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El país que va a elecciones el 6-D

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El sociólogo Trino Márquez, el politólogo Luis Salmanca y los economistas Domingo Sifontes y Anabella Abadi coinciden en que los comicios se celebrarán en medio de un severo deterioro económico, político e institucional   

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Compleja y profunda. Así califican expertos la crisis que vive Venezuela. La mayoría de los indicadores muestran el deterioro económico, social e institucional  y en ese contexto los ciudadanos acudirán a las urnas el 6 de diciembre para renovar el Poder Legislativo. En la carrera por ganar las curules los candidatos a diputados intentarán convencer a los votantes de que sus propuestas son la solución para el país a partir del 13 de noviembre cuando oficialmente comienza la campaña electoral, que culminará el 3 de diciembre.

El sociólogo Trino Márquez advierte que los comicios se celebrarán en “en el peor deterioro económico, político e institucional después de la muerte de Juan Vicente Gómez en 1935”. Señala que la población está en una etapa de supervivencia por los problemas socioeconómicos, los cuales originan la lucha por conseguir qué comer y el temor de ser víctimas de la violencia.

Márquez agrega que, aunque no se informe, la escasez y el desabastecimiento son los indicadores más altos en la historia del país y afectan a todos los sectores: “Ha repuntado la pobreza, medida en términos de ingresos, y ha surgido la condición de neopobres que son los que no tienen acceso a la canasta básica”.

El economista Domingo Sifontes afirma que el deterioro de todos los indicadores económicos que exhibe Venezuela hará que los ciudadanos acudan a las urnas  en medio de un “entorno muy complejo”. Agrega que en la calle hay un malestar generalizado producto de la severa escasez, la elevada inflación y las constantes colas para adquirir los bienes básicos.

La también economista Anabella Abadi sostiene que la grave situación económica que vive el país es producto de la intención de querer implementar en el país un modelo económico clásico del siglo XXI, que fracasó en países como la Unión Soviética y Yugoslavia. “Esta destrucción se hizo en el marco de un boom petrolero, pero con la caída en los precios del crudo la situación se agudiza y hace más difícil la recuperación del país”.

Al respecto Márquez indica que la situación del país genera una mezcla de sentimientos que producen rabia e impotencia. “Las colas son el símbolo del fracaso del gobierno, pero también de la humillación de la gente. Los venezolanos ven en el 6-D la posibilidad de comenzar a superar la crisis de manera pacífica e institucional”.

Deterioro institucional

Márquez considera muy grave el deterioro de las instituciones y asevera que el CNE convalida este desgaste al no actuar ante los abusos de poder y el ventajismo del oficialismo. “Este deterioro lamentablemente alcanza a la Fuerza Armada cuyo papel es fundamental, nadie quiere una democracia tutelada por militares, pero ese es el papel que le ha dado la revolución”.

El sociólogo califica de preocupante que en Venezuela haya más presos de conciencia que en Cuba, donde hay un régimen totalitario. Cree que esta situación refleja la vulneración de los derechos humanos.

El politólogo Luis Salamanca coincide con Márquez en que el país va al 6-D con un gran deterioro institucional. “Los poderes públicos están volcados hacia la línea del Ejecutivo, hay un régimen porque la concentración de poderes está en función de un objetivo. Las instituciones no cumplen las funciones para las que fueron concebidas, no tienen autonomía e independencia y operan de acuerdo con intereses políticos”; asegura.

Salamanca destaca que el Estado es el más grande en la historia del país. “El Estado es absolutamente incompetente porque no se gobierna ni se administra justicia. La impunidad llega a 98%”.

El analista señala que aunque los partidos fueron víctimas de la antipolítica en la década de los noventa, la gente está volviendo lentamente a ellos por el deseo de resolver los graves problemas de la nación. Salamanca añade que el problema del CNE no es la automatización sino “el perfil político” que considera ha asumido el organismo, el cual lo lleva a calificar a los partidos y a desvirtuar su papel de árbitro. Dice que pese a las dudas la gente participará en el proceso comicial “porque  confía en su poder”.