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El debate electoral se concentra en liderazgos de Chávez y Capriles

El candidato presidencial Henrique Capriles en rueda de prensa / AFP

El candidato presidencial Henrique Capriles en rueda de prensa / AFP

Yván Serra, Mariana Bacalao y Carmen Beatriz Fernández coinciden en que Maduro está en un segundo plano, pues lo principal es el mandato del presidente fallecido

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La desaparición física de Hugo Chávez no es suficiente para que la elección de su sustituto, el próximo 14 de abril, parezca un plebiscito para evaluar el liderazgo y gestión del líder fundamental del proceso de construcción del llamado socialismo bolivariano del siglo XXI, como ha ocurrido en los 17 comicios celebrados desde 1998, independientemente de que se trate de escoger un alcalde o de una consulta refrendaria.

La omnipresencia de Chávez persiste como determinante en la política venezolana y en la contienda entre Nicolás Maduro y Henrique Capriles Radonski, que formalmente comienza hoy.

“Chávez muere en su mejor momento –observa Yván Serra, director de la consultora Metropinión– a poco tiempo de una elección en la que obtuvo más de 8 millones de votos, en uno de sus picos de popularidad, sin que a él le haya tocado afrontar la crisis económica”.

El especialista destaca la autoridad del presidente fallecido: “Su poder no sólo estaba dado por los atributos formales del cargo, sino por las características de su persona, lo cual hace que para muchos de ellos sus deseos fueran órdenes. Maduro sólo tiene una fortaleza: ser ‘el ungido’ de Chávez, y por tanto, hace todo desde el punto de vista comunicacional para que la gente lo sepa y no lo olvide”.

Mariana Bacalao, experta en opinión pública de la Universidad Central de Venezuela, coincide con Serra e incorpora otra constante de los procesos electorales en el país: “Una cosa es apostar desde el discurso al culto a la personalidad de Hugo Chávez como líder y otra muy distinta es perpetuar la presencia del fallecido presidente a través de una maquinaria gigantesca, de recursos ilimitados (en tanto opera más allá de contralorías, auditorías o arbitrajes posibles por parte del Poder Ciudadano), que se ha vuelto ubicua de hecho”.

La presidente de la consultora Datastrategia, Carmen Beatriz Fernández, agrega: “Este proceso electoral es muy singular, entre otras cosas porque la campaña dura casi tanto como las exequias del presidente, y sus pompas fúnebres han secuestrado casi totalmente la agenda de la discusión nacional”.

Fernández valora los esfuerzos de la oposición por sacar provecho de otra particularidad: el agravamiento de los problemas económicos y sociales, que afectan directamente la cotidianidad de los venezolanos. “Aún cuando la agenda pública esté signada por la muerte de Chavez, los problemas reales (económicos y de inseguridad) son tan apremiantes que podrían aflorar y estropear el cuidadoso cálculo con que el oficialismo planificó el cronograma electoral”.

Emoción versus razón

El coordinador nacional del Comando Simón Bolívar, Henri Falcón, ha propuesto sacar a Chávez de la contienda para “dejarlo descansar en paz”. Y desde el comando oficialista, Jorge Rodríguez descarta esa posibilidad y ha respondido que el presidente fallecido es su mayor aval.

Serra observa que la estrategia de la oposición es señalar que Chávez no es quien compite, sino Maduro. “Mientras el mensaje de Maduro trata de tocar la fibra emocional, al invitar a honrar el legado y último deseo del comandante, el discurso de Capriles trata de tocar el lado racional de la gente. A falta de Chávez, hay que buscar la persona que resuelva los problemas de la gente. Que la gente se acuerde más de sus problemas y menos de Chávez”.

Bacalao subraya que el slogan de Capriles (“Venezuela somos todos”) incluye a quienes se identifican con Chávez, mientras que el de Maduro busca persuadir a los militantes del chavismo de que él encarna la continuidad y de que Chávez desde el más allá está esperando ese reconocimiento.

Fernández también advierte la dicotomía emoción-razón: “Maduro surfea la ola emocional de la exequias de Chávez. Como legítimo heredero, exige que se cumpla su testamento político. Sólo eso. Sencillo y poderoso, sobre todo cuando lo cruzas con la fuerza del petroestado a favor de su campaña electoral”.

En cambio, indica, el mensaje de Capriles es menos simple: “Venezuela somos todos ofrece una idea de fuerza fundamental que logra consenso en nuestra sociedad: la necesidad de reconciliación. Casi 70% del país comulga con la idea de que debemos reconciliarnos como sociedad y ello incluye a buena parte del chavismo”.

Serra caza un posible gazapo: “El slogan de Capriles asume que la gente está cansada de polarización y, por tanto, una vez desaparecida la causa de la polarización sería tiempo de unidad nacional. La idea es buena, pero debe ser reforzada en todos los discursos, pues, de lo contrario, termina siendo sólo una frase de campaña y más nada”.  

Los énfasis: el país y el poder

“¿Qué sería de ese candidato si no utilizara la imagen del presidente? Frente a la devaluación, yo propongo recuperar el valor de nuestra moneda. Frente a la escasez, yo propongo producir alimentos. Frente a la misiones, yo propongo más misiones. Frente a los trabajadores públicos, yo propongo firmar las contrataciones colectivas. Frente a la inseguridad, yo propongo la paz, educación, deporte, cultura”.

Capriles, Aragua, 23 de marzo

“…aquí está en juego el futuro del proyecto de este libertador del siglo XXI, aquí está en juego la propia existencia de esta patria, aquí está en juego la paz de la República, aquí están en juego dos modelos: o la revolución democrática, antiimperialista de independencia socialista de Chávez o la nada, o la burguesía, o la antipatria, o el neoliberalismo, o el saqueo, o la oscuridad”.