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“El país está partido en dos y así no puede funcionar”

Monseñor Ovidio Pérez Morales, ex presidente de la CEV, asegura que la realidad obliga a un diálogo entre todos los sectores que permita salir de la parálisis en que se encuentra el país. Dijo que el principal responsable de la violencia es el gobierno

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Monseñor Ovidio Pérez Morales, ex presidente de la Conferencia Episcopal  Venezolana y arzobispo emérito de Los Teques,  no oculta su profunda angustia por la crisis política en que está sumido el país. Por eso hace un llamado al presidente Nicolás Maduro y a las fuerzas políticas a buscar consensos para formar un gobierno de transición que logre encauzar la nación.

“No podemos salir adelante con un país descuartizado y dividido. El país no puede ser solo para algunos. La unidad de un pueblo no es uniformidad, una comunidad tiene que ser plural en su manera de pensar y en sus posiciones ideológicas y culturales”, dijo.

Afirmó que el país se mueve cotidianamente al margen de la Constitución y que se está frente a un proyecto totalitario que pretende tener control total sobre el ciudadano. “Es necesario volver a la Constitución”.

—Usted propuso la formación de un gobierno de transición, de integración, de unión que abra paso a una gobernabilidad sólida y estable. ¿Cómo surge esta propuesta?

—Va a dirigida al presidente Nicolás Maduro, y no se trata de una vía alterna a la Constitución. No es mi competencia cómo o quiénes serían los encargados de tejer estos acuerdos. El país está partido en dos y así no puede funcionar. Hay problemas económicos y políticos muy graves. Hay que buscar consensos que permitan el desarrollo de la nación. El problema más grande que enfrentamos es la pretensión del oficialismo de imponer el llamado Plan de la Patria, que es la concreción del socialismo del siglo XXI. Hay que salir de la parálisis de este país y tener una democracia pluralista. No se trata de quitar a unos para poner a otros, este país tiene que ser construido por todos.

—¿Ese documento que usted escribió sobre el gobierno de transición se lo envió al presidente?

—Sí. También lo he hecho llegar a otras instituciones, y a mis compañeros de la Conferencia Episcopal. No me mueve otro interés que el país, mi vida de cargos y posiciones, ya pasó.

—Por qué cree que el Plan de la Patria es el mayor problema que enfrentamos?

—En enero de este año la Conferencia Episcopal se manifestó en contra del Plan de la Patria porque está al margen de la Constitución y es moralmente inaceptable. El socialismo puede ser por momentos un concepto amplio, o vago, pero el socialismo del Plan de la Patria y el socialismo del siglo XXI bolivariano es de corte marxista-leninista, y tiene como modelo próximo el comunismo Castro-cubano. No es un socialismo democrático, sino un salvaje capitalismo de Estado.

—Usted ha dicho que Maduro pretende imponer un gobierno totalitario. ¿Cree que estamos ante una dictadura?

—Hay muchos rasgos de dictadura y, lo que es peor: un proyecto de tipo totalitario. El socialismo del siglo XXI busca el control del ciudadano. En una dictadura se tiene el control político y económico, y una persona puede mantenerse al margen sin ser afectada, un estado totalitario busca controlar a la persona en su globalidad. Aquí vemos cómo los medios de comunicación son aparatos de propaganda y se pretende ideologizar a través de la educación.

—¿Ese gobierno de transición incluye al presidente?

—El llamado que hago es para Maduro, no se trata de ninguna propuesta inconstitucional. El cómo construirlo es otro tema. Hay gente experta en diálogo y negociaciones. Cuando me refiero a los últimos resultados de las presidenciales, es para que se tenga en cuenta que este es un país diverso. No puede haber diálogo convocado desde un centro de poder, que sea como pasar por las Horcas Caudinas.

—¿Cómo cree que puede formarse ese gobierno de transición si Maduro no está abierto al diálogo con la oposición?

—La apertura al diálogo no se tiene por una especie de voluntad o decisión graciosa, son las circunstancias las que hacen posible el encuentro. O nos unimos, o nos hundimos.  La realidad presiona y llega un momento en que la necesidad obliga. Hay experiencias en la historia aleccionadoras: cuando cayó el muro de Berlín, allí nadie fue fusilado, no hubo heridos, ni ninguna hecatombe.

—¿Cómo evalúa el diálogo que tuvieron los estudiantes, MUD y ONG de derechos humanos con la Unasur, y la respuesta de la OEA ante la frustrada intervención de María Corina Machado?

—Los estudiantes están en la calle protestando por su futuro. Los organismos internacionales están mediatizados, pero es notable que no haya una conducta adecuada en relación con la democracia. Tienen doble balanza, para los amigos y los no tan amigos.

—¿Cómo evalúa la represión del gobierno ante las protestas de la ciudadanía?

—El primer factor de violencia en el país es la imposición de un proyecto socialista totalitaria. El gobierno ha exacerbado la violencia y, aunque los estudiantes hacen protestas que quizá debieran evitar, como las guarimbas, se han violado los derechos humanos y se ha abusado desde el poder. Parece que viviéramos en un país con tropas de ocupación.

—¿Cómo puede haber una transición con un gobierno que se apoya en grupos paramilitares de choque para garantizar su estabilidad?

—Estos grupos deben ser controlados por quienes tienen el poder. Simplemente no pueden existir. Recuerdan a las camisas pardas del fascismo. Eso entra en una negociación elemental para la paz.

—¿Qué mensaje les envía a los familiares de las 36 víctimas de este conflicto y a las 59 personas que han sido torturadas, según varias ONG de derechos humanos?

—Rezo por los fallecidos y sus familiares, y por las personas que han sido torturadas. El peligro es que esto se convierta en una estadística del horror. Una sociedad que se acostumbra a la muerte se deshumaniza, sea por violencia política o por el hampa. El principal responsable de la violencia en el país es el gobierno. De eso no hay duda.

ccarquez@el-nacional.com