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Luis Miquilena: “Que la gente tome la calle y que la protesta se sienta”

Luis Miquilena | ALEXNYS VIVAS

Luis Miquilena | ALEXNYS VIVAS

Considera que las acciones judiciales contra el presidente editor de El Nacional, Miguel Henrique Otero, indican que no hay escrúpulos para golpear la libertad de prensa. Advierte que el Gobierno persigue a sus adversarios como en las dictaduras

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Ficha personal

Ex dirigente del PCV y luego de URD

Cofundador del MVR

Ex presidente de la ANC

Ex ministro del Interior


Luis Miquilena, que fue uno de los hombres de mayor confianza de Hugo Chávez, habla de los chavistas con decepción: “Ya no son los mismos luchadores que fueron al principio. Y a falta de Chávez, apelan a la bayoneta de la Asamblea Nacional y del Poder Judicial”.

Como presidente de la Asamblea Nacional Constituyente contribuyó a edificar la infraestructura jurídica del país y hoy lamenta que la Constitución y las leyes se hayan convertido en instrumentos de persecución política.

En medio de la crisis de abril de 2002 retiró su apoyo al Gobierno y desde entonces está en la acera de enfrente, como un crítico acérrimo. A los 94 años de edad está dispuesto a colocarse a la cabeza de una movilización nacional para detener los abusos gubernamentales y cita como los más recientes atropellos el allanamiento de la inmunidad parlamentaria del diputado opositor Richard Mardo y el congelamiento de las cuentas bancarias del presidente editor de El Nacional, Miguel Henrique Otero.

–¿Cuál es la trascendencia de la defenestración de Mardo?

–El Gobierno no le da tregua a la oposición en su política represiva contra las libertades ciudadanas. Y para eso necesita ir desbrozando su camino de adversarios. Tiene una lista de personas a quienes poco a poco lleva a la guillotina que tienen montada: un sistema judicial que está al servicio de la política electoral del Ejecutivo. El agravante en el caso de Richard Mardo es que, además, el Poder Legislativo, que también forma parte de la cadena represiva, ha llegado a la iniquidad miserable de violar la disposición constitucional para allanarle la inmunidad mediante una mayoría simple de los diputados de la Asamblea Nacional y no como lo manda la Constitución, es decir, con el voto de las dos terceras partes.

–¿Si todos los poderes públicos están controlados por el oficialismo, qué opciones quedan para enfrentar los abusos?

–Ese es el principal reto que tiene la oposición. Es necesaria la movilización nacional para canalizar el descontento de los que realizan protestas de todo tipo. Se debe emprender una lucha activa y sostenida para afrontar hechos como el allanamiento de Richard Mardo. Es necesario que la gente tome la calle y que la protesta se sienta. Por supuesto, con métodos absolutamente pacíficos. El pueblo en la calle es la única forma de detener los atropellos del Gobierno.

–¿El Gobierno está obligado a dialogar y negociar con sectores de la oposición o concentra poder suficiente para imponer su voluntad?

–El diálogo es intrínseco al sistema democrático. Esa necesidad de diálogo es mucho mayor cuando se trata de un gobierno como este, que tiene tantas limitaciones, tanta incapacidad para resolver los problemas de la gente. Pensemos en el alto costo de la vida, la escasez de alimentos y la inseguridad, como lo más relevante.

–¿Cuál es la diferencia de la lucha contra el adversario político en relación con gobiernos anteriores?

–A mí me tocó participar en la resistencia contra la dictadura, y la persecución política desarrollada en los últimos años es propia de una dictadura: la acción represiva directa contra el adversario. La diferencia con gobiernos anteriores es la socarronería de disfrazar la represión con una máscara legal.

–El argumento del Gobierno en el caso de Mardo es que se está luchando contra la corrupción.

–Es una burla afirmar que se está luchando contra la corrupción mientras funcionarios de diversa jerarquía se han enriquecido impúdicamente en perjuicio del patrimonio público. ¿Qué pasó de las denuncias de corrupción contra el actual presidente de la Asamblea Nacional cuando fue gobernador del estado Miranda? La lista inmensa de irregularidades que fueron descubiertas permanece impune. Ningún fiscal ni juez se atreve a hacer la más mínima investigación sobre esos casos.

