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La noche que se enfriaron las esquinas calientes

La señal más clara de la derrota surgió a las 10:50 pm, cuando fue desmontada la tarima que se había instalado en la plaza Bolívar | Foto EFE

La señal más clara de la derrota surgió a las 10:50 pm, cuando fue desmontada la tarima que se había instalado en la plaza Bolívar | Foto EFE

A medianoche, las esquinas calientes de Monjas y Santa Capilla estaban desiertas 

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La única figura conocida del chavismo presente en el Comando Bolívar Chávez al momento en que la presidente del Consejo Nacional Electoral dio los resultados de las elecciones era Humberto López, ese hombre que se parece y viste como el Che Guevara. Con la mano izquierda en la cara, el índice en la nariz y el pulgar en la barba esperó el desenlace adverso. Habría que leerle los labios para percibir su primera reacción: “¡Qué desastre!”.

López llegó al Teatro Principal en una Yamaha de alta cilindrada modelo Virago junto con su compañera Diana Arias, también ataviada con indumentaria militar. La muchacha, bellísima, acariciaba un cohetón que no utilizaría esa noche, pues no tenía nada que celebrar: “Venimos de recorrer el 23 de Enero, la Baralt, la Urdaneta, Quinta Crespo… y todo está desolado. ¡Qué triste!

La señal más clara de la derrota que tuvieron los pocos chavistas que desde la tarde se acercaron  a la sede del comando oficialista surgió a las 10:50 pm, cuando fue desmontada la tarima que se había instalado en la plaza Bolívar, donde actuarían el Grupo Madera y el salsero Orlando José Castillo, Watussi.  “Todo se perdió. Vienen tiempos duros. Me siento muy mal”, dijo Watussi al abandonar el lugar.

La sensación de desconsuelo se manifestó de diversas maneras desde más temprano. Moclavia Castro, costurera de unos 55 años de edad, llegó llorando. “Yo soy la mamá de Laxmy Justiniano, la niñita que una vez le regaló una morrocoya a Chávez. Yo presentía que íbamos a perder. Anoche estuve peleando con mis dos hijas mayores porque se voltearon, ahora son escuálidas. Me dicen que yo ni nadie puede negar que con Maduro y estos diputados que teníamos en la Asamblea Nacional el país va de mal en peor, que está vuelto leña”.

A falta de algún dirigente que les diera la cara, militantes del oficialismo compartían hipótesis sobre las causas de la derrota: “A Maduro lo jodió la escasez de comida. La hambrazón se siente tres veces al día y el gobierno no ha podido hacer nada para calmarla”, afirmaba Lusmilda Ríos, una colombiana procedente de Petare.

Las campanas de la Catedral anunciaron la medianoche y las esquinas calientes de Monjas y Santa Capilla, desde donde guerreaba Lina Ron, estaban desiertas.