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Hernán Larraín: “Un gobierno que no respeta al Parlamento debilita la democracia”

Hernan Larraín | RAUL ROMERO

Hernan Larraín | RAUL ROMERO

Considera ofensivas las acusaciones del canciller venezolano Elías Jaua, que llamó fascistas a quienes se reunieron en Santiago con el líder opositor Henrique Capriles

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Al senador Hernán Larraín, de la Unión Demócrata Independiente de Chile, no tienen que contarle que la aerolínea en la que viajó Henrique Capriles de Perú a Venezuela la semana pasada afrontó represalias al aterrizar en Maiquetía.

“El vuelo salió de Santiago con escala en Lima. Coincidí en el avión con él. Al aterrizar en Venezuela hicieron que el avión se estacionara lejísimo del terminal y nos buscaron en autobuses pasado un rato; insólito”, relata.

Su partido integra junto con Renovación Nacional (tolda de Augusto Pinochet) la alianza de derecha que llevó a Sebastián Piñera al poder en 2010. Sin embargo, tanto en el foro que lo trajo a Caracas por unas horas, como en la entrevista se deslinda de la dictadura militar.

“Hasta 1991 formé parte del mundo académico. Sólo tras la muerte de mi amigo Jaime Guzmán, fundador de la UDI, me incorporé a la vida política. La UDI es posterior al gobierno militar que terminó con el plebiscito de 1988. El de Pinochet fue un período sumamente doloroso, lleno de hechos injustificables como las violaciones de los derechos humanos que lamentablemente fueron muchas y muy brutales”, dice.

—¿Cuál es el papel de los Parlamentos en el mantenimiento de la democracia interna?

—Son esenciales. En una democracia contemporánea el papel del Parlamento es irreemplazable porque ahí se hace carne la expresión de la democracia. Mientras el Ejecutivo sólo representa a la mayoría que ganó, en el Legislativo hace vida todo el espectro político de un país: mayorías y minorías. El lugar institucional de la oposición en una democracia es el Congreso. Un gobierno que no respete ni entienda la responsabilidad política de un Parlamento está llamado a debilitar la democracia.

—¿Cuál es el papel de los Parlamentos en el contexto latinoamericano?

—Es un debate complejo porque existe el principio de autonomía y no intervención. Lo natural es que no haya interferencia, pero incluso eso tiene un límite en la cláusula democrática de la OEA y de la Unasur. Los Parlamentos no sólo se solidarizan con los vecinos cuando hay un golpe de Estado, sino también tienen la responsabilidad de encender las luces amarillas cuando empiezan a ver signos de quiebre democrático o de cercenamiento de las libertades.

—¿Desde que usted es senador se ha vetado alguna vez a la oposición?

—Jamás. Jamás. El Gobierno jamás se atrevería a interferir en los asuntos internos del Congreso, y si la directiva limitara los derechos reglamentarios de los parlamentarios sería censurada antes de que terminara de hablar. Sería contrario al funcionamiento interno mantenido por décadas bajo los regímenes más diversos y con las mayorías políticas más distintas. Siempre hay un respeto por los derechos de la oposición.

—¿Cómo interpreta el veto impuesto a la oposición en el Parlamento venezolano entre abril y mayo?

—Como una anulación al menos temporal del Parlamento. Los gobiernos democráticos se caracterizan porque respetan a la minoría; son los gobiernos autoritarios los que no quieren tener oposición. El de Pinochet no era democrático; por eso no hubo Congreso.

—¿Esa anulación temporal es una señal de qué?

—En Venezuela hay una confusión: por tratar de mantener una línea ideológica se incurre en una política excluyente de la opinión de la minoría. Los países no los construyen las mayorías, los construyen todos respetando los veredictos democráticos. Creo que el veto fue una señal de exclusión muy peligrosa porque se aparta del espíritu de una democracia. Las democracias buscan incluir a todos con sus respectivos pesos y no excluir.

—¿Cual es la importancia de la inmunidad parlamentaria para la democracia y qué riesgo se corre cuando pierde su carácter institucional?

—Cuando se pierde ese fuero los parlamentarios quedan indefensos para opinar con respecto a las gestiones del gobierno. Es una señal de debilitamiento de la democracia.

—¿Qué importancia y qué impacto tuvo la visita de Henrique Capriles a Chile?

—La visita fue importante porque planteó lo relativo al compromiso de Unasur para asegurar el recuento de los votos, un compromiso que no se ha cumplido. Él tiene todo el derecho de pedir a los signatarios que velen por ese acuerdo; más en el caso chileno, cuando el Senado ha exhortado por unanimidad a que se cumpla el acuerdo de Unasur.

—El Gobierno venezolano tildó a su partido de conspirador y fascista por haberse reunido con Capriles. ¿Qué responde?

—Me parece que la acusación del canciller Elías Jaua es extremadamente ofensiva. Lo que hubo fue una reunión de un demócrata como es Henrique Capriles, gobernador elegido por los ciudadanos del estado Miranda, con senadores y diputados elegidos por los ciudadanos chilenos. Ese diálogo entre demócratas no puede ser desacreditado gratuitamente sin ninguna justificación. Yo pregunto: ¿de quién es la actitud fascista, de los demócratas que se reúnen en un contexto democrático o de la autoridad que desconoce el derecho de los demócratas de conversar? ¿Quién es el fascista?