candidato opositor complementa el ataque a ese entorno con la frase “los enchufados”;  un grupito, ha dicho, que se beneficia del poder, pero que no está comprometido con el sentimiento de cambio que encarnó el presidente Chávez y él mismo cuando se incorporó al Parlamento a fines de la década de los noventa.
Si ese enfoque logra penetrar ciertos ámbitos oficialistas, Álvarez cree que es posible la victoria de la oposición. Evans descarta el éxito de esa estrategia. Piensa que Maduro representa la continuidad, ha logrado atribuirse el legado de Chávez y sostiene que el mensaje ambiguo de Capriles entra en contradicción con su programa de gobierno, cuyas políticas se gestan desde concepciones neoliberales. “El asunto no es prometer que las misiones continúan, sino cómo continúan”, remarca. Alerta en dirección a las filas chavistas que esa orientación de la oposición pudiera tener un efecto a mediano y largo plazo si la dirigencia del proceso se descuida y no profundiza en la hoja de ruta trazada por el líder fallecido.
“Claro que Maduro no es Chávez, el mismo candidato lo ha dicho. Ese es un liderazgo insustituible, por eso el propio Presidente puso el énfasis en fortalecer la dirección colectiva. Y se incurre en una subestimación si se duda de la capacidad de la gente que acompañó al Presidente para seguir adelante con el proyecto revolucionario”, riposta Evans.

Los desaciertos de Maduro
La puesta en escena de la candidatura sobrevenida de Nicolás Maduro varía de manera sustancial con respecto a lo que era un acto electoral de Hugo Chávez. La figura del Presidente fallecido copaba por sí sola la tarima electoral y, como era usual, sorprendía con sus ocurrencias, giros impensados y hasta la admisión de fallas y deficiencias. A Maduro, inexperto en estas lides, lo ayuda la brevedad de la campaña y la estructuración de un mensaje que, aunque es visto por ciertos analistas como básico, apunta a llegarle a la diversidad que existe en el amplio espectro chavista, que expertos en la elaboración de los estudios de opinión subdividen en tres segmentos: fundamentalistas, beneficiados y esperanzados. Pero en las últimas semanas también han sido notables los desaciertos del candidato oficialista, que llamó estados a las ciudades de Barcelona, Cumaná y Margarita. Lo que ha generado innumerables chistes y bromas. Además, durante una concentración en Amazonas se refirió a la empresa nacional de electricidad Corpelec, como Corcoven y fue corregido por los asistentes, que gritaron a coro el verdadero nombre de la compañía. Maduro se presenta como el único que puede continuar las misiones, un claro mensaje para quienes están suscritos a alguna de ellas.
En su discurso tampoco olvida reforzar el miedo que percibe en los sectores populares a perder los beneficios. Miedo que incluso puede ser más angustiante que el derivado del clima de inseguridad. No ha habido mitin en el que el candidato oficialista haya dejado de advertir sobre la pérdida de esas ventajas en el caso del triunfo opositor.