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Un sindicalista convertido en delfín de Chávez

Nicolás Maduro podría ser el sucedor del presidente, Hugo Chávez / AFP

Nicolas Maduro podría ser el sucedor del presidente, Hugo Chávez / AFP

Nicolás Maduro fue conductor de autobuses, dirigente sindical y cabeza de la Fuerza Bolivariana de Trabajadores. Hace 14 años, nadie apostaba a que se convertiría en la garantía de la continuidad del proyecto político del presidente venezolano

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Nicolás Maduro es el hombre a quien el presidente Hugo Chávez ungió como su sucesor en el testamento político televisado que fue su cadena presidencial de este sábado en la noche. El jefe del Estado finalmente dijo a sus partidarios por quién deben votar en caso de una ausencia física forzada por el cáncer que insiste en reproducirse en su cuerpo. Hace 14 años nadie preveía que aquel dirigente de figura desgarbada, que había sido conductor de autobuses en el Metro de Caracas –“metrobusero”, según la nomenclatura local–  llegaría a tener una carrera política que lo llevaría a cargos como el de canciller y vicepresidente de la República.

Hubiera sido aún más difícil hace década y media conseguir a alguien que predijera que Maduro alguna vez sería el delfín del líder venezolano que ha acumulado más tiempo seguido en la presidencia con la excepción del dictador Juan Vicente Gómez. En los albores del proyecto revolucionario, el actual vicepresidente se perfilaba apenas como un cuadro político cuyo objetivo era contribuir en la lucha por desmantelar uno de los pilares del sistema político que precedió a Chávez: la Confederación de Trabajadores de Venezuela, central obrera que nunca pudo ser sometida al control de los partidarios del mandatario.

Maduro fue dirigente sindical en la compañía de transporte caraqueña. Esa experiencia le ayudó a proyectarse entre los cuadros del chavismo naciente. Fue, por ejemplo, cabeza de la Fuerza Bolivariana de Trabajadores, que se organizó como uno de los brazos sindicales del extinto Movimiento V República, que precedió al Partido Socialista Unido de Venezuela. En 1999, Chávez ya lo había incorporado al denominado Consejo Presidencial Laboral, una instancia que asesoraba al recién electo gobernante.

Ninguna ocasión era desaprovechada entonces por el dirigente para pasar al ataque. “La CTV es uno de los últimos mohicanos del Pacto de Punto Fijo”. Esa frase solía repetirla en declaraciones públicas en las que anticipaba además que la organización no tenía otro destino que ser disuelta por los propios trabajadores. Los pasos orientados a la desaparición de la organización no rindieron frutos –la CTV después fue uno de los factores que hizo tambalear al gobierno de Chávez con el paro de 2002– , pero Maduro desde un comienzo se proyectó más allá del ámbito sindical.

Fue uno de los redactores de la Constitución de 1999 después de resultar elegido en la plancha de Chávez que ganó por mayoría los escaños de la Asamblea Nacional Constituyente. El roce en los pasillos del Palacio Federal constituyó un punto de quiebre en el inicio de una carrera que lo llevó fogueo posterior como diputado y más tarde como presidente del Poder Legislativo.  La Cancillería fue su siguiente escala donde estuvo 6 años que ayer fueron reconocidos por Chávez, quien recordó que en el cargo Maduro había demostrado “liderazgo” y “capacidad para manejar grupos”. La experiencia acumulada le valió para ganarle la carrera de la sucesión presidencial a los ex compañeros de armas del jefe del Estado, incluido Diosdado Cabello, actual presidente del Parlamento.