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"El gobierno prefiere el conflicto social a una derrota electoral"

El profesor Ramón Piñango / Sandra Bracho

El profesor Ramón Piñango / Sandra Bracho

Ramón Piñango asegura que Venezuela vive una situación similar a la del 27 de Febrero

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Ficha personal
Sociólogo y profesor del IESA. Especialista en entorno social, comportamiento organizacional y liderazgo

Hablar del posible colapso de un gobierno duro con la disidencia no es sencillo. Menos si las palabras se publicarán. Cuando se le pregunta si Nicolás Maduro podrá hacer con el poder lo que le provoque y perdurar intacto, el sociólogo Ramón Piñango respira, baja la mirada hacia el escritorio –saturado de revistas, papeles y libros–, junta las manos y piensa cada palabra antes de hacer una afirmación.
Recuerda que a Hugo Chávez se le perdonaba todo, porque tenía el carisma y los dólares de Pdvsa. “Pero ahora no tienes ni el carisma ni la chequera”, señala.

Opina que la crisis económica y la inseguridad, los dos principales problemas de los venezolanos, han generado tal descontento en el país que, esta vez, suelta una oración sin meditarla demasiado: “El colapso ya comenzó”.

–Esta semana el oficialismo impidió dos actos de Henrique Capriles y uno de trabajadores de la Gobernación de Miranda, ¿qué busca con eso?
–Aquí alguien está jugando con fuego, pero a conciencia. La situación económica es muy delicada. La protesta se ha incrementado significativamente, ya sea por fallas de servicios públicos, de inseguridad o laborales. En medio de ese ambiente de conflictividad, en el que la gente se agarra a golpes en un supermercado por conseguir leche, si incitan a la violencia política, ¿cómo no pensar que es adrede? La provocación a los que no están con el régimen es grande, hay una agenda que, espero, no esté asociada al deseo de suspender elecciones el 8-D. Lo espero como ciudadano que cree que todavía hay que votar. Espero que el liderazgo opositor no caiga en la trampa.

–¿Por qué querrían suspender las elecciones?
–Uno busca la suspensión de elecciones cuando siente una profunda inseguridad con los resultados. El régimen viene sostenidamente cayendo en el voto popular. Se corre el riesgo de que pierda las principales alcaldías y que pierda el voto popular.

–¿El gobierno prefiere un conflicto?
–Pareciera que están jugando a esa hipótesis. Si a mí el gobierno me consultara, yo les diría: se equivocan, no es lo que más les conviene, porque es un gobierno débil, que tiene también serios conflictos internos en el seno de los grupos que lo apoyan. Un gobierno débil que provoque el conflicto las puede perder todas. Estoy convencido de que el gobierno prefiere el conflicto social a una derrota electoral.

–¿No estarán apostando por un escenario al estilo de abril de 2002? Conseguir legitimidad con un golpe.
–En aquellos momentos la historia había cargado los dados en el régimen que comenzaba. Las promesas de Hugo Chávez todavía sonaban bien. Pero el de 2013 es un gobierno desgastado, que ha mostrado una incompetencia tremenda. Hay que ver lo que significa la lucha para conseguir bienes básicos, una inflación que llega a 50% este año. Un gobierno incompetente no puede correr el riesgo de provocar conflictos porque le puede salir el tiro por la culata.

–La situación económica es la peor en mucho tiempo. El sociólogo Heinz Dieterich dijo que la permanencia del gobierno está en duda si no hace un viraje en 15 días.
–Creo que las dos semanas de Dieterich eran más una frase efectista. Ya el colapso comenzó. Cuando uno ve la brecha inmensa que hay entre el dólar oficial y el paralelo, las dificultades para importar, la escasez de bienes básicos y la inflación creciente, sabemos que el colapso ya comenzó.

–Algunas personas afirman que no se siente, ¿qué es necesario para que sea evidente?
–Hacen falta los eventos dramáticos. El gobierno abriga la esperanza de que no lleguen. También hay factores de oposición que creen que la cosa se va a poner algo peor, pero no mucho. Hay quienes creemos que se pondrá mucho peor.

–¿Cuánto tiempo le da a ese colapso?
–Los fenómenos sociales no emergen nunca repentinamente, comienzan en pequeñito y van creciendo. Lo que ocurre es que ante nuestros ojos se manifiestan cuando ya las magnitudes son muy altas. El 27 de febrero de 1989 no fue repentino. Eso se cocinaba lentamente y creo que estamos viviendo una situación similar a ese 27 de febrero.

–¿Cómo interpreta los beneficios y los constantes actos de Maduro con la FANB?
–Hace pocos días tuvimos algo que nunca habíamos visto: una manifestación de militares frente al TSJ, exigiendo que cumplieran las promesas hechas por Chávez a los que participaron en la intentona de golpe de 1992. Primera vez en mi vida que veo una manifestación de militares. Como nunca en las últimas décadas todo el mundo habla del tema militar; el mismo gobierno habla de si hay o no un golpe. Los militares no están dentro de una campana de cristal, son parte de la sociedad. Cuando la gente jura tanto que los militares lo apoyan, quiere decir que no es así.

–¿Conviene una salida militar?
–Nunca nos han convenido, pero no son resultado del gusto de uno, sino de las circunstancias, las dinámicas sociales y políticas. Si ocurre algo de eso, que puede ocurrir y las probabilidades crecen cada día, eso será otro de los factores de valoración negativa de este régimen.

–¿Por qué puede ocurrir?
–Porque el descontento es muy general y por un factor muy preocupante, que es que el país se ha estado anarquizando. Cuando crece la probabilidad de ser asesinado en la calle cada día, eso quiere decir que la esencia de Estado se fue al demonio. La gente anda buscando cualquier solución y estamos llegando, o ya llegamos, al punto en el que muchos quieren alguien que ponga un mínimo de orden, no importa si viola los derechos humanos, y eso es muy grave, es retroceder en la historia.

El más apto
Las constantes amenazas del Ejecutivo contra los principales líderes de la oposición han evidenciado algo que, para el sociólogo Ramón Piñango, es muy peligroso en momentos de alta conflictividad social: que en el país no existen árbitros institucionales.

“Nadie cree en los árbitros institucionales: Fiscalía, TSJ, Defensoría, Parlamento, por nombrar algunos. Si alguien dice que alguien va preso, va a ir preso y no puede recurrir a nada. Se hacen las diligencias judiciales sólo para que conste en acta, para que el ámbito internacional sepa que se hicieron. Cuando no hay árbitro, estamos en un disparadero. No es nada de extrañar que alguien se harte de eso, alguien poderoso, no sé quién”, expresó.

Opina que la dirigencia opositora debe insistir en la importancia del voto, pero sin abandonar la protesta y los reclamos con mayor contundencia. “No me parece lo mejor haber tolerado tanto por tanto tiempo. Mucha gente se siente desorientada”, agregó.

Piñango celebra que hayan surgido nuevas voces en la oposición, como Leopoldo López, María Corina Machado o Pablo Medina, capaces de tener un discurso más contundente y de competir por el liderazgo. Aseguró que para llevar las riendas de la MUD se requiere de un cierto darwinismo: que sobreviva el más apto.