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El día que el hemiciclo de sesiones se convirtió en coliseo romano

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Expertos advierten que el PSUV no ha procesado su nueva realidad: ahora es minoría

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28 días han pasado desde que el diálogo político se fracturó en el Poder Legislativo tras la decisión de su presidente, Diosdado Cabello, de silenciar a los diputados que no respondieran a su gusto a una interrogante: “¿Señor diputado, reconoce usted a Nicolás Maduro como presidente de la República?”.

Las expectativas nacionales e internacionales están puestas hoy sobre la Asamblea Nacional, pues la promesa del PSUV y la esperanza de los partidos de la MUD es que se restituya la normalidad en el Parlamento.


A golpes. El 30 de abril de 2013 será recordado como el día en que el salón de sesiones del Poder Legislativo se convirtió en un recinto cerrado para la lucha cuerpo a cuerpo, al mejor estilo de los espectáculos preparados en el imperio romano para deleitar los gustos del emperador de turno.

Lo que las imágenes oficiales mostraron luego del incidente -pues la cobertura en vivo de ANTV impidió conocer la verdad de lo que ocurría- fue a un grupo de diputados que protestaba con pitos, cornetas y pancartas contra la medida de silencio impuesta en su contra, mientras eran golpeados por algunos de sus colegas.

Mercedes de Freitas, directora ejecutiva de Transparencia Venezuela, y el politólogo Xavier Rodríguez coinciden en que lo más preocupante del incidente no fueron los golpes físicos, sino lo que se puso de manifiesto: el intento de silenciar a los 5.394.931 millones de electores que en septiembre de 2010 votaron por los diputados de la MUD y a los 7.361.512 venezolanos que apoyaron la opción de Henrique Capriles el 14-A y que dudan de los resultados anunciados por el CNE.


Sin voz. “El problema no es quién pegó primero el día de la trifulca, sino pretender que haya un Parlamento con una sola voz”, resume Rodríguez, experto en el estudio comparado de los parlamentos latinoamericanos.

Afirma que el país presenció un nuevo intento de acallar las voces contrarias al Gobierno para suprimir opiniones discrepantes y evitar que a través de ellos se amplifique la voz de la mitad del país que votó contra Maduro. “Yo lo he llamado pretorianismo parlamentario, que es el ejercicio parlamentario derivado de una mentalidad militar, que pretende hacer de la Asamblea Nacional una instancia sin pluralidad, sin diversidad, sin ideas diferentes de las oficiales, que copia el modelo obediente de la cultura militar”, explicó.

De Freitas considera que la violencia contra la oposición en el Parlamento tiene su raíz en la situación de debilidad política en que quedó el PSUV tras el 14-A. Recuerda que, según las cifras del CNE, el partido de Gobierno obtuvo 41% de los votos y necesitó a sus poco valorados aliados para alcanzar e 50,61%. La MUD sacó 49,1%.

“El chavismo quiso ‘cobrar la traición’. Esa frase da cuenta de la visión que se tiene desde el Gobierno y el resto de los poderes públicos acerca de lo que pasa en Venezuela. Desde la perspectiva del PSUV, la Asamblea Nacional es un espacio de lucha por el control del Estado, no un cuerpo en el que las distintas visiones y fuerzas del país discuten y se ponen de acuerdo acerca del diseño de la sociedad que se quiere construir”, expresó De Freitas.

La imagen del presidente de la Asamblea difundida el 1° de mayo en la noche en cadena nacional quedará para la historia. Cabello, sentado en medio de los dos vicepresidentes, observa impasible la trifulca que protagonizaban frente a sí sus colegas. A su derecha, Darío Vivas, inquieto, de pie. A su izquierda, Blanca Eekhout, tensa, callada. Las tres cabezas del Poder Legislativo, presenciando desde la Tribuna Imperial del Coliseo, la golpiza al Estado de Derecho.


Ni con Cilia

 Xavier Rodríguez señaló que no hay referentes de lo vivido estos días en la Asamblea en la historia política. Citó episodios como el asalto al Palacio Federal por José Tadeo Monagas en enero de 1848; los álgidos debates antes, durante y después de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez; y las sesiones posteriores al golpe del 4-F de 1992. “Sin embargo, hasta en los momentos más críticos, siempre se le dio espacio a todos para que expresaran sus opiniones”, aseguró.

En la legislatura 2000-2005, cuando la correlación de fuerzas entre oficialismo y oposición era pareja, se presentaron trifulcas y situaciones hostiles, pero nunca se detuvo la función parlamentaria ni cesó el diálogo ni se condicionó el derecho de palabra.

“Este atropello no lo vimos cuando Maduro presidió la Asamblea, ni siquiera cuando Cilia Flores estuvo al frente entre 2006 y 2010. Suspender la actuación de la oposición en las comisiones, anular su capacidad propositiva por la vía de negar cualquier propuesta, suspenderles los salarios a los diputados, vetarlos en la página web y en ANTV lo que busca en realidad es desarticular cualquier posibilidad de disentir”, afirmó.

En la región tampoco existen precedentes. Dijo que ni el intento de golpe de Estado en España en 1981 ni los airados debates en los congresos de Perú en 2000 y de México en 2006 llevaron a medidas tan drásticas.