• Caracas (Venezuela)

Política

Al instante

“Ni los redentores ni los mitos detienen la historia”

El historiador mexicano Enrique Krauze / Archivo

El historiador mexicano Enrique Krauze / El Universal de México - GDA

Enrique Krauze, historiador mexicano, espera que Venezuela inicie el camino hacia la reconciliación. Considera que la santificación del Presidente es inevitable y observa a Nicolás Maduro como “un sacerdote más del culto chavista”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El intelectual mexicano Enrique Krauze no visita Venezuela desde hace tres años. En ese momento se llevó una amarga impresión: odio y resentimiento entre venezolanos. Profundo conocedor de la realidad política del país tras construir una reflexión histórica sobre el chavismo en su libro El poder y el delirio, advierte que después de la muerte del presidente Hugo Chávez es necesario reparar el daño moral que ha creado la polarización para iniciar un proceso de reconciliación nacional.

—¿Qué hace falta para que Chávez se convierta en un mito?

—Ya más que un mito es un santo. Él mismo fue construyendo ese mito y su santificación al ligarse a la figura de Simón Bolívar y de Cristo. Chávez no quería la gloria sino la inmortalidad. Y el manejo opaco de la enfermedad durante el final de su carrera política sumó al mito el ingrediente del martirio porque su sufrimiento fue real. El manejo político de la enfermedad benefició el culto a la personalidad de Chávez y eso le resultó muy conveniente.

—¿Ese culto se desvanecerá con el tiempo?

—Ocurrirá lo que pasó con Eva Perón. Su santificación perdurará, pero eso no quiere decir que no haya espacio para la vida política. Ni los santos, ni los redentores, ni los mitos detienen la historia. Lo que ahora le corresponde hacer a los estudiantes y a la Venezuela democrática y libre es encontrar formas de ejercer la crítica sin recurrir a la violencia ni a la agresión. Hay que presentar razones, fundamentos e ideas.

—¿Está naciendo una religión en Venezuela?

—Nuestros pueblos son muy proclives a la adoración de las figuras históricas y religiosas, de modo que va a durar. Será una especie de religión cívica por Chávez. Sin embargo, quiero subrayar que el espacio de la política sigue abierto. Después de que pase el duelo y todos los excesos de sus expresiones, porque hay un dolor genuino sentido por mucha gente, vendrá el despertar a la realidad económica durísima del país. Se perderán feligreses y siempre quedará un núcleo duro. Es ahí donde creo que la historia de Venezuela ha comenzado una nueva marcha. Se ha abierto un capítulo y se ha cerrado otro. Aunque permanezca el halo de santidad de Chávez, la oposición, los estudiantes, los intelectuales, periodistas, el pueblo venezolano fiel a la libertad, tienen ahora la oportunidad para abrir un nuevo camino.

—¿Qué riesgos implica para Nicolás Maduro que Chávez se convierta en una sombra que nunca pueda igualar?

—Nunca lo superará ni lo igualará. Sí vaticino que en un plazo relativamente breve, sus propios seguidores le reclamarán que asuma su responsabilidad por los problemas que se presenten. Probablemente dirán: “En tiempos de Chávez esto no pasaba. Chávez no lo hubiera permitido”. El carisma no es transferible ni se puede heredar. Maduro no podrá convertirse en un mito y mucho menos en una figura a la que gente siga. Es un sacerdote más del culto chavista.

—¿El elector oficialista que critique a Maduro reflexionará sobre la responsabilidad que tuvo Chávez en los errores o faltas cometidas por su gobierno?

—Lo dudo. Los mitos son inmunes a los errores. Los mitos vuelven impecables a los héroes. Creo que eso ocurrirá para un núcleo importante de la sociedad venezolana porque fue un hombre valiente que luchó contra una enfermedad muy difícil.

—¿Cuál es la estrategia más eficiente, desde el punto de vista de la oposición, para afrontar este momento?

—Responsabilidad, discreción, prudencia, razones, fundamentos, datos. Henrique Capriles Radonski tiene todo el dominio de sí mismo y debe transmitir eso a todos los niveles de la oposición, pero también a los medios, para que sean críticos y protesten pero nunca den pie para que se les llame provocadores. Es un momento de mucha crispación y cualquier cosa puede pasar porque los ánimos están muy caldeados. El duelo lleva a la venganza. Es importante mantener la calma, pero no olvidar que la historia humana está llena de momentos difíciles y la democracia debe prevalecer.

—¿Cuáles son las victorias reales que soportan la construcción de este mito?

—La atención a los pobres en Venezuela y la percepción de que verdaderamente, después de muchos años de indiferencia, había un gobernante que los entendía, les hablaba y se preocupaba por sus problemas. Eso no quiere decir que las misiones fuesen eficaces, al contrario, no era necesario construir ese inmenso aparato estatal ni gastar los recursos públicos en la forma en que se gastaron. Su gran hazaña fue construir la percepción de que le importaban los de abajo. Esa población se politizó, descubrió que deben tener voz y no sólo son parte de la escenografía política y con eso tiene que contar el país. Venezuela tiene que llegar a una reconciliación y a un diálogo. Por eso la prudencia y la inteligencia de la oposición deben encontrarse con voces de sensatez del ámbito oficial. Es inconcebible que frente a la crisis económica que se avecina, vivan ellos asidos al mito de Chávez porque no los ayudará a gobernar con eficacia. Los principales votos son para que desaparezca la envenenada atmósfera de odio inducida desde el poder. No hay nada más terrible que el odio de un venezolano hacia otro.

—¿Cuáles son las promesas que no cumplió?

—Si prometió viviendas, equidad y socialismo del siglo XXI, pues no lo logró. Dejó a Venezuela en bancarrota. Eso sí, mejoró la posición de sectores importantes a corto plazo. A mí no me escandalizaba que una parte de la renta petrolera se distribuyera entre los sectores más necesitados. Lo que no tenía que hacer Chávez era desmantelar a Pdvsa y construir un leviatán a partir de la discrecionalidad en el uso de los recursos públicos. Pasará a la historia como un líder muy importante y como un mito para unos sectores. Pero más allá del daño económico y político, lo más relevante es el daño moral que causó al implantar el odio entre las familias. A corto plazo puede que al oficialismo le sirva esta estrategia, pero no es sostenible a largo plazo porque quien soportaba la polarización era Chávez. El odio les reportará más daño que beneficio.

—¿El socialismo del siglo XXI sobrevivirá a esta pérdida?

—No lo creo. Fue una anacrónica invención de Chávez para copiar al socialismo cubano. Además, tengo la impresión de que poco a poco, si Estados Unidos tiene un mínimo de sentido común que hasta ahora no ha tenido, habrá una distensión y eventualmente convendrá a la propia Cuba. La edad no está a favor de los hermanos Castro y su socialismo no tiene más parangón que Corea del Norte. Preveo que el Caribe sea el epicentro de cambios liberales y democráticos en el continente. Por la vía china o rusa, Cuba debe evolucionar. Soy más optimista y creo que es posible una transición con un Estado fuerte pero con medidas que liberen el mercado y generen crecimiento para la economía y bienestar para la gente.

—¿La influencia cubana seguirá siendo importante para el chavismo sin Chávez?

—No me cabe duda de que seguirán ayudando a Cuba, pero disminuirá esa influencia porque la extrema generosidad de Chávez será cada vez más difícil de sostener en el futuro. Aunque Cuba quiera estar presente, la isla perdió su vínculo central con el Gobierno venezolano tras el fallecimiento de Chávez.