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El precio que Venezuela pagará por la demagogia de Maduro será muy alto

El presidente Nicolás Maduro anunciará este miércoles medidas económicas / Prensa Presidencial

El presidente Nicolás Maduro / Prensa Presidencial

La orden del presidente fue entendida como una carta blanca para el saqueo. El próximo paso es la estatización del comercio 

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El periodista y premio Nobel, Mario Vargas Llosa, en su artículo en el diario El País, de España, analizó las recientes medidas del gobierno. A continuación parte del texto:

Como el desabastecimiento y la carestía estaban haciendo estragos en Venezuela y aumentando el descontento popular, el presidente Nicolás Maduro, que no sabrá mucho de economía pero es hombre de pelo en pecho y bravuconerías, decidió resolver el problema en un dos por tres. Explicó a su pueblo que la alta inflación es producto de una conjura maquinada por Estados Unidos, los empresarios y comerciantes acaparadores y los partidos de oposición para destruir la revolución bolivariana. Y, de un plumazo, ordenó bajar los precios de los alimentos y productos electrodomésticos en 50% y hasta 70%, a la vez que mandaba soldados y cuerpos de choque a ocupar los establecimientos y enviaba a la cárcel a buen número de “conspiradores”, es decir, dueños de tiendas y almacenes.

La campaña fue lanzada con la consigna “¡Vacíen los anaqueles!”. La orden fue entendida como una carta blanca para el saqueo y, sobre todo en Valencia, pero también en Caracas y otras ciudades, se produjeron asaltos y pillajes en medio de una soberbia confusión.

Al tiempo que derrotaba la inflación de un puñetazo en la mesa, es decir, subastando y confiscando cadenas de productos alimenticios y electrodomésticos, Maduro, mediante la aprobación de la ley habilitante, se aseguraba los poderes absolutos que durante un año le permitirán gobernar sin leyes, de la manera cómoda y expeditiva de los dictadores. Para conseguir ese atributo, la AN procedió a retirar la inmunidad a una diputada y a reemplazarla por su suplente, que mediante generosas prebendas votó a favor de la ley de marras.

Pasada la ilusión que esas operaciones han creado en una opinión pública desesperada por la corrupción, el empobrecimiento y la anarquía, el precio que el país tendrá que pagar por la demagogia irresponsable de estos días será muy alto. Sin duda, contrario a los cálculos del régimen, se traducirá en una nueva y más aplastante derrota del gobierno en las elecciones del 8-D, lo que obligará a aquel, al igual que en las presidenciales, a otro fraude monumental con el fin de mantenerse en el poder.

Venezuela nunca tuvo una agricultura floreciente, pero con el chavismo, sus expropiaciones e invasiones, las tomas arbitrarias de fincas y la asfixiante burocratización, la producción agraria se redujo a mínimos. El resultado es que debe importar casi 95% de lo que consume, algo que en la época del apogeo del petróleo apenas se advertía. Pero el control revolucionario implantado por Chávez y Maduro en la industria ha rebajado la producción petrolera de manera radical, a la vez que la política de control de divisas, una de las fuentes más prósperas de la corrupción, ha convertido la obtención de dólares para los comerciantes y empresarios que necesitan importar materias primas y productos en una pesadilla. Sólo los enchufados en el gobierno consiguen divisas, o los que están dispuestos a pagar por ellas comisiones millonarias. Los otros deben obtenerlas en el mercado negro. Esa es la explicación de la subida desmedida de los precios y del desabastecimiento.

El siguiente paso del régimen será proceder a la estatización progresiva de las tiendas y comercios que “conspiran” contra la revolución. Los pequeños espacios de economía privada se irán cerrando hasta desaparecer y caer en manos de una burocracia inepta y corrompida, de modo que el racionamiento de la canasta familiar, que en buena parte ya existe, se extenderá como una hidra hasta hacer de Venezuela un país tan estatizado como Cuba o Corea del Norte. Corolario inevitable: la desaparición de los escasos medios de comunicación independientes, que a costa de enormes sacrificios y valentía resisten todavía el acoso.

El resultado está a la vista: una Venezuela empobrecida, enconada, devastada por la demagogia y la corrupción, llena de nuevos ricos mal habidos, que, una vez que recupere la libertad y la sensatez, tardará muchos años en recuperar todo lo que perdió con el desplome de su democracia.