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"No es justo poner la carga de la derrota en los testigos"

El dirigente confía en que el peso individual de los candidatos de la oposición a las regionales brindará resultados positivos. Calificó de admirable el esfuerzo de Henrique Capriles durante la campaña

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Independientemente de la posición política que le haya tocado ocupar, Diego Arria se ha caracterizado por mantener y defender sus posturas, polémicas para algunos y radicales para otros.

Durante la campaña por las primarias de la oposición no tuvo reservas en criticar el programa de gobierno de la unidad; luego de la elección de Henrique Capriles, hizo observaciones públicas sobre las desventajas de competir contra un adversario que tenía el árbitro de su lado. Los resultados de las presidenciales no modificaron esa franqueza para decir lo que piensa.

“Henrique Capriles realizó un esfuerzo admirable, que en mucho me recuerda la campaña de CAP en 1973; sin embargo, creo que el subestimar el peso de los partidos tradicionales más importantes fue un serio error”, afirma.

—¿No están esos partidos en declive? Su desaparición del tarjetón electoral impide medir cuánto apoyo tienen.
—Creo que Acción Democrática e incluso Copei son los únicos con capacidad de hacer empatía con los sectores populares, que representan 80% del país. Yo no veo en Primero Justicia esa empatía. Esa realidad fue ignorada y las víctimas somos el candidato y quienes aspirábamos a recuperar y reunificar el país. La revitalización de los partidos tradicionales representará un hecho muy importante, comparable con lo que ocurrió con el PRI de México, donde unos liderazgos más jóvenes ayudaron a inyectarle nuevos aires a un partido histórico.

—¿Qué recomendaciones le hizo al equipo de campaña de Henrique Capriles y cuáles fueron acogidas?
—Nunca tuve la oportunidad de ofrecer recomendaciones directamente ni a Capriles ni a sus colaboradores. Mis puntos de vista expresados en público y en privado a lo largo de la campaña de las primarias dejaron suficientemente claro que yo tenía una visión muy distinta de la del candidato de la MUD, especialmente porque yo mantenía que era imposible que la trascendencia política y social de Venezuela se sustentara en la cohabitación con las instituciones secuestradas por el actual régimen.

—¿Qué le faltó a la campaña de Capriles para ganar la elección?
—Faltó una gran alianza nacional, en lugar de una simple unidad. Una alianza que incluyera a sindicatos, gremios, universidades e iglesias. En otras palabras, inclusión, apertura y pluralidad. Primero Justicia y UNT se apartaron de la tarjeta de la unidad, estimulados seguramente por una apetencia prematura de poder. Irónicamente, la tarjeta de la unidad derrotó a la tarjeta de PJ, la de UNT y la de Voluntad Popular. Mi conclusión: la gente quería más la unidad para sacar a Chávez del Gobierno que elegir a un candidato de partido.

—Usted ha utilizado la expresión “fraude en cámara lenta” para referirse a las presidenciales. ¿Tiene pruebas de un fraude?
—En el pasado se podía demostrar si había o no fraude con mayor facilidad. No logro entender si el abuso, el engaño, la extorsión y el chantaje no corresponden a la definición de fraude. Los dirigentes de la oposición han sido más categóricos en la defensa de los resultados electorales que el propio Chávez. Ahora comienzan a advertir irregularidades en todo el país.

—Desde el PSUV han señalado que los testigos de la oposición fueron improvisados. ¿Es justo poner la carga de la derrota en los testigos?
—Leopoldo López declaró públicamente que teníamos el 100% de los testigos y que estaban adiestrados. No es justo para nada poner la carga de la derrota en los testigos que son fundamentalmente voluntarios. La carga deben asumirla los dirigentes de partidos que se negaron, por razones inaceptables, a enfrentar al ministerio de elecciones de Chávez. Apostaron a que una mayor participación vencería el monumental ventajismo del régimen.

¿Cuál es la importancia de las elecciones regionales del 16-D?
—Hay una realidad clara, un secuestro en progreso, un golpe continuado desde el 4 de febrero de 1992 que está por concluir. De hecho, estamos frente a la amenaza real de la implantación del poder comunal y creo que sus consecuencias no han sido debidamente explicadas a los venezolanos.

—¿Cuáles son esas consecuencias?
—Se creará la República Bolivariana Socialista del Poder Popular de Venezuela. Tal decisión requeriría ser aprobada por una Asamblea Constituyente que, no tengo dudas, convocará Hugo Chávez para este y otros propósitos. Este escenario, más que posible, es lo más probable: ya creó el Ministerio de las Comunas y le ordenó a la Asamblea Nacional aprobar la Ley del Poder Popular para acelerar la constitución de las comunas, y poder constituir el Estado socialista.

—Según el Presidente, ese modelo es mejor que el Estado burgués.
—El Estado socialista o comunal le pondrá fin a la democracia representativa y, bajo el supuesto de asignar todo el poder al pueblo, reemplazará la Asamblea Nacional por una Asamblea del Poder Popular como órgano supremo del poder del Estado, cuyos integrantes serían elegidos por las comunas en votaciones indirectas. Es decir, se acabaría el sistema de elecciones directas, incluso para designar al presidente de la República, que sería escogido por la nueva Asamblea. De igual manera desaparecerían las posiciones de alcaldes y gobernadores.

—¿Qué les diría usted a los venezolanos que tienen dudas sobre los resultados del 7 de octubre de cara a las regionales?
—No hay otra opción que invitar a votar en los comicios regionales, en los cuales creo que tendremos mejores oportunidades. El peso individual de los candidatos en cada región será muy importante. Soy bastante optimista sobre esos comicios.

La hora de la verdad

Diego Arria acaba de publicar el libro La hora de la verdad, que surgió de su necesidad de plasmar su visión de los problemas estructurales del país y sus propuestas para resolverlos.

“Nunca dejé de advertir los peligros que enfrentábamos en el proceso electoral. Por eso escribí este libro, que pretende contribuir a un mejor conocimiento de las realidades políticas del poder y de la autoridad en las que me ha correspondido actuar”.

Destaca que Venezuela se encuentra en una profunda crisis, signada por la división y el odio social, cuyas consecuencias pueden irradiarse a América Latina. “Chávez ha condenado a muerte el futuro de los más jóvenes y los más pobres. Es una sentencia que estamos obligados a evitar que se ejecute”, dice en el texto.