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"Lo que está pasando es simplemente anomia"

Exigir que se bajen los precios en las puertas de las tiendas es aplicar "la ley del más fuerte", dijo Francisco Coello | Foto: José Pacheco

Exigir que se bajen los precios en las puertas de las tiendas es aplicar "la ley del más fuerte", dijo Francisco Coello | Foto: José Pacheco

El sociólogo Francisco Coello opina que el llamado a vaciar anaqueles no da poder al pueblo, sino que impulsa la anarquía desde el Estado

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El politólogo italiano Norberto Bobbio define el Estado como un ordenamiento jurídico que ejerce el poder soberano sobre un determinado territorio. El concepto moderno le otorga el monopolio legítimo de la fuerza. Desde que el presidente invitó a vaciar los anaqueles, los ciudadanos han llegado a trancar calles para obligar a las tiendas a abrir sus puertas y bajar sus precios, y miembros del PSUV fiscalizan que así sea. ¿Entregó Nicolás Maduro parte del poder del Estado a los ciudadanos?

El sociólogo Francisco Coello opinó que no existe un verdadero empoderamiento, que es, explicó, la verdadera libertad de la gente para disfrutar de sus derechos.

“Lo que está pasando es simplemente anomia –falta de normas– o caos promovido desde el poder con fines totalmente distintos. Forzar a vender algo a un precio o saquear una tienda no es empoderamiento, es imponer la ley del más fuerte”, expresó.

¿Cuáles son esos fines? Son tres, aclara el sociólogo, y se limitan al ámbito electoral: sembrar el miedo al voto y que haya una baja participación el 8-D que favorezca al oficialismo; crear una situación en la que la oposición pueda equivocarse, separándose quizá de la vía electoral, o generar las condiciones para suspender las garantías o suspender las elecciones.

Coello lamentó que el Estado, que entre sus funciones está imponer el orden, promueva la anarquía. “El Estado desató una situación en la que podría pasar cualquier cosa”, opinó.

Haciendo una analogía con las clases que da en la UCAB, el sociólogo agregó: “Que un estudiante se copie es malo, pero está dentro de lo controlable. El problema es cuando uno se asoma por la ventana y ve que el profesor es el que reparte las chuletas. Eso es la anarquía grave”.

Aclaró que, aunque mucha gente haya atendido el llamado de Maduro, se trata de miles de personas y no es un reflejo de los 30 millones de venezolanos. Incluso aseguró que muchos chavistas deben sentirse indignados con lo que está ocurriendo.

Añadió que con estas acciones se evidencia que el gobierno ha perdido el norte, como se observó cuando el oficialismo trancó los accesos a Caracas desde Miranda para evitar que los trabajadores de la gobernación exigieran reivindicaciones laborales.

Milicias. El politólogo Guillermo Tell Aveledo coincide con Coello en que no existe un verdadero empoderamiento: “Es un espejismo de empoderamiento porque la medida solo beneficia el interés del gobierno de desviar su responsabilidad sobre la inflación y la debilidad del bolívar, proyectándola sobre otros actores sociales, en este caso, los comerciantes”.

Opinó que no es lógico desde el Estado de Derecho y la Constitución que la Milicia y las unidades de batalla Hugo Chávez (PSUV) fiscalicen la compra de los artículos. Sin embargo, aclaró que desde la perspectiva socialista el Estado es agente de la clase dominante, en este caso, el partido (PSUV).

Advirtió que al gobierno se le puede ir la situación de las manos en la medida en que haya gente que demande más de lo que puede recibir. “Estos bienes pueden ser escasos a la vuelta de la esquina. No vienen otros bienes. En cierto modo el gobierno está estimulando compras nerviosas”, agregó.

Hay dinero

El psicólogo social Leoncio Barrios opinó que el presidente Nicolás Maduro no ordenó un caos, sino que aplicó medidas contra la especulación a las que la gente respondió saliendo a las calles.

“Ha habido una respuesta que tiene que ver con que hay una matriz de opinión en todos los sectores de que en el país hay una tendencia especulativa”, expresó.

Dijo que no cree que se desate una anarquía, porque se trata de una mercancía finita y, cuando se acaben los productos, la gente no saldrá más.

“En la medida que pasan los días y las horas los riesgos de una explosión social disminuyen. Se registraron hechos así el primer día, se vio con el Daka de Valencia y otros conatos en otras tiendas, pero luego se normalizó”, indicó.

Barrios aseguró que la gente salió de esa manera a las calles porque tiene el dinero para comprar los productos, así lo hagan con la intención de revenderlos. Aclaró que puede tratarse de una bonanza circunstancial por las utilidades de fin de año.