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“Para producir hay que entender el momento, porque si no sufres”

“Para producir hay que entender  el momento, porque si no sufres”“Tengo fe en Freddy Ñáñez, es una persona con la que puedes hablar”, afirma el director teatral | FOTO HENRY DELGADO

“Para producir hay que entender el momento, porque si no sufres”“Tengo fe en Freddy Ñáñez, es una persona con la que puedes hablar”, afirma el director teatral | FOTO HENRY DELGADO

El ex coordinador estratégico del Teatro Teresa Carreño dice que la figura del artista independiente está muy golpeada: “El trabajo se logra con milagros. Voluntades que se suman”

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El país está en crisis, no así la agenda de trabajo de Miguel Issa. Aunque, desafortunadamente, eso no se traduce en ganancias monetarias. Pero para el director de teatro y danza, que fue coordinador estratégico del Teatro Teresa Carreño entre 2010-2014, la cultura no es dinero, sino la tabla de salvación del alma, el muro que contiene las miserias.

Desde comienzos de año no ha descansado: retomó Lo que el cine nos dejó, estuvo en el Festival de Teatro de Caracas, presentó otra temporada de La ópera de los tres centavos, luego La verbena de la paloma y más recientemente Carmina Burana, espectáculo en el que participaron más de 500 personas, entre artistas y equipo técnico.

A pesar de los grandes esfuerzos económicos, Issa asegura que lo más agotador fue la ciudad: “Tuve que suspender ensayos porque trancaban las vías, cerraban estaciones del Metro de Caracas, había rumores de que saldrían a marchar los estudiantes. A veces llegaba a Parque Central y solo encontraba a 10 coristas de los 120”.

—¿Cómo fueron las críticas que recibió Carmina Burana?

—Fue abrumador. La gente ha estado muy agradecida por el nivel del espectáculo. Después de estos grandes proyectos uno queda como en un 1º de enero permanente: una especie de despecho-ratón. Claro, tengo mucho trabajo y no puedo parar. Fue un proceso de mucha ansiedad, que yo visualizaba como arrastrando un trasatlántico, que luego debía llevar a puerto para que se bajaran los pasajeros.

—¿Por qué fue una temporada de un fin de semana?

—Porque es mucha inversión. Hay que manejar transporte, alquiler de equipos, refrigerio. Es muy costoso. En esta oportunidad creo que esas eran las únicas fechas disponibles, porque la directiva estaba haciendo como una prueba. Al principio iban a ser dos semanas, pero creo que los costos no dieron. Al parecer vamos a volver en octubre.

—¿Cómo se arma un espectáculo tan ambicioso en un país de hiperinflación, protestas y escasez?

—Para producir hay que entender el momento, porque si no sufres mucho. Si yo trabajara con la disciplina con la que empecé no podría hacerlo. Uno tiene que generar estrategias para aprovechar y optimizar los tiempos de la gente. Aprendes a gerenciar los equipos.

—El patrocinio es fundamental, ¿quiénes invierten en cultura?

—Como creador y productor no tengo patrocinio de nadie. Mi patrocinio soy yo mismo. Pero todo es contacto. Es clave unir instituciones, porque eso le da más peso al proyecto y los patrocinantes se interesan. Yo no tengo ya energía para ir con mi carpetita bajo el brazo a pedir dinero.

—Con Carmina Burana volvió al Teatro Teresa Carreño, ¿cómo lo encontró?

—Me sorprendió mucho. Trabajé cómodamente porque siento que gozo de respeto, algunos incluso todavía me dicen jefe. Me pareció muy bueno el sistema Constellation, porque el sonido era formidable. Y pienso que en eso hay que invertir. En conversaciones con Gustavo Arreaza me dijo que lo próximo eran las butacas. Hay mucha intención de seguir mejorando las instalaciones. Yo conviví en ese espacio, es una infraestructura que ha debido tener un mantenimiento permanente y ha acumulado demasiados parches.

—¿Hubo algún tipo de censura o presión?

—No, para nada. Antes sí conseguí resistencia de los presidentes con los que trabajé porque manejaban el concepto de que la ópera era eurocentrista. En ocasiones la gente se autocensura; otras veces sí hay una línea muy dura, depende del ministro. Detesto la zalamería y es lo que se ve en los lugares de poder.

Eso frenó mucho los espectáculos. Para los 30 años del teatro yo tenía una programación importantísima y no hubo interés de parte de las autoridades. Pero he trabajado con todas las compañías y jamás he sido censurado. Lo único que me preguntaron una vez en Unearte era si estaba inscrito en el PSUV. Dije que no y no pasó nada.

—Desde el gobierno se ha hablado de la democratización de la cultura, ¿sabe qué significa?

—La verdad, no. Sin embargo, creo que fue un error y un acierto lo de la gratuidad de las entradas, porque la gente se acostumbró a eso y desmerita tu trabajo.

Eso, como parte de la educación, es muy importante: mi esfuerzo vale. Aunque esta dinámica hace que se creen nuevos públicos y eso es importante. Pero en estas grandes instituciones que se han restaurado se descuidó el trabajo del artista independiente, que es quien le da fuerza. A veces me da pereza producir porque tengo que buscar el espacio, negociar con los bailarines, no les puedo pagar porque no tengo sueldo, todo es por taquilla.

—Entonces, ¿cómo produce un artista independiente?

—El trabajo se logra con milagros. Voluntades que se suman.

—¿Qué opina del ministro de Cultura, Freddy Ñáñez?

—Me ha inspirado mucho respeto por su labor en Fundarte. Y cuando lo nombraron ministro me ilusioné. No es fácil estar en su cargo en este momento. A las grandes instituciones que dependen del ministerio lo que les falta es engranaje, son muchas y trabajan de manera aislada, nadie piensa en la otra. Hay muchas personas a las que no les interesa la institución, sino el rango. Pero tengo fe en Freddy Ñáñez, es una persona con la que puedes hablar.


Un homenaje al viejo cine

Entre las grandes producciones que ha dirigido Miguel Issa en los últimos tiempos se encuentra la revista musical Lo que el cine nos dejó, que presenta actualmente en el Trasnocho Cultural, en Paseo Las Mercedes. Las funciones serán hasta el próximo fin de semana.

La pieza rinde homenaje a los grandes cines de mediados de siglo pasado. Está integrada por más de 10 temas entre rancheras, boleros y pasodobles. Incluye a recordados personajes como Pedro Infante, Jorge Negrete, Carlos Gardel, Libertad Lamarque, Toña la Negra y Carmen Miranda, además de textos de Teresa de la Parra, Rafael Castillo Zapata, Fernando Garantón y Ángela Marrero.