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La pompa fúnebre

Hugo Chávez | Foto: Archivo

Hugo Chávez | Foto: Archivo

La característica principal de estas honras fúnebres radica en la exposición pública en capilla ardiente del féretro con los restos del difunto, a lo que se suma una serie de detalles protocolarios que varían de país en país, de cultura en cultura

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El funeral de Estado es aquel reservado a soberanos, primeros ministros y presidentes muertos en el ejercicio de sus funciones, y que se extiende a aquellos que estaban próximos a ocupar tronos y jefaturas de Estado como es el caso que nos ocupa.

La característica principal de estas honras fúnebres radica en la exposición pública en capilla ardiente del féretro con los restos del difunto, a lo que se suma una serie de detalles protocolarios que varían de país en país, de cultura en cultura.

En el caso venezolano el funeral de Estado incluye el traslado del cuerpo del difunto en una cureña o armón, llevado por miembros de la Fuerza Armada, en tanto que el Presidente de la República en su condición de Comandante en Jefe. No se estila el uso de caballos enjaezados, pues sólo se utilizan para los llamados funerales ceremoniales destinados a ex presidentes, figuras cimeras de las artes, las ciencias y la política cuando así lo decidan las autoridades pertinentes.

En sentido estricto del protocolo el ataúd, con los despojos mortales, debe cubrirse con la Bandera nacional aderezada con madroños. Así deberá salir, en principio, del Palacio de Miraflores, sede del Poder Ejecutivo, hacia el Salón Elíptico del Palacio Federal Legislativo, el otro poder de elección popular.

El salón deberá ser adornado con colgaduras y crespones negros, y el féretro colocado en un catafalco justo debajo de la cúpula capitolina enfrente del arca que guarda el acta de la Independencia Nacional. La banda presidencial y el Gran Collar de la Orden del Libertador se colocarán, entonces, encima del féretro, mientras que delante debe disponerse una mesa para las condecoraciones adicionales, así como su quepis, sus charreteras y el sable de su graduación militar.

En principio, cuatro oficiales de las distintas componentes de la institución castrense harán guardia en las cuatro esquinas del catafalco, cabizbajos, y serán relevados cada 20 minutos por las figuras que se determinen; a saber, ministros, familiares, miembros del partido y pueblo en general.

El momento cumbre del ceremonial lo constituye la oración fúnebre pronunciada por el presidente de la Asamblea Nacional poco antes de que los restos mortales sean llevados hasta su última morada, donde un miembro de la Iglesia hará las oraciones de rigor antes de comenzar el descenso del féretro. En ese momento deberán escucharse las notas del Himno nacional seguidas de un solo de trompeta, al tiempo que deberán retumbar 21 salvas de artillería que es el máximo honor fúnebre y sólo destinado a quienes han estado a la cabeza de los cinco poderes de la nación.