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“Mi misión es luchar por la reconciliación”

Isabel Carmona de Serra, presidenta de Acción Democrática | Foto: Raúl Romero (Archivo)

Isabel Carmona de Serra, presidenta de Acción Democrática | Foto: Raúl Romero (Archivo)

La presidente de AD pide entablar un diálogo serio. Asegura que el apoyo al gobierno está totalmente mermado y que las parlamentarias son el primer paso para recuperar el país

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Isabel Carmona de Serra ha visto pasar muchos gobiernos: dictaduras fuertes –dio a luz en una prisión, en la época de Márcos Pérez Jiménez–, el inicio y declive de la democracia y ahora el chavismo. Hoy, en la conmemoración de los 57 años de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, la dirigente asevera: “Es imposible que esto se prolongue”. Considera que el primer paso para el cambio son las elecciones parlamentarias y que lo esencial es luchar por la reconciliación del país para recuperar la democracia que tanto costó conseguir en 1958.

—¿Alguna vez el país estuvo tan mal?

—Aún recuerdo la pastoral de monseñor Rafael Arias Blanco el 1° de mayo de 1957. La fuerte denuncia de la Iglesia al gobierno de Marcos Pérez Jiménez, en la que se advertía sobre el desempleo, los bajos salarios, la burla a las prestaciones sociales. En ese momento no había una justa distribución de la riqueza y hoy tampoco la hay. Me sorprende que Nicolás Maduro diga que nunca habíamos estado tan cerca de la justicia social. Quizá Pérez Jiménez construyó muchas obras, pero lo hizo con el peso de la sangre del pueblo. No puedo aplaudir un puente debajo del cual corre la sangre de Leonardo Ruiz Pineda. Hoy, cuando vemos al presidente que solo les habla a los chavistas, solo vemos odio. No puede llamarse democracia a un gobierno que tiene estudiantes presos.

—¿Cómo se recupera la democracia?

—El primer paso es la reconciliación de los venezolanos. Maduro tiene que liberar a los presos políticos y entablar un diálogo sincero con todos los sectores. Tiene que darse un diálogo. Maduro no se da cuenta del viraje, de la pérdida de apoyo. Ya no entiende que las masas no le favorecen. No tiene al charlatán de Chávez y se les agotó la chequera.  El apoyo al gobierno está totalmente mermado. Esto es imposible que se prolongue. Nos gobierna una camarilla que dilapidó la riqueza del país y no hay responsables. Mi misión es luchar por la reconciliación.

—¿Y cuál es la vía? ¿La renuncia, las parlamentarias?

—No creo que Maduro renuncie. Para que se logre el cambio es necesario lo siguiente: buscar entendimiento, pero no por actos que se salgan del camino constitucional. El camino más próximo es el proceso electoral de este año. Es posible. El legado más grande del 23 de Enero es dejar tatuada la soberanía popular. El sufragio pleno y absoluto como manera de vivir. Eso es la democracia, la conciencia del pueblo de que es posible.

—¿Pero entonces solo toca esperar a las parlamentarias?

—Trabajar por las parlamentarias no significa no protestar. Tenemos que tener la firmeza necesaria para seguir denunciando las desviaciones del gobierno y exigir el entendimiento nacional. Ayer, en el 23 de Enero de 1958, fue posible la unión de pueblo y Ejército. Se dieron grandes acciones populares. Aquí nadie se cruza de brazos, AD nunca lo ha hecho. Los derechos humanos están en juego y hay que elevarlos a categoría suprema.

—¿Está en capacidad la oposición de conducir ese cambio?

—Nuestra generación fue una generación sin rostro, nadie quería ser presidente. Hay que dejar el personalismo y entender que solo unidos podemos lograr la reconciliación y el cambio. Hay que dejar el lado el drama de las aspiraciones personales y entender la hora trágica que vive Venezuela.

—¿Es tan duro este momento como la dictadura de Pérez Jiménez?

—Mientras Maduro tenga las cárceles llenas de estudiantes por pensar distinto aquí no hay una democracia. La batalla no es solo por lo que se ve, como las colas para comprar azúcar, sino también por lo que no se ve, como los presos políticos.