–¿Qué opinión le merece la conducción de la Asamblea Nacional por Diosdado Cabello?

–Este caballero que la dirige es un patán. No tiene ningún sentido de parlamentario. Es deleznable como maneja la Asamblea Nacional.

–¿Cómo evalúa los primeros 100 días de gobierno de Nicolás Maduro? ¿Se ha fortalecido? ¿Se ha debilitado?

–El pobre de Nicolás Maduro no sabe qué hacer con el gobierno, como aquel minero que se encontró una inmensa piedra de oro y que de la noche a la mañana se convirtió en un potentado. Por decisión del que él llama su padre, Maduro apareció como presidente de la república sin tener las más mínimas condiciones para ejercer ese cargo. Pretende imitar a Chávez, pero lo hace de una forma tan burda que termina convertido en una verdadera caricatura. Si tuviera un poquito de sentido común, hubiera procurado que alguien colaborara con él para resolver los problemas más apremiantes.

–¿Cómo podría superar Maduro los cuestionamientos a su legitimidad derivados de su negativa a hacer un recuento de votos?

–La legitimidad de un gobernante está en proporción directa a su capacidad de resolver los problemas del país. Los problemas no se resuelven con populismo ni con represión. Tienen que usar la cabeza y ello implica entenderse con todos los sectores involucrados en cada caso.

–¿Maduro es autónomo en sus decisiones o su gobierno está tutelado. ¿Quién o quiénes serían esos tutores?

–Maduro está gobernando bajo el peso de un complejo muy serio porque quiere imitar al amo, y eso ya lo hace dependiente. En segundo lugar, su poca capacidad para gobernar también lo hace dependiente. Yo no sé a quién consulta, pero los resultados no son los mejores.

–A instancias de la Fiscalía, un tribunal ordenó el congelamiento de las cuentas bancarias de Miguel Henrique Otero. El afectado asegura que es un mecanismo de censura y el Gobierno, que se trata de una querella privada. ¿Qué opina usted?

–Lo de Miguel Henrique es un ejemplo de cómo esta gente usa todos los elementos que tiene a su alcance para atacar lo que ellos consideran más venenoso, como lo consideran todos los que actúan como aprendices de déspotas. Estamos hablando del ataque a la libertad de prensa. La extensión de una acción privada contra Miguel Henrique a un proceso penal revela que no hay escrúpulos para golpear la libertad de prensa. Lo que ocurre es que El Nacional trasciende a Miguel Henrique. El Nacional es una institución, es una parte de la historia de Venezuela que quieren atacar con chapucerías.

–Chávez cerró la televisora más antigua de Venezuela: RCTV. ¿Hasta dónde puede llegar Maduro?

–Aquí nada va a ser gratis. El Gobierno está en plan agresivo para cercenar las libertades democráticas progresivamente. Todo va a depender de cómo nos organicemos, y yo me incluyo en esa organización para desarrollar una lucha sostenida por las libertades.

–¿Las medidas contra los medios pueden acarrear costos políticos para el Gobierno?

–Yo creo que si queda un poco de raciocinio, el Gobierno debe recordar que después del cierre de RCTV tuvo su primer revés electoral, con el rechazo mayoritario a la reforma de la Constitución. Si siguen en ese camino, cabe aquello de que los dioses ciegan a los que se quieren perder.


Gladys, la arrendadora

Miquilena cuenta que era amigo de la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, Gladys Gutiérrez. Que la conoció porque era la propietaria de un apartamento que él le alquiló para que lo ocupara Chávez.

“Ella llegó al poder de esa forma, por carambola. Después circuló la versión de que ella no cobró nada, pero yo mismo me encargaba de pagarle mensualmente la renta”, afirmó.

La estima que le tenía a Gutiérrez se acabó con sus ejecutorias como magistrada del TSJ: “Yo acaricié la esperanza de que ella no se prestara a acciones ruines, como las emprendidas contra Mardo. Pero todos los magistrados del TSJ se convirtieron en simples títeres de cualquier sargentón del Gobierno”.