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La solemnidad se perdió en colas para ver a Chávez

Desde la noche de este martes la cola para ingresar al hall de la Academia Militar y dar el último adiós al comandante Hugo Chávez no ha disminuido | Foto: Agencias

Desde la noche de este martes la cola para ingresar al hall de la Academia Militar y dar el último adiós al comandante Hugo Chávez no ha disminuido | Foto: Agencias

Más de dos millones de asistentes dependieron ayer de la atención de 200 bomberos y funcionarios de PC

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La muchedumbre que rodeaba el ala derecha de la Academia Militar se balanceó durante minutos en busca de estabilidad. Como presas de un sismo, pasadas las 5:00 pm, tanteaban torpemente con los pies botellas de plástico, recipientes de comida, rodillas y zapatos de quienes tenían a los lados. Amasados en un empujón colectivo, algunos comenzaron a gritar: “¡Queremos salir!”.
A la derecha, apreciaban en una pantalla al vicepresidente ejecutivo, Nicolás Maduro, cuando anunciaba al país que el fallecido mandatario Hugo Chávez estaría siete días más en capilla ardiente y prometía que todos lo podrían despedir.
A Maduro lo habían visto minutos antes –montado en un camión-tarima junto con los ministros de la Defensa y de Alimentación– para pedir puntualmente: disciplina, orden y paciencia. El vicepresidente al darse cuenta de que un grupo de personas escalaba entre andamios para colarse en las filas que iban al patio donde está el féretro de Chávez, se dirigió a los militares: “¡Bajen a la gente de ahí!”. Luego rezó el Padre Nuestro con la multitud.
Los caminos para llegar a Chávez eran inciertos. Algunas colas conducían a entradas bloqueadas por andamios. Miles de visitantes fueron víctimas de la confusión. Después de varias horas enfilados en el extremo derecho de la academia, sólo obtuvieron una promesa de Maduro que no se cumplió: “Traeremos agua”. Hubo quienes estuvieron 14 o más horas en colas, pero eso no les garantizó despedir al Presidente.
No hubo información sobre las rutas para ver a Chávez: seis, cuatro o tres filas. Todo dependía del momento del día. Ayer, a las 12:30 pm, por ejemplo, una estampida bajó de Los Símbolos y La Bandera y desdibujó los límites de las colas. Rompieron la barrera cercana a la Academia Militar.
Los militares que saludaron el féretro –vistos con frecuencia en la transmisión televisiva de ayer– fueron anhelados en las alcabalas 1 y 2 de Fuerte Tiuna. “Lo mejor es no venir a ver al Presidente. Quédense en su casa mañana, aquí falta organización”, recomendó un bombero del Distrito Capital.
Muchos se quejaban del desbarajuste. “Aquí lo que debería haber es orden, disciplina, una entrega total”, aseguró un asistente.
Tampoco se dispusieron baños portátiles o puntos de hidratación, por lo que el recorrido se convirtió en un paso tortuoso. Una panadería, cercana la Procuraduría General, fue el único sitio de abastecimiento abierto.

Los desmayados. La masa que se congregó en la fila derecha de la academia sólo se dividía en casos extremos: desmayados, asfixiados, ancianos extenuados y mujeres con niños que decidían abandonar el recorrido.
El calor debilitó a muchos fieles del Presidente. “Si él se mojó por nosotros en el cierre de campaña presidencial del 7 de octubre, ¿por qué no soportar esto por Chávez?”, señaló una damnificada de La Pedrera, en Antímano. Otro simpatizante gritaba: “Así nos quería ver él: unidos”.
No hay cifras oficiales sobre lesionados o heridos por la movilización en los actos fúnebres. Sólo está el cálculo de las autoridades: más de 2 millones de asistentes. Todos dependientes del despliegue de alrededor de 200 bomberos, algunos funcionarios de Protección Civil y pocos militares.
La avalancha del mediodía fue un ultimátum. Los funcionarios que prestaban labores de rescate decidieron hacerse a un lado para resguardarse. “Nosotros 3 hemos atendido a 30 personas por desmayos, asfixia y lesiones”, aseguró el funcionario en referencia a otros dos bomberos.

Recorrido sin fin. La movilización por las exequias de Chávez no dista de sus actos de calle: tarimas con música de Alí Primera y Silvio Rodríguez, venta de afiches del líder oficialista, gorras, franelas, fotos, muñecos y comida; bailes y consignas políticas. Así ha sido la despedida al fallecido Presidente.
Las colas serpenteaban, se confundían y se volvían una masa roja sin forma. Eran kilométricas y comenzaron a formarse en la madrugada. Se alimentaron minuto a minuto con partidarios que llegaban del interior del país. En ocasiones, algunos funcionarios del Gobierno instruían a los simpatizantes corear consignas como “El pueblo lo exige y tiene razón, queremos a Chávez en el Panteón”.
Las lágrimas no predominaron como el día la concentración en la plaza Bolívar del centro de Caracas. “No está hinchado. Se le ve una gran serenidad, pero no se le siente esa energía que tenía”, comentó una anciana.
Muchos lamentaron no haber conocido en vida a Chávez. El emblemático Presidente ahora luce en afiches versos como “los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”.
También hubo personas que se referían en presente al fallecido: “Él está pendiente de su pueblo. Con Chávez y Maduro, el pueblo está seguro”.  
Pocos querían perder el momento histórico. Ayer, a las 6:00 pm, todavía se concentraban grupos para entrar a la academia, pese a que estará una semana más en exposición y luego reposará embalsamado en el Museo de la Revolución.