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“La orden del Sebin era llevar a Sairam hasta la puerta de su casa”

Sairam Rivas no pudo ver a quienes la esperaban la noche del martes a su salida del Helicoide porque un comisario del Sebin subió a Rivas y a su madre Sandis Moreno en una camioneta con la excusa de ayudarlas con la maleta y las llevó hasta su residencia

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Sairam Rivas regresó ayer al Palacio de Justicia, pero por primera vez en 132 días no iba escoltada por funcionarios del Sebin.

“No me lo creo”, fue lo primero que dijo la presidenta del Centro de Estudiantes de Trabajo Social de la UCV a los compañeros de clase que la estaban esperando fuera. La noticia de su libertad corrió entre sus amigos y conocidos el martes, pasadas las 6:00 pm.

“Estaba en la oficina y Susana Rojas –del Frente Nacional por la Libertad de los Estudiantes y Presos Políticos– me llamó para decirme que no me alegrara mucho, pero que tal vez podrían liberar a Sairam”, recordó Sandis Moreno, madre de Rivas. Diez minutos más tarde, Rojas volvió a llamar para decir que la libertad condicional de Sairam ya era un hecho. A partir de ese momento el teléfono de Moreno no paró de sonar. La mujer llamó a su esposo, Jhonny Rivas, y a los familiares más cercanos. Por su lado, los miembros del movimiento estudiantil también le hacían eco a la noticia. A las 6:30 pm todos se congregaron en las afueras del Helicoide.

“Los encargados de custodiarnos eran los del equipo de mediación de la policía. Mientras estuvimos afuera nos trataron muy bien”, afirmó Génesis Castro, quien se define como camarada, amiga y hermana de Rivas. Es, además, su compañera de tesis y mejor amiga. Mientras Rivas estuvo detenida, Castro era la encargada de llevarle libros y cumplir con sus antojos: “Sairam leyó los tres tomos de El Capital, de Marx, y El Estado y la Revolución, de Lenin. Pensaba que iba a pasar las navidades en prisión, así que me pidió un CD de Guaco”.

Si bien la liberación era del dominio público, Rivas no se enteró de que se iría a su casa hasta pasadas las 9:00 pm y pese a que los policías se lo repetían, no fue hasta que vio a su madre entrar al Sebin que creyó la noticia.

“A las 9:30 pm bajó a la entrada del Helicoide un comisario y me dijo muy sigiloso 'Suba tranquila. Sin armar mucho alboroto'”, dijo Moreno, quien dejó todas sus cosas en el carro y comenzó a caminar en la oscuridad por las rampas del Helicoide.

Hasta la puerta

Moreno entró y se encontró a su hija en la recepción firmando papeles. Lo primero que hizo fue abrazarla: “Ella estaba sorprendida. No se imaginaba que saldría primero que sus compañeros. 'No me echen broma', le decía a los policías. Hasta que no le dije yo que recogiera sus cosas, no se lo tomó en serio”.

Una maleta llena de libros y dos bolsos resumían la estadía de casi cinco meses de Rivas en el Sebin.

Había más de 200 personas esperando a Rivas fuera del Helicoide, pero no la pudieron ver. Un comisario subió a Rivas y a Moreno en una camioneta con la excusa de ayudarlas con la maleta.

“Nos pareció muy raro verlos ponerse el cinturón de seguridad, porque se suponía que sólo nos llevarían hasta la entrada, pero cuando nos dimos cuenta ya íbamos por la autopista en dirección a Guatire –donde viven–. La orden era llevar a Sairam hasta la puerta de la casa”, recordó Moreno.

En el camino a casa, Rivas reclamó lo que consideraba un secuestro. Pasadas las 10:00 pm, Moreno pudo llamar a su esposo e informarle que iban camino a casa. La mujer no tenía consigo ni si quiera las llaves del apartamento. Todo lo había dejado en el carro antes de entrar al Sebin.

“Al llegar nos pararon en la entrada y nos tomaron una foto juntas para dejar constancia de que habían cumplido con la orden”.

Una caravana de siete carros enfiló del Helicoide hasta la casa de Rivas. Al verlos, la estudiante lloró. Cosa que no había hecho –por lo menos en público– mientras estuvo recluida.

Sus amigos se quedaron en casa hasta las 12:30 am. Cuando se fueron Sairam encendió la computadora para revisar los mensajes que conocidos y desconocidos le dejaron en las redes sociales, más tarde decidió escribir en un cuaderno sus reflexiones. “A las 2:00 am le dije que ya estaba bueno, y la acosté en la cama, entre su papá y yo; pero a las 5:30 am ya estaba levantada”.

En la mañana visitó a su abuela y la 1:30 pm llegó al Palacio de Justicia, para que el Tribunal 14° de juicio le impusiera las medidas cautelares. La presidente del centro de estudiantes de Trabajo Social de la Universidad Central de Venezuela deberá presentarse cada ocho días, tiene prohibición de salir del área metropolitana de Caracas sin autorización y tampoco podrá asistir a reuniones públicas; pero sí se le permitirá declarar sobre su caso a los medios de comunicación.

El 2 de septiembre se determinó que ella, junto a los estudiantes Manuel Cotiz y Cristian Gil, irá a juicio acusada de instigación para delinquir, agavillamiento y uso de menores para delinquir. Los tres fueron detenidos la madrugada del 8 de mayo, cuando los funcionarios policiales desmontaron el campamento de la resistencia ubicado en la plaza Alfredo Sadel.

Los Testimonios

Susana Rojas, del Frente Nacional por la Libertad de los Estudiantes y Presos Políticos

“La libertad de Sairam nos abre una gran puerta en la lucha por la libertad del resto de los estudiantes. Estamos bien esperanzados. Sairam es una mujer con una entereza única. No la van a quebrar”.

Mariana Suárez, estudiante de Ciencias Políticas en la UCV

“Sairam es una presa del Gobierno. Nos mantendremos en pie de lucha hasta que su libertad sea plena. No nos vamos a callar, porque ella siempre apoyó las causas justas”.