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Ni en la guerra

Un doctor relata la experiencia en la emergencia del Centro de Atención Médica Integral de la ULA el martes pasado, cuando policías de Mérida y encapuchados atacaron el lugar

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Seis pacientes estaban recluidos en la emergencia del Centro de Atención Médica Integral de la Universidad de los Andes el martes de la semana pasada cuando policías de Mérida y grupos encapuchados empezaron a atacar el lugar, contó Alonso Sánchez, médico que se encontraba de guardia en el lugar.

La razón la explica el propio especialista: “El centro queda a una cuadra del Consejo Nacional Electoral. Ese día la oposición marchaba hasta allá para pedir que se recontaran los votos. Cuando empezó el enfrentamiento, varios jóvenes se metieron en nuestras instalaciones para resguardarse y a estos otros no les importó que era un hospital y nos empezaron a atacar. Eso no pasa ni en las guerras”.

El propio médico fue objeto de agresiones. “Salí con las manos arriba, con un trapo blanco, con mi bata blanca puesta, para pedirles que no atacaran la emergencia y me dieron un perdigonazo en el cuello”, afirmó.

Sánchez relató que a la única recluida en el área de hospitalización, una mujer a la que se le había practicado una cesárea esa mañana, tuvieron que darle de alta poco después de la operación.

Narró que un señor que había ido para una consulta cardiológica entró en crisis y convulsionó. “Eso pasó porque después de que se cansaron de atacarnos desde afuera se metieron a la instalación. Muchos de los encapuchados estaban armados. Ese paciente se ubicó en la sala de juntas con otras personas para protegerse, y a los que estaban allí los encañonaron”, dijo.

El médico, que tiene 11 años trabajando en el referido centro, señaló que cuando decidieron evacuar a los pacientes en ambulancias, las unidades eran interceptadas por los encapuchados. “Ellos decidían quiénes podían ser trasladados. Todo eso ocurrió a la vista de policías y militares”, aseguró.

Sánchez aseveró que los representantes de la Defensoría del Pueblo se presentaron en el lugar a los seis días y que los del Ministerio Público no habían ido.

“Nos salvamos porque al final entraron seis policías de Mérida que nos dijeron que, contrario a las órdenes que tenían, no iban a permitir que acabaran con el centro”, aseveró.