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Tres días de una audiencia sobre un “juicio político”

Lilian Tintori se quejó por segundo día consecutivo del despliegue militar excesivo en las inmediaciones del Palacio de Justicia | Foto Cortesía Voluntad Popular

Lilian Tintori se quejó del despliegue militar excesivo en las inmediaciones del Palacio de Justicia | Foto Cortesía Voluntad Popular

Un informe semiológico, de 120 páginas, es la clave de la Fiscalía general para juzgar a López

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El sol cae. La agente de PNB suda; lleva 6 horas allí, de pie, con 20 kilos de indumentaria, que le sirve de protección. ¡No sonrie! Tampoco, en el Palacio de Justicia hay sonrisas. Los abogados de Leopoldo López entran afanados; llevan carpetas y argumentos para desmontar el expediente del Ministerio Público.

La audiencia, en la cual sólo debe decidir sí hay elementos para iniciar el juicio, ha durado un promedio de 10 horas porque, en la primera tanda, la juez del Tribunal 16 de Control Adriana López, escuchó a los representantes de la Fiscalía, quienes el pasado martes hablaron 5 horas.

Los fiscales se distribuyeron el trabajo; al primero, le tocó hacer una introducción, mientras el resto expuso los delitos, las experticias encontradas y, finalmente, el por qué López debía ser juzgado por 4 delitos, junto a 4 estudiantes, pero sin el beneficio procesal de la libertad condicional.
 
¿Las pruebas?: Tres discursos del dirigente de Voluntad Popular y los mensajes en la cuenta de Twitter @leopoldolopez, en los cuales, critica al gobierno, propone “la salida” de Nicolás Maduro por considerar que la administración es pésima y que su permanencia sólo afectaría la democracia y el futuro del país.

Un informe, de 120 páginas, elaborado por un ex funcionario del MINCI, experto en semiología, es la clave del proceso. El técnico argumenta que las palabras de López incitaban al derrocamiento del gobierno, aunque no hay mención directa a ese plan, ni cómo se concretaría. “Interpretó lo que quería decir López; no lo que dicen las palabras”, señaló uno de los abogado del ex alcalde de Chacao.

La defensa es colectiva; los abogados hablan por los jóvenes. Aducen ante la jueza que no procede el delito de asociación para delinquir porque López no conocía a los estudiantes, ni éstos a él, como para ponerse de acuerdo: salir a protestar, a marchar y llegar a la Fiscalía y reaccionar en forma vandálica. La jueza toma apuntes. Los fiscales se ríen y la magistrada les exige seriedad. “Oigan a las partes, como lo hicieron ellos”, les dice.

La probalibidad de que López sea juzgado en libertad es calculada en “1%” por los abogados. Los años de experiencia y la persona en el estrado, un opositor radical al gobierno, les indican una cosa: “¡Este es un juicio político y el derecho no prospera! La orden no viene del Poder Judicial, sino de Miraflores”. Las esperanzas, sin embargo, se mantienen.

A pesar de las maratónicas sesiones, los defensores desmontan el expediente de la Fiscalía y apelan a que se imponga la verdad o, al menos, la “sensatez”.

En los pasillos, la angustia está presente. Lilian Tintori, la madre de López y su hermana permanecen en vigilia, pues, no se le permite ingreso a la sala del Tribunal 16 de Control. Durante tres días han rezado, han denunciado el abuso del poder por parte del gobierno que, no sólo ordenó custodiar de manera permanente a López, sino que reforzó las medidas de seguridad en el perimetro del Palacio de Justicia, en el centro de Caracas, al punto de que los residentes de los edificios aledaños a los tribunales tienen que pedir permiso a la GNB y PNB para ingresar a sus casas. Las calles están vigiladas, al menos por estos días, dice un motorizado a la espera de un cliente.

¡Culmina otro día de la audiencia y no sale humo blanco! Todo indica que la jornada duraría unas 24 horas más. De todas maneras, en el centro de la capital todo transcurre sin problemas; no se han movilizado los estudiantes, no hay protestas, como temía el poder, aunque los seguidores de López van graneados; preguntan por el estado del “juicio” y le envía bendiciones.

En el otro extremo, los oficialistas están en la plaza Diego Ibarra y sólo esperan el anuncio. “¡Ese hombre queda preso!”, dicen mientras la alcaldía de Libertador y el Ministerio de las Comunas preparan un acto sobre el poder popular en una especie de “poliedrito”, instalado en el medio de la plazoleta.

En el otro lado, los comensales de un restaurant chino hacen chistes si López y la jueza no irán pedir unas lumpias.

¡Es otro día de audiencia! Es otro día de espera.