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El 12-F dejó su huella en la ciudad

Hoy se cumple un año  de que en el país comenzó una jornada de manifestaciones que se extendió por 100 días

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Honorio Ramos preferiría no recordar lo que se vivió en Candelaria el 12 de febrero del año pasado, pero un mural en la esquina de Tracabordo se lo impide. Es empleado de un comercio en la zona y para llegar a su trabajo debe pasar por el lugar en que asesinaron a Bassil Da Costa; la primera persona en morir al finalizar la marcha convocada para conmemorar el Día de la Juventud y rechazar la escasez de productos, la inseguridad y la corrupción. 

La pared insta a no olvidar a Da Costa ni a los otros dos fallecidos en esa parroquia: Juan Montoya y José Alejandro Márquez. “Aquí vienen a rendirles homenaje. Esas muertes serán una marca para toda la vida”, afirmó Ramos.

Pero no todos en Candelaria están de acuerdo. Cilia Oliveira, quien trabaja en la zona, afirmó que “ya no le ponen flores porque había gente que las quitaba y la silueta que estaba dibujada en el piso donde él cayó también la borraron”.

La muerte de Da Costa, Montoya y Robert Redman desencadenó una ola de protestas que se extendió por tres meses. A un año, los muros de Libertador y Chacao continúan dando testimonio de lo que allí se vivió.

En la avenida Guaicaipuro de Chacao una pared reclama: “Escasez de justicia. Impunidad en abundancia” y enumera a los más de 40 fallecidos en esos 100 días. Otra inscripción agrega: “Leopoldo, esta lucha es por ti”.

Al sur de la plaza Francia en Altamira, el terreno propiedad de la CAF fue cercado; esta vez con paredes metálicas, pues el muro de concreto fue utilizado por los manifestantes para obtener las piedras necesarias que les permitieran enfrentarse a la GNB. Allí también hay una pancarta que exige la libertad del dirigente de Voluntad Popular, detenido por haber promovido “La Salida”. Otra pintura en la cerca de la CAF pide la libertad de quienes siguen detenidos por su participación en las manifestaciones. Un robocop dibujado en el muro hace una amenaza: “Vengo por los criminales”.

La   torre  Británica aún no se recupera de los días de enfrentamiento diario entre policías antimotín y manifestantes tratando de conquistar la autopista Francisco Fajardo. Aún tiene algunos ventanales cubiertos con plástico y en lugar de vidrio pusieron ladrillos para no quedar expuestos a la calle.

En la plaza Francia aseguran que la protesta no se detuvo. “La sensación es que hay una tensa calma”, afirmó David Rodríguez, joven que permanece en resistencia, replegados bajo el Obelisco, al que colocaron tiras con los colores de la bandera.

Las rutas de Metrobús que se dirigen al sureste retomaron la normalidad, pero a todo el que la aborda se le informa en un cartel la versión oficial de los meses de protesta: “Unidad dañada por el fascismo y recuperada por la revolución”.

José Vásquez asegura que lo que se vivió en ese municipio fue una guerra:

“Valió la pena, aunque no se logró el objetivo”.

Otros vecinos de Chacao dicen que aún pagan las consecuencias de las protestas con las fallas continuas en el suministro de agua. En la avenida Úslar Pietri se hizo constante la presencia de policías con equipos antimotines, custodian cada cuadra.

En la plaza Bolívar de Chacao no queda rastro del campamento instalado allí durante un mes. En cambio, frente a la sede del PNUD está escrito en la acera el número de jóvenes que detuvieron al desmontar el campamento y la fecha en que ocurrió el allanamiento